Contratistas en la olla

julio 22 de 2016
La palabra contratista suena a poder, huele a dinero, sabe a champaña. Cuando nos hablan de contratistas pensamos en contratos multimillonarios, en grandes obras de infraestructura, en puentes, en andenes, en túneles, en vías, en importantes intervenciones arquitectónicas, en aeropuertos, hasta en aviones y en armamento. Se nos pasan por la cabeza los Nule y los Sarmiento y los Jaramillo y los Solarte y tantos otros apellidos que se han lucrado como contratistas toda la vida. Signo pesos y un montón de ceros a la derecha. Cifras enormes que no caben en calculadoras de bolsillo. Licitaciones. Comisiones. Influencias. Carruseles y corrupción y desfalcos recordamos cuando el tema se pone sobre la mesa. ¿Pero relacionamos a los contratistas con la inequidad? Craso error no hacerlo.
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¿Hay ratoneras en la Sociedad Protectora de Animales?

julio 21 de 2016
La primera -y única- vez que asistí a una corrida de toros fui llevado más que todo por la curiosidad: quería decidir por mí mismo si era arte, como afirman categóricamente los amantes de esa actividad ("el colmo del buen gusto" las ha llamado el periodista Antonio Caballero), o si era un acto de barbarie, como aseguran en clave fundamentalista sus detractores. Al final, pese a que pensé que me llevaría mejor con los taurófilos (y ahora caigo en cuenta de que, de alguna manera, en esta categoría cabrían los dos grupos), mi balanza se inclinó un poco más a favor de los antitaurinos (también aquí cabrían los dos bandos): me pareció un espectáculo más bien barbárico, y sentí una profunda compasión por los toros de esa tarde.
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Ya yo mandé el mail

julio 19 de 2016
No me imagino el devenir de la Batalla del Pantano de Vargas si Simón Bolívar hubiera tenido correo electrónico. Probablemente no le hubiera  dicho al venezolano Juan José Rondón: “Coronel, salve usted la patria”, quizá hubiera preferido mandarle un email. En el hipotético caso que Rondón lo hubiera leído antes del desenlace de la contienda, creo que lo habría reenviado (forward) a sus lanceros. La suerte del enfrentamiento armado estaría sellada para entonces.
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De la paz y otros peligros

julio 17 de 2016
Por Germán Arango Ulloa/ Lo he dicho y lo sostengo: la paz es peligrosa. ¿Por qué?, me preguntan, y la respuesta se encuentra ahí, a la vista, en el mismo entorno en que sobrevivimos. Lo que pasa es que quizás esté un poco refundida. En especial para los sueltos de trinos, de lengua, de motosierras, de metralletas; sueltos del estómago y de otras vísceras, y duros, en cambio, de las entendederas, de los sesos y del corazón, claro, y del alma y las criadillas. La respuesta, en cualquier caso, no está tan envolatada como la paz misma. Zurriburri.
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