No es no

febrero 07 de 2016
Por Alonso Sánchez Baute/ El crecimiento del mercado de cine porno ha sacado del underground la vida privada de sus protagonistas. James Deen es quizás uno de los más conocidos. De pasaporte británico, se trata de un joven de 30 años, sonrisa ingenua, ojos profundamente azules, 1.86 de estatura, delgadísimo y mejor dotado. Según lo retratan las publicaciones de farándula, es el tipo de muchacho al que “presentarías a tu familia con un anillo de pedida en el dedo”. Deen es idolatrado por el sector de mayor crecimiento de la industria: mujeres menores de 35 años (la Generación del Milenio). Lo aman porque, según afirman, “trata muy bien a las mujeres en todas sus películas”, es decir, lo contrario de lo que hace Nacho Vidal. Deen ha participado en más de 1.300 cintas; cobra, por una sola escena, US$200.000 (¡¡¡US$200.000 por tirar durante quince minutos!!!), y es de los pocos que ha hecho el cruce a Hollywood protagonizando una película independiente, basada en una historia de Breat Easton Ellis, al lado de Lindsay Lohan. Lohan, de hecho, fue su novia durante un buen tiempo.
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El desvelo de un desencantado

febrero 06 de 2016
Se despertó en la madrugada y se quedó mirando el techo. Fiel a su educación de ingeniero,  miró el reloj (recordó a Paul Valery: Todo el mundo puede decir la hora, pero nadie puede definir el tiempo); las  4 y 30 de la mañana. En su cuarto el sonido sibilante del acondicionador del aire le indicaba que las cosas parecían estar en su lugar. Lo estaban. Se había despertado en su cuarto, entre sus cosas, y sin mucha atención veía su escritorio y sus libros. Estaba solo, su familia estaba de viaje.
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Transmilenio: ¿una mierda como todo lo de Peñalosa?

febrero 05 de 2016
En "palabras" del Quijote, a Enrique Peñalosa le ladran porque cabalga. ¡Y vaya que lo hace! Porque a ver, echemos memoria, ¿recuerdan ustedes cómo era Bogotá antes de la primera alcaldía de Peñalosa? Tal vez sí, tal vez no, aunque por el termómetro de las redes sociales y los innumerables memes en contra de la gestión de este alcalde (que lleva apenas un mes en su segundo periodo, luego de porfiar en varias oportunidades), yo me atrevería a decir que no, que se les olvidó, que conveniente y sospechosamente eso fue borrado del casete de la memoria capitalina en donde a duras penas de Peñalosa quedaron guardadas, y tal parece que para siempre, sólo críticas relacionadas con bolardos, losas, relleno fluido y tramullos jamás probados. Y no es que yo tenga memoria de elefante, no, ¡qué va!, pero a mí sí no se me olvida cómo era la Bogotá que me tocó padecer cuando aterricé en El Dorado en enero de 1994, con apenas diecisiete años.
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El beso de la mujer del turbante

febrero 04 de 2016
En uno de esos pasones que doy por las redes sociales antes de dormir, por poco no se me cayó el celular de las manos cuando vi a Piedad Córdoba -sí, Piedad Córdoba- dándole un beso, en medio de un ambiente bastante cordial, a Álvaro Uribe Vélez -sí, Álvaro Uribe Vélez-. Quedé sorprendido, no lo niego. Pero también quedé feliz. De hecho más feliz que sorprendido, si quieren total sinceridad de mi parte. Y de inmediato recordé aquella novela del argentino Manuel Puig, llevada después a la pantalla por Héctor Babenco, titulada El beso de la mujer araña.
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Cuidado con el complot castro-planeto-chavista

enero 28 de 2016
Soy muy mal televidente, así que no suelo ver noticieros. Después de ver una emisión de alguno de ellos tardo mucho tiempo -meses a veces- en volver a ver otra, lo cual me facilita establecer diferencias entre sus respectivos contenidos. De las cotidianas noticias que hablaban de jóvenes de ambos bandos -ejercito y guerrilla- caídos en los campos de batalla, y de los ataques con pipetas de gas que dejaban decenas de inocentes muertos y pueblos devastados, hemos pasado a otras noticias más comunes, similares a las que muestran los noticieros de países vecinos.
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Carnaval de mis amores II

enero 23 de 2016
CRUZ: AQUELLO DE LO QUE NOS ENORGULLECEMOS. Alguna vez conversando con el Profesor Assa en la Librería Vida, me mandó a callar de forma autoritaria porque estaba sonando la mejor música del mundo, un hermoso tema de Juan Sebastián Bach que se llama Jesús es mi Alegría (BWV 227). Después de que terminó, la curiosidad me picó: -Profesor, ¿a usted le gusta la música colombiana? -No!!! –con ese énfasis que a veces ponía–. Uribe Holguin es una mala copia de Vincent D´Indy, Lo de Morales Pino son obritas y Jacqueline Nova lo único que hace es sonido de pitos. En Colombia la música clásica es una basura. -Pero Profesor, continué yo –algo le tiene que gustar, así sea la popular. Una cumbia, un vallenato, un porro. -¿Y usted cree acaso que su “vallenato” es música? -Me resisto a creer que no le guste nada. -Vea joven –y me hizo el gesto de que me acercara, como si fuera a hacerme una confidencia–. "Te olvidé, te olvidé, te olvidé... Eso sí es muy bueno y superior a las cosas que menciona. Eso sí es arte."
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James Rodríguez, el 'pelao' promedio

enero 21 de 2016
Quienes me siguen en Facebook saben de sobra que mi opinión sobre James Rodríguez nunca ha sido la mejor, y que lo que diré aquí no se basa en las circunstancias actuales. Para quienes no me siguen, o me leen hoy por primera vez sobre este tema, aclaro en qué consiste esa opinión: James para mi nunca, ni antes, ni durante, ni después del Mundial de Brasil, ni tampoco antes, ni después de ser fichado por el Real Madrid, nunca -repito- ha sido el jugador excepcional que el común de la gente cree que es, sino uno sobresaliente contadas veces y del montón el resto del tiempo.
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