Una historia repetida: Reficar

febrero 13 de 2016
Las denuncias de los sobrecostos de la construcción de la Refinería de Cartagena señaladas en los últimos días han producido diferentes reacciones en la opinión. Políticas, como la del ministro de Hacienda y el Presidente de Ecopetrol, señalando que los sobrecostos se debían a la pobre planeación de CBI, empresa encargada de la Ingeniería de detalle de la obra; o la del Presidente Santos rechazando los sobrecostos, solicitando se castigue a los responsables y señalando que los sobrecostos ocurrieron en el gobierno anterior. Ello produjo una reacción indignada del expresidente Uribe quien recordó que de los 8 años de construcción de la refinería 5 y medio   fueron durante el gobierno Santos. O la de un ex ministro que señalo que dijo que “Mal hace Santos en señalar responsabilidades del Gobierno Uribe, cuando las decisiones de inversión de Ecopetrol se llevaban a Consejo de Ministros, y él estaba ahí como Ministro de Defensa, luego como Presidente y no dijo ni mu”. También están las reacciones sociales. A la mente de los ciudadanos volvieron proyectos que terminaron siendo un descalabro para el país,  como la Hidroeléctrica de El Guavio o la Construcción del Metro de Medellín, que finalmente fueron pagados por todos los colombianos, sin que se señalara o castigara a los responsables. Una versión de “Entre todos lo mataron y él solito se murió”. Y claro, una sociedad que exige respuestas.
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Las dos orillas

febrero 12 de 2016
Barranquilla de tarde. Pleno aguacero. Un chorro cayendo de la canaleta del techo, raudo, feliz. Y yo, una niña barrigoncita en un vestido de baño enterizo azul, debajo de él, emparamada de la cabeza a los pies, con frío, dando brinquitos, gritando de alegría. En esa escena se resume lo más bello de mi infancia, el recuerdo más grato, los instantes más plenos. Podría añadirle otro “flashback" para redondear esa certeza tan arisca, tan rara vez sentida, de “tengo todo lo que necesito para ser feliz en este instante”, otra reminiscencia relacionada con la lluvia. Aconteció en la casa de mi abuelo materno en el barrio Ciudad Jardín, ya sin él, en el garaje del primer piso. Retal de mármol hasta la calle, en bajada, jabón, nosotros, los de siempre, los míos, los cuatro de toda la vida, deslizándonos una y otra vez desde el portón hasta casi tocar el arroyo que pasaba por el frente. Carcajadas. Mi hermano mayor y mi mamá abrazados luego de las lágrimas. La felicidad.
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Un tranvía llamado Álvaro Uribe

febrero 11 de 2016
Cuando el coronel Aureliano Buendía le ordenó a Gerineldo Márquez que se pusiera los zapatos y lo ayudara a terminar "con esta guerra de mierda", el narrador de Cien años de soledad comenta a continuación: "Al decirlo no imaginaba que era más fácil empezar una guerra que terminarla.". Se diría que tal observación es de una obviedad apabullante, y que sólo un hombre obsesionado con la guerra, como era el coronel, no podría llegar a tal conclusión. Sin embargo, basta echar una ojeada por las redes sociales para darse cuenta de que todavía queda en Colombia mucho Aureliano Buendía por ahí, buscando un pretexto para proclamar una nueva guerra, ahora que los fusiles están silenciados y la firma de la paz es casi un hecho.
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No es no

febrero 07 de 2016
Por Alonso Sánchez Baute/ El crecimiento del mercado de cine porno ha sacado del underground la vida privada de sus protagonistas. James Deen es quizás uno de los más conocidos. De pasaporte británico, se trata de un joven de 30 años, sonrisa ingenua, ojos profundamente azules, 1.86 de estatura, delgadísimo y mejor dotado. Según lo retratan las publicaciones de farándula, es el tipo de muchacho al que “presentarías a tu familia con un anillo de pedida en el dedo”. Deen es idolatrado por el sector de mayor crecimiento de la industria: mujeres menores de 35 años (la Generación del Milenio). Lo aman porque, según afirman, “trata muy bien a las mujeres en todas sus películas”, es decir, lo contrario de lo que hace Nacho Vidal. Deen ha participado en más de 1.300 cintas; cobra, por una sola escena, US$200.000 (¡¡¡US$200.000 por tirar durante quince minutos!!!), y es de los pocos que ha hecho el cruce a Hollywood protagonizando una película independiente, basada en una historia de Breat Easton Ellis, al lado de Lindsay Lohan. Lohan, de hecho, fue su novia durante un buen tiempo.
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El desvelo de un desencantado

febrero 06 de 2016
Se despertó en la madrugada y se quedó mirando el techo. Fiel a su educación de ingeniero,  miró el reloj (recordó a Paul Valery: Todo el mundo puede decir la hora, pero nadie puede definir el tiempo); las  4 y 30 de la mañana. En su cuarto el sonido sibilante del acondicionador del aire le indicaba que las cosas parecían estar en su lugar. Lo estaban. Se había despertado en su cuarto, entre sus cosas, y sin mucha atención veía su escritorio y sus libros. Estaba solo, su familia estaba de viaje.
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Transmilenio: ¿una mierda como todo lo de Peñalosa?

febrero 05 de 2016
En "palabras" del Quijote, a Enrique Peñalosa le ladran porque cabalga. ¡Y vaya que lo hace! Porque a ver, echemos memoria, ¿recuerdan ustedes cómo era Bogotá antes de la primera alcaldía de Peñalosa? Tal vez sí, tal vez no, aunque por el termómetro de las redes sociales y los innumerables memes en contra de la gestión de este alcalde (que lleva apenas un mes en su segundo periodo, luego de porfiar en varias oportunidades), yo me atrevería a decir que no, que se les olvidó, que conveniente y sospechosamente eso fue borrado del casete de la memoria capitalina en donde a duras penas de Peñalosa quedaron guardadas, y tal parece que para siempre, sólo críticas relacionadas con bolardos, losas, relleno fluido y tramullos jamás probados. Y no es que yo tenga memoria de elefante, no, ¡qué va!, pero a mí sí no se me olvida cómo era la Bogotá que me tocó padecer cuando aterricé en El Dorado en enero de 1994, con apenas diecisiete años.
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El beso de la mujer del turbante

febrero 04 de 2016
En uno de esos pasones que doy por las redes sociales antes de dormir, por poco no se me cayó el celular de las manos cuando vi a Piedad Córdoba -sí, Piedad Córdoba- dándole un beso, en medio de un ambiente bastante cordial, a Álvaro Uribe Vélez -sí, Álvaro Uribe Vélez-. Quedé sorprendido, no lo niego. Pero también quedé feliz. De hecho más feliz que sorprendido, si quieren total sinceridad de mi parte. Y de inmediato recordé aquella novela del argentino Manuel Puig, llevada después a la pantalla por Héctor Babenco, titulada El beso de la mujer araña.
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Cuidado con el complot castro-planeto-chavista

enero 28 de 2016
Soy muy mal televidente, así que no suelo ver noticieros. Después de ver una emisión de alguno de ellos tardo mucho tiempo -meses a veces- en volver a ver otra, lo cual me facilita establecer diferencias entre sus respectivos contenidos. De las cotidianas noticias que hablaban de jóvenes de ambos bandos -ejercito y guerrilla- caídos en los campos de batalla, y de los ataques con pipetas de gas que dejaban decenas de inocentes muertos y pueblos devastados, hemos pasado a otras noticias más comunes, similares a las que muestran los noticieros de países vecinos.
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