Carnaval de mis amores II

enero 23 de 2016
CRUZ: AQUELLO DE LO QUE NOS ENORGULLECEMOS. Alguna vez conversando con el Profesor Assa en la Librería Vida, me mandó a callar de forma autoritaria porque estaba sonando la mejor música del mundo, un hermoso tema de Juan Sebastián Bach que se llama Jesús es mi Alegría (BWV 227). Después de que terminó, la curiosidad me picó: -Profesor, ¿a usted le gusta la música colombiana? -No!!! –con ese énfasis que a veces ponía–. Uribe Holguin es una mala copia de Vincent D´Indy, Lo de Morales Pino son obritas y Jacqueline Nova lo único que hace es sonido de pitos. En Colombia la música clásica es una basura. -Pero Profesor, continué yo –algo le tiene que gustar, así sea la popular. Una cumbia, un vallenato, un porro. -¿Y usted cree acaso que su “vallenato” es música? -Me resisto a creer que no le guste nada. -Vea joven –y me hizo el gesto de que me acercara, como si fuera a hacerme una confidencia–. "Te olvidé, te olvidé, te olvidé... Eso sí es muy bueno y superior a las cosas que menciona. Eso sí es arte."
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James Rodríguez, el 'pelao' promedio

enero 21 de 2016
Quienes me siguen en Facebook saben de sobra que mi opinión sobre James Rodríguez nunca ha sido la mejor, y que lo que diré aquí no se basa en las circunstancias actuales. Para quienes no me siguen, o me leen hoy por primera vez sobre este tema, aclaro en qué consiste esa opinión: James para mi nunca, ni antes, ni durante, ni después del Mundial de Brasil, ni tampoco antes, ni después de ser fichado por el Real Madrid, nunca -repito- ha sido el jugador excepcional que el común de la gente cree que es, sino uno sobresaliente contadas veces y del montón el resto del tiempo.
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La venta de Isagén o el socialismo colombiano del siglo XXI

enero 14 de 2016
Se cae la estantería chavista en Venezuela y, mientras eso ocurre, aflora en Colombia una curiosa modalidad de socialismo. Una que agrupa a variopintas multitudes que van desde alias 'Joaquín Gómez', quien dio a conocer hace un par de días la posición de las Farc en contra la venta de Isagén, pasan por los sindicalistas de esa empresa, amotinados en una manifestación el mismo día de su venta -para evitarla-, pasan también por el senador Robledo del Polo Democrático, que ha señalado hasta la saciedad la traición a la patria de Santos al querer vender la empresa energética, pasan incluso por los liberales que, encabezados por la funesta senadora Morales, amenazaron con retirarse de la Unidad Nacional si se llevaba a cabo el negocio, y terminan en…sí, créase o no, terminan en los "camaradas" del Centro Democrático, quienes a través de trinos y declaraciones cantinflescas, como las de Paloma Valencia, no han hecho sino azuzar desde hace meses al "pueblo" colombiano, como cualquier Hugo Chávez, para evitar que imperialistas tiburones de los negocios internacionales compren y privaticen la porción estatal de la empresa.
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Mi indignación mínima por el aumento del salario mínimo

enero 07 de 2016
Confieso que no me cuento entre los indignados que este año pusieron el grito en el cielo por el -a todas luces- exiguo aumento del salario mínimo en Colombia. Pero además, ya entrados en gastos, debo aclarar que tampoco me cuento entre los indignados que, por el mismo motivo, se rasgaron las vestiduras el año pasado. Ni tampoco el anterior. Ni…bueno: ni ninguno de -quizás- los 30 años anteriores. ¿La razón? Fácil: desde que tengo uso de razón económica -o, dicho de otra manera, desde que manejo con relativa propiedad el concepto de salario mínimo y las implicaciones que éste tiene para tantas personas- vengo oyendo lo mismo. Y a la tercera o cuarta vez que lo oí supe que algo había detrás de todo ese consuetudinario y predecible alboroto anual.
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Wild South

enero 06 de 2016
Llevar un arma al cinto, a la vista de todo el mundo, es un alarde, una advertencia y un recordatorio. El portador se exhibe como alguien superior, capacitado para decidir el destino de los otros, según su criterio, su estado de ánimo o los niveles de adrenalina en su sangre; asume su papel de perro bravo que destrozará sin vacilaciones a cualquiera que se atreva a contrariarlo; reafirma la atávica noción de que cada ser humano es un asesino en potencia.
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