Nostalgia de Poncho

febrero 14 de 2016
Eran tiempos de dormir atrincherado en el sofá. Me encontraba perennemente amenazado por convivencia y, con una frecuencia inusitada, se me advertía que me iba a quedar solo, solito; mi tabla de salvación era aceptar las condiciones de un armisticio desventajoso más parecido a una renuncia a la vida, un sometimiento a esclavitud. Día tras día, y no a lo Cepeda, la madre de mis dos hijos mayores me decía que iba a coger otro camino, que ya no me aguantaba más; no pido absolución: en esos días no me soportaba ni yo mismo. Un día de lucidez y valentía, seguramente en temple, al escuchar la advertencia de abandono, la sangre guajira de mis ancestros pronunció aquellas palabras del gran Poncho Cotes Jr.: “¡Que sea seguro!". Se equivocó, grabada por los Hermanos Zuleta, fue la banda sonora del proceso de separación de mi primer matrimonio.
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Una historia repetida: Reficar

febrero 13 de 2016
Las denuncias de los sobrecostos de la construcción de la Refinería de Cartagena señaladas en los últimos días han producido diferentes reacciones en la opinión. Políticas, como la del ministro de Hacienda y el Presidente de Ecopetrol, señalando que los sobrecostos se debían a la pobre planeación de CBI, empresa encargada de la Ingeniería de detalle de la obra; o la del Presidente Santos rechazando los sobrecostos, solicitando se castigue a los responsables y señalando que los sobrecostos ocurrieron en el gobierno anterior. Ello produjo una reacción indignada del expresidente Uribe quien recordó que de los 8 años de construcción de la refinería 5 y medio   fueron durante el gobierno Santos. O la de un ex ministro que señalo que dijo que “Mal hace Santos en señalar responsabilidades del Gobierno Uribe, cuando las decisiones de inversión de Ecopetrol se llevaban a Consejo de Ministros, y él estaba ahí como Ministro de Defensa, luego como Presidente y no dijo ni mu”. También están las reacciones sociales. A la mente de los ciudadanos volvieron proyectos que terminaron siendo un descalabro para el país,  como la Hidroeléctrica de El Guavio o la Construcción del Metro de Medellín, que finalmente fueron pagados por todos los colombianos, sin que se señalara o castigara a los responsables. Una versión de “Entre todos lo mataron y él solito se murió”. Y claro, una sociedad que exige respuestas.
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Las dos orillas

febrero 13 de 2016
Barranquilla de tarde. Pleno aguacero. Un chorro cayendo de la canaleta del techo, raudo, feliz. Y yo, una niña barrigoncita en un vestido de baño enterizo azul, debajo de él, emparamada de la cabeza a los pies, con frío, dando brinquitos, gritando de alegría. En esa escena se resume lo más bello de mi infancia, el recuerdo más grato, los instantes más plenos. Podría añadirle otro “flashback" para redondear esa certeza tan arisca, tan rara vez sentida, de “tengo todo lo que necesito para ser feliz en este instante”, otra reminiscencia relacionada con la lluvia. Aconteció en la casa de mi abuelo materno en el barrio Ciudad Jardín, ya sin él, en el garaje del primer piso. Retal de mármol hasta la calle, en bajada, jabón, nosotros, los de siempre, los míos, los cuatro de toda la vida, deslizándonos una y otra vez desde el portón hasta casi tocar el arroyo que pasaba por el frente. Carcajadas. Mi hermano mayor y mi mamá abrazados luego de las lágrimas. La felicidad.
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Un tranvía llamado Álvaro Uribe

febrero 11 de 2016
Cuando el coronel Aureliano Buendía le ordenó a Gerineldo Márquez que se pusiera los zapatos y lo ayudara a terminar "con esta guerra de mierda", el narrador de Cien años de soledad comenta a continuación: "Al decirlo no imaginaba que era más fácil empezar una guerra que terminarla.". Se diría que tal observación es de una obviedad apabullante, y que sólo un hombre obsesionado con la guerra, como era el coronel, no podría llegar a tal conclusión. Sin embargo, basta echar una ojeada por las redes sociales para darse cuenta de que todavía queda en Colombia mucho Aureliano Buendía por ahí, buscando un pretexto para proclamar una nueva guerra, ahora que los fusiles están silenciados y la firma de la paz es casi un hecho.
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El desvelo de un desencantado

febrero 06 de 2016
Se despertó en la madrugada y se quedó mirando el techo. Fiel a su educación de ingeniero,  miró el reloj (recordó a Paul Valery: Todo el mundo puede decir la hora, pero nadie puede definir el tiempo); las  4 y 30 de la mañana. En su cuarto el sonido sibilante del acondicionador del aire le indicaba que las cosas parecían estar en su lugar. Lo estaban. Se había despertado en su cuarto, entre sus cosas, y sin mucha atención veía su escritorio y sus libros. Estaba solo, su familia estaba de viaje.
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Transmilenio: ¿una mierda como todo lo de Peñalosa?

febrero 05 de 2016
En "palabras" del Quijote, a Enrique Peñalosa le ladran porque cabalga. ¡Y vaya que lo hace! Porque a ver, echemos memoria, ¿recuerdan ustedes cómo era Bogotá antes de la primera alcaldía de Peñalosa? Tal vez sí, tal vez no, aunque por el termómetro de las redes sociales y los innumerables memes en contra de la gestión de este alcalde (que lleva apenas un mes en su segundo periodo, luego de porfiar en varias oportunidades), yo me atrevería a decir que no, que se les olvidó, que conveniente y sospechosamente eso fue borrado del casete de la memoria capitalina en donde a duras penas de Peñalosa quedaron guardadas, y tal parece que para siempre, sólo críticas relacionadas con bolardos, losas, relleno fluido y tramullos jamás probados. Y no es que yo tenga memoria de elefante, no, ¡qué va!, pero a mí sí no se me olvida cómo era la Bogotá que me tocó padecer cuando aterricé en El Dorado en enero de 1994, con apenas diecisiete años.
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El beso de la mujer del turbante

febrero 04 de 2016
En uno de esos pasones que doy por las redes sociales antes de dormir, por poco no se me cayó el celular de las manos cuando vi a Piedad Córdoba -sí, Piedad Córdoba- dándole un beso, en medio de un ambiente bastante cordial, a Álvaro Uribe Vélez -sí, Álvaro Uribe Vélez-. Quedé sorprendido, no lo niego. Pero también quedé feliz. De hecho más feliz que sorprendido, si quieren total sinceridad de mi parte. Y de inmediato recordé aquella novela del argentino Manuel Puig, llevada después a la pantalla por Héctor Babenco, titulada El beso de la mujer araña.
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Cuidado con el complot castro-planeto-chavista

enero 28 de 2016
Soy muy mal televidente, así que no suelo ver noticieros. Después de ver una emisión de alguno de ellos tardo mucho tiempo -meses a veces- en volver a ver otra, lo cual me facilita establecer diferencias entre sus respectivos contenidos. De las cotidianas noticias que hablaban de jóvenes de ambos bandos -ejercito y guerrilla- caídos en los campos de batalla, y de los ataques con pipetas de gas que dejaban decenas de inocentes muertos y pueblos devastados, hemos pasado a otras noticias más comunes, similares a las que muestran los noticieros de países vecinos.
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Carnaval de mis amores II

enero 23 de 2016
CRUZ: AQUELLO DE LO QUE NOS ENORGULLECEMOS. Alguna vez conversando con el Profesor Assa en la Librería Vida, me mandó a callar de forma autoritaria porque estaba sonando la mejor música del mundo, un hermoso tema de Juan Sebastián Bach que se llama Jesús es mi Alegría (BWV 227). Después de que terminó, la curiosidad me picó: -Profesor, ¿a usted le gusta la música colombiana? -No!!! –con ese énfasis que a veces ponía–. Uribe Holguin es una mala copia de Vincent D´Indy, Lo de Morales Pino son obritas y Jacqueline Nova lo único que hace es sonido de pitos. En Colombia la música clásica es una basura. -Pero Profesor, continué yo –algo le tiene que gustar, así sea la popular. Una cumbia, un vallenato, un porro. -¿Y usted cree acaso que su “vallenato” es música? -Me resisto a creer que no le guste nada. -Vea joven –y me hizo el gesto de que me acercara, como si fuera a hacerme una confidencia–. "Te olvidé, te olvidé, te olvidé... Eso sí es muy bueno y superior a las cosas que menciona. Eso sí es arte."
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