Tirapiedras del siglo XXI

octubre 07 de 2015
Tendido en la lona, vencido, yace una nueva víctima de los indignados de escritorio. Esta vez se trata del médico Juan Pablo Riveros, especialista en gastroenterología, hepatología y nutrición pediátrica. Su cara, su nombre, se regaron como pólvora en medios de comunicación y en redes sociales en días pasados, cuando una madre con dotes de videógrafa hizo público un video grabado con su celular en Bogotá, en la Clínica Infantil Colsubsidio, en el cual el médico en cuestión explica las razones por las cuales no podía atender a su hijo en el momento en el que ella se lo exigía. Noticias Caracol fue el primer medio en hacerle eco a lo ocurrido, titulando: “Por llegar 10 minutos tarde, médico no atendió a niño que esperó cita año y medio.” Y ello fue suficiente para que la horda de indignados de Twitter y de Facebook y de otros medios virtuales que replicaron la nota, destrozaran -comentario va, comentario viene-, la reputación, la dignidad, la ética, el buen nombre, el derecho al secreto profesional y hasta la vocación como galeno del doctor Riveros.
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Centenaristas

octubre 02 de 2015
El lingüista Noam Chomsky es uno de los favoritos de las redes sociales, por sus opiniones y sus frases elocuentes casi perfectas, que nos llegan cada tanto, denunciando el capitalismo, el papel de los EE UU en el mundo, la inmigración a Europa, la política americana, Israel, la falta de compasión y solidaridad que reina en el mundo, la indolencia de las sociedades desarrolladas y un largo etcétera. Frases, que dichas o no por él, son casi que irreprochables, y que los bien pensantes de internet repiten como loros. Sin embargo, unos pocos critican esta actitud. Tal vez uno de sus más conocidos adversarios fue el fallecido Christopher Hitchens, quien señalaba que Chomsky había preferido conservar su superioridad moral en vez de actuar o al menos tomar partido por mejorar al mundo. Y no es que Hitchens fuera un adversario ideológico extremo de Chomsky, bien conocido era su ateísmo y su ideología liberal. De hecho Hitchens era seguidor de la vieja idea sartriana del escritor comprometido con su tiempo. En su autobiografía Hitch 22 relata cómo en un viaje a Irak se montó en un jeep con unos kurdos que tenían en el espejo unas fotos de los dos George Bush, y al preguntarles el porqué le respondieron: “Si no es por la decisión de estos hombres nosotros no seriamos libres”. Algo en contravía de la opinión mundial aún hoy predominante.
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Cara de póker

octubre 01 de 2015
Cuando el miércoles pasado en La Habana se estrecharon las manos Juan Manuel Santos y Timochenko, nadie en Colombia pudo ocultar sus verdaderas emociones: algunos estuvimos algo eufóricos (tal vez exagerada y prematuramente); otros, indignados. O al menos eso mostraban nuestras redes sociales. En las pantallas ocurría algo similar: Uribe enrojecía de furia, Timochenko sonreía un poco. Hasta a Raúl Castro, que ni siquiera es colombiano, se le veía satisfecho. La única excepción fue el presidente Santos, a quien durante todo el asunto se le vio completamente inexpresivo.
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Lo que guardan mis gavetas

septiembre 30 de 2015
Si muero pronto sin poder publicar ningún libro sin ver la cara que tienen mis versos en letras de molde ruego, si se afligen a causa de esto que no se aflijan. Si ocurre, era lo justo. Fernando Pessoa Antes de salir del closet les diré qué tuvo que pasar para que hoy, 29 de septiembre de 2015, a las tres y media de la tarde, esté sentada en mi cuarto redactando lo que parece un testamento. Yo no estaba grabando ningún desafío cuando la cubeta de hielo me cayó en la cabeza, no. Estaba leyendo la última columna de Héctor Abad Faciolince en El Espectador a raíz de la reciente muerte de Carmen Balcells, la mítica agente literaria del boom latinoamericano, cuando ¡soácata!, lo que parecía un homenaje de despedida para una mujer inmensa que dignificó la escritura en nuestra lengua, se convirtió de repente en un chubasco que me dejó toda emparamada.
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PPP

septiembre 25 de 2015
El 2 de Noviembre de 1975, un joven de 17 años llamado Pino Pelosi fue invitado por un individuo cincuentón de gafas oscuras a subir al vehículo que éste conducía, y se dirigieron a una playa solitaria de Ostia, en las Cercanías de Roma. Lo que siguió a continuación ha sido objeto de especulaciones, investigaciones periodísticas y policiales, rumores de conspiración, y extravagantes teorías de complot. Lo único cierto es que al final, el hombre de 53 años estaba muerto después de una brutal golpiza y de ser arrollado varias veces por su propio vehículo. La investigación policial que siguió señaló la responsabilidad única de Pelosi en el crimen, quien ante la propuesta del cincuentón de mantener relaciones sexuales con él, reaccionó con furia matando al que era posiblemente uno de los más grandes intelectuales italianos de la Posguerra: Pier Paolo Pasolini.
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¿Quién le teme a la paz?

septiembre 24 de 2015
Escribo esto a pocas horas de que -según las últimas noticias- el presidente Santos se reúna con Timochenko en La Habana, presuntamente para explicar los alcances de la justicia transicional y anunciar la fecha de la firma definitiva de los acuerdos de paz. Aún consciente de que una firma en un papel no significa nada, y de que, como siempre ocurre cuando finaliza un conflicto de esta naturaleza, vendrá un coletazo de la guerra, ya moribunda, y un recrudecimiento de la violencia por cuenta de las bandas delincuenciales que conformarán los inevitables elementos que renuncien a reincorporarse a la vida civil, aún consciente de todo eso, digo, la sola posibilidad de que pudiesen ser ciertas las noticias me produjo una extraña sensación de irrealidad.
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Cacho contento

septiembre 23 de 2015
¿Qué cuernos pasó para que el cuerno, otrora insignia de prosperidad, abundancia y poder, se convirtiera en el símbolo por excelencia de la traición marital? Nada más democrático y universal que los cuernos. Desde Lady Di hasta al más anónimo de los mortales los han padecido. De ellos es difícil salvarse. ¿Quién le va a meter cachos a un mujerononón como Beyoncé? La respuesta debería ser nadie, ¡pero qué va! Hasta a ella su marido, un tipo bastante feíto, le pegó cachos. Y unos bien grandes. Así que la vaina es pelicruspeda, pues ni siendo diva o divo hay manera de librarse de la cornamenta.
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Tocarruncho Lucumí Whelpley

septiembre 18 de 2015
Hace algunos días, un colega me preguntó si conocía una empresa llamada Global Engineering Modal Services, GEMS, con domicilio en Barranquilla y sucursal en Panamá. Dije que no, pero al revisar la página web, que contenía mucha información pero poco trabajo, lo que encontré fue una empresa con la que había trabajado. De tal manera que llame a un conocido allá quien, sin mayores preámbulos me confirmó: “Ah, eso es un patio de mecánica en el Barrio Abajo de dos jóvenes técnicos en metalistería. Ellos son más metalmecánicos y trabajan bien”. Así que, recordando el personaje del Flecha de David Sanchez Juliao, pensé, “tronco de nombre largo para dos aulas”.
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Dios mío, ¿adónde vamos a llegar?

septiembre 18 de 2015
Casi desde que tengo uso de razón vengo oyendo frases prefabricadas, más o menos iguales, cuyo fondo es el mismo: que adónde vamos a llegar, que la pérdida de valores es la causa de que el mundo esté así, que qué tiempos aciagos los que vivimos. E invariablemente los culpables de la supuesta antesala de ese apocalipsis cada vez más cercano suelen ser personas más jóvenes que quienes emiten esas frases.
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Divino descanso

septiembre 16 de 2015
“Ustedes trabajan poco, se la pasan de festivo en festivo y de fiesta en fiesta”, me dijo con vehemencia y un dejo de envidia el mexicano al que media hora antes ni conocía. La charla, que se dio en un apartamento de colombianos en La Florida, Estados Unidos, llegó hasta ahí. Opté por callar y cambiar de tema, por morderme la lengua. En últimas eso es lo que hago cada que vez que en el interior del país, en donde no entienden por qué en Barranquilla todo está cerrado al medio día, me echan en cara, y con bastante frecuencia, la supuesta flojera del costeño. Ponerme a pelear con quien no entiende ni entenderá qué implica para el cuerpo de un ser humano laborar ocho horas seguidas sin parar en un clima infernal, es, por decir lo menos, inútil. Ese día, en todo caso, me sirvió para ver cómo nos ven algunos desde afuera: ¡como unos perfectos flojos!
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