Mirando al sudeste

febrero 23 de 2017
Los años que siguieron al fin de la dictadura militar significaron para el cine argentino un momento en el que los realizadores pudieron expresar con libertad los temas y preocupaciones sociales que tenían. Algunas de esas preocupaciones fueron el exilio, tanto interior como exterior, en títulos como Tangos, El exilio de Gardel o Sur de Fernando Solanas, Plata Dulce y Pasajeros de una pesadilla de Fernando Ayala; la crueldad de la represión con títulos como la premiada Historia Oficial de Luis Puenzo o la Noche de los lápices de Héctor Olivera; la metáfora de los años de la dictadura en Darse cuenta, de Alejandro Doria.
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¿Claudia López presidente?

febrero 23 de 2017
Si las elecciones se llevasen a cabo en mi cuenta de Facebook, Claudia López -que se lanzó al ruedo presidencial antes de ayer- ganaría la contienda en la primera vuelta. Pero desgraciadamente, y pese a que yo agrego a mi lista de amigos a cualquiera que lo solicite, para así ampliar el radio de acción del debate -que es lo que a mí, en últimas, me interesa-, la mayor parte de mis contactos comparte gran parte de las ideas que intento afirmar a través de mis posts de carácter político: ideas liberales, inclusivas, pacifistas y tolerantes. Cosas del algoritmo que controla esa red social, según he leído por ahí. Pero -otra vez por desgracia- Colombia no es así.
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Posverdad

febrero 23 de 2017
En los medios académicos internacionales dedicados a los estudios sociales y la política la palabra de moda es Posverdad (Post-Truth). De hecho, el diccionario Oxford la señaló como la palabra en inglés del año, en gran medida para explicar fenómenos como el Brexit, la elección de Donald Trump, el avance en Polonia del partido Justicia y Libertad o, en un terreno más local, el rechazo al acuerdo de Paz con las Farc en Colombia.
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Mitónamo y borracho

febrero 23 de 2017
"Estamos hablando de una magistrada que sale con un disparate con base en las declaraciones de una persona que no estaba en sus cabales, porque nos dicen que el doctor Vélez estaba con tragos y se comporta como un mitómano”. Esas fueron las declaraciones que dio a El Espectador el senador por el Centro Democrático Ernesto Macías, refiriéndose respectivamente a la funcionaria del Consejo de Estado que admitió la demanda encaminada a invalidar los resultados del plebiscito y a Juan Carlos Vélez Uribe, gerente de la principal campaña por el No.
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Por un fútbol más justo

febrero 23 de 2017
El fútbol es humano, y como cualquier acto humano es imperfecto; no está exento de afanes desmedidos de gloria que terminan en trampas, o de simple errores arbitrales que se convierten en pesadas losas para el equipo injustamente afectado. Sin embargo, es menester hacerlo un poco menos imperfecto, mitigar los fallos groseros a través de la tecnología es una iniciativa válida que estaba en mora de implementación por parte de la entidad que gobierna este deporte, la FIFA.
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¿Quiénes diablos son los Chompos?

febrero 23 de 2017
Hoy no hay columna de opinión. Haga de cuenta que estamos en la sala de su casa más bien y que le voy a echar un cuento de esos que creemos que sólo pasan en Colombia pero que en realidad se dan como mata de monte en toda parte. Ojo, no es chisme. Curiosidades más bien que se le van despertando a una gracias a las nuevas formas de comunicación y socialización en estos tiempos de muchos amigos virtuales y de pocos amigos reales. Hasta hace nada lo más cercano de la palabra chompo que procesaba mi cabeza era esa prenda que todos los calentanos tenemos en algún lado del clóset y que usamos cuando llueve: la famosa, corroncha y nunca bien ponderada chompa. Tal vez de esa prenda horrible se desprendió el personaje del Chómpiras. No sé. Yo tengo varias y en ellas me veo como un tamal mal envuelto. Pero como este no es un texto sobre moda o mal gusto, sigamos. Les hablaré de ellos, los chompos. Un montón de chicos y chicas de distintos colegios y universidades a los que llegué una madrugada de este año para tratar de entender si son tan neonazis como dicen quienes los critican, tan matoneadores, tan delincuentes, tan cafres, y descifrar dónde está la bolita, qué los mueve, por qué hacen lo que hacen que no es más que burlarse hasta de la madre que los parió en una especie de catarsis virtual "facebookiana". Me enteré de ellos gracias a una nota que llegó a mis manos firmada por la rectoría de la Universidad de los Andes en la cual les piden, palabras más palabras menos, mesura, que se controlen, que dejen a ciertos estudiantes en paz, so pena de ser sancionados disciplinariamente cancelándoles la matricula (aclaro, no todos son de esa universidad). Así que les envié solicitud para ingresar a su grupo cerrado de Facebook, conformado actualmente por cincuenta mil gatos y, para sorpresa mía, me aceptaron. Sí, a una cuarentona, feminista y encima periodista, la dejaron entrar a su cueva.
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Nadie sabe para quién trabaja

febrero 23 de 2017
Trabajar, trabajar y trabajar. Siempre he creído que la frase anterior y el repetido verbo que la conforma gozan de un excesivo prestigio. La acción que contiene ese verbo no entraña algo positivo en sí misma, y conjugar el verbo así, en infinitivo repetido, como si fuese a la topa tolondra y sin meterle a eso un poquito de sesos, suele desembocar en resultados desfavorables para el sujeto que convierte la palabra en acto.
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Detrás está el monstruo

febrero 23 de 2017
Un grupo de taxistas en Santa Marta confunde a un joven futbolista con un asaltante, lo golpean, lo vejan, lo amarran a un Taxi y lo arrastran varias cuadras; en Bolívar, un presunto violador es sacado de un carro de la policía y linchado por la multitud (versión local de Fuenteovejuna, todos a una); una mujer es agredida con ácido y la respuesta es pedir que le apliquen la Ley del Talión; cada tanto vemos en las redes imágenes de cómo presuntos ladrones son rescatados por la policía de ser linchados por los vecinos, que repiten que están hartos de sus robos, y que la justicia los deja libre sin castigo.
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¿La novela de Yuliana?

febrero 23 de 2017
Era una criatura indefensa de apenas 7 años de edad. Era sólo una niña, a quien seguramente sólo le interesaba jugar con muñecas. Hasta que un día cualquiera abusaron sexualmente de ella, la mataron y escondieron su cadáver debajo de un mueble. Del nombre de su asesino y violador nadie se acuerda -si es que alguna vez lo supieron más de diez personas-, pese a que asestó nada menos que 14 puñaladas a esa frágil humanidad. Se trata de Rubén Darío Medina Rodríguez, quien en 2007, mientras visitaba la casa de su madre en el barrio Jardín Altosure de Ibagué, donde también vivía la abuela de la niña ultrajada, perpetró el espantoso crimen.
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