¿Quiénes diablos son los Chompos?

febrero 23 de 2017
Hoy no hay columna de opinión. Haga de cuenta que estamos en la sala de su casa más bien y que le voy a echar un cuento de esos que creemos que sólo pasan en Colombia pero que en realidad se dan como mata de monte en toda parte. Ojo, no es chisme. Curiosidades más bien que se le van despertando a una gracias a las nuevas formas de comunicación y socialización en estos tiempos de muchos amigos virtuales y de pocos amigos reales. Hasta hace nada lo más cercano de la palabra chompo que procesaba mi cabeza era esa prenda que todos los calentanos tenemos en algún lado del clóset y que usamos cuando llueve: la famosa, corroncha y nunca bien ponderada chompa. Tal vez de esa prenda horrible se desprendió el personaje del Chómpiras. No sé. Yo tengo varias y en ellas me veo como un tamal mal envuelto. Pero como este no es un texto sobre moda o mal gusto, sigamos. Les hablaré de ellos, los chompos. Un montón de chicos y chicas de distintos colegios y universidades a los que llegué una madrugada de este año para tratar de entender si son tan neonazis como dicen quienes los critican, tan matoneadores, tan delincuentes, tan cafres, y descifrar dónde está la bolita, qué los mueve, por qué hacen lo que hacen que no es más que burlarse hasta de la madre que los parió en una especie de catarsis virtual "facebookiana". Me enteré de ellos gracias a una nota que llegó a mis manos firmada por la rectoría de la Universidad de los Andes en la cual les piden, palabras más palabras menos, mesura, que se controlen, que dejen a ciertos estudiantes en paz, so pena de ser sancionados disciplinariamente cancelándoles la matricula (aclaro, no todos son de esa universidad). Así que les envié solicitud para ingresar a su grupo cerrado de Facebook, conformado actualmente por cincuenta mil gatos y, para sorpresa mía, me aceptaron. Sí, a una cuarentona, feminista y encima periodista, la dejaron entrar a su cueva.
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Nadie sabe para quién trabaja

febrero 23 de 2017
Trabajar, trabajar y trabajar. Siempre he creído que la frase anterior y el repetido verbo que la conforma gozan de un excesivo prestigio. La acción que contiene ese verbo no entraña algo positivo en sí misma, y conjugar el verbo así, en infinitivo repetido, como si fuese a la topa tolondra y sin meterle a eso un poquito de sesos, suele desembocar en resultados desfavorables para el sujeto que convierte la palabra en acto.
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Detrás está el monstruo

febrero 23 de 2017
Un grupo de taxistas en Santa Marta confunde a un joven futbolista con un asaltante, lo golpean, lo vejan, lo amarran a un Taxi y lo arrastran varias cuadras; en Bolívar, un presunto violador es sacado de un carro de la policía y linchado por la multitud (versión local de Fuenteovejuna, todos a una); una mujer es agredida con ácido y la respuesta es pedir que le apliquen la Ley del Talión; cada tanto vemos en las redes imágenes de cómo presuntos ladrones son rescatados por la policía de ser linchados por los vecinos, que repiten que están hartos de sus robos, y que la justicia los deja libre sin castigo.
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¿La novela de Yuliana?

febrero 23 de 2017
Era una criatura indefensa de apenas 7 años de edad. Era sólo una niña, a quien seguramente sólo le interesaba jugar con muñecas. Hasta que un día cualquiera abusaron sexualmente de ella, la mataron y escondieron su cadáver debajo de un mueble. Del nombre de su asesino y violador nadie se acuerda -si es que alguna vez lo supieron más de diez personas-, pese a que asestó nada menos que 14 puñaladas a esa frágil humanidad. Se trata de Rubén Darío Medina Rodríguez, quien en 2007, mientras visitaba la casa de su madre en el barrio Jardín Altosure de Ibagué, donde también vivía la abuela de la niña ultrajada, perpetró el espantoso crimen.
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Sin palabras

febrero 23 de 2017
Sigo sin palabras, negándome a que me arrastre la horda de linchadores de las redes sociales, consternada, infinitamente triste, sin poder pronunciar aún el nombre de esa pequeña, pensando en mis hijos varones, preguntándome qué tan bien o qué tan mal lo he hecho hasta ahora para que no sean unos monstruos y para que mañana, lejos de casa, vivan sin caretas, sin fachadas, sin máscaras. ¿El feminismo que se les ha inculcado en el hogar bastará? Rezo.
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Huevos y huevitos

febrero 23 de 2017
Ahora que personajes bravucones como Donald Trump y Vladimir Putin triunfan en las urnas del mundo se ha puesto de moda celebrar esa actitud de permanente desafío conocida en colombiano machista como 'tener huevos'. Para aquellos acostumbrados a librar batallas desde la remota comodidad de sus mullidos sillones de cuero, este tipo de dirigentes de rudo lenguaje, que son quienes declaran o amenazan con declarar las guerras de las que derivan dichas batallas, son una especie de encarnación de John Rambo, digna de ser idolatrada.
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El que las hace...

febrero 23 de 2017
El martes pasado el presidente Santos anunció en una alocución televisada que el nuevo acuerdo con las Farc, que se firmará hoy en el Teatro Colón, no será sometido a refrendación popular, sino que será tramitado directamente a través del Congreso. Teniendo en cuenta no sólo lo que se juega el país en eso, sino también las razones que llevaron a más de seis millones de colombianos a votar por el No el pasado 2 de octubre, esa era la única decisión sensata posible: volver a dejar el final de la guerra en manos de personas a las que convencen de que un armisticio está relacionado con la orientación sexual de sus hijos no podía ser nada distinto de una idea estúpida.
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Recordando El valle de las muñecas

febrero 23 de 2017
La historia comienza hace 60 años. En 1956, Grace Metalious, alcohólica y poco agraciada ama de casa de New Hampshire y con un marido adúltero, publicó una historia sobre los secretos y miserias de sus vecinos que tituló Peyton place. Fue un éxito instantáneo: vendió 12 millones de copias, se hizo una película y una serie de televisión que la hizo rica, le permitió abandonar a su familia y marido, viajar a Nueva York, coquetear con los famosos y morir de cirrosis a los 39 años.
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