Se me bajó la bilirrubina

mayo 12 de 2016
Por Jaime Romero Sampayo/ En honor a la verdad he de admitir que cuando se supo que Vargas Llosa estaba en los 'papers' de Panamá no me mordió la tristeza ni me vestí de luto ni caí en una crisis de penitencia. Es que ni siquiera me sorprendió, o la sorpresa fue del mismo tamaño de la del día que Ricky Martin confesó al mundo que era gay. No es que yo tuviera pruebas materiales de la flexibilidad "ideológica" de Vargas Llosa, sin embargo —y a la peculiar manera de investigación criminal del Padre Brown de Chesterton, que primero analizaba a la persona antes que a los hechos— sí que había suficientes indicios morales acerca de lo que don Mario era perfectamente capaz de hacer.
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Canción de amor para despertar a un yonqui, una sonata al fracaso

mayo 09 de 2016
Por John William Archbold/ Salvo algunas enigmáticas excepciones, no suele ser común que los escritores de poesía decidan internarse en los dominios de la prosa narrativa y viceversa. Finalmente, ambos géneros responden a procesos creativos totalmente distintos. Como expone el crítico español Ángel Rupérez, en su libro Sentimiento y creación, la poesía tiene su génesis en una experiencia interior, un proceso de síntesis en el que las vivencias se asimilan hasta convertirse en una forma de conocimiento. En el caso de la narrativa, sin importar si se trata de ficción o no, el punto de partida y de llegada siempre está inscrito en los parámetros del hecho. Y aunque el estímulo y el objetivo estén marcados por la evocación de sensaciones, éstas siempre serán más cercanas a la interpretación que a la abstracción, propiedad insigne de la poesía. Eso convierte en algo verdaderamente excepcional al escritor que sea capaz de manejar ambas modalidades, marcando una clara diferencia entre sus estilos lírico y narrativo.
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Se vale no ser mamá

mayo 09 de 2016
Por Mary Mejía/ No fui madre. Nunca tuve grandes deseos de serlo y cuando me casé, pese a que los posibles pelaos que íbamos supuestamente a tener tuvieron sus cuartos independientes, con baño y todo, desde el primer apartamento, y a que sus nombres fueron escogidos en juegos múltiples con mi esposo (José Roberto, el niño, por aquello de Bebeto; y Natalia, la niña, por una compañera de universidad hermosa que era una especie de amor platónico de Samu, mi marido), nunca el deseo fue lo suficientemente grande como para dejar de lado la cobardía y traer hijos al mundo.
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Ebrios de azufre

mayo 02 de 2016
Por Paul Brito/ Hay dos tipos de personas en el mundo: las que se atreven y las que no se atreven, las que están borrachas de forma natural y dicen las cosas desinhibidamente, y las que están anudadas de temores y diplomacia, y viven en el “hubiera”. Estos son los que nunca se atreven a sacar a bailar a la mujer que les gusta y se quedan toda la vida arrepintiéndose; los otros son los que se levantan de su asiento y simplemente lo hacen.
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Germán no es el man

abril 26 de 2016
Por Ricardo Abdahllah/ No voy a unirme a los que se quejan de que los fans de un youtuber monopolizaran las entradas a la Feria del Libro (eso que ahora llaman “Filbo”). Germán Garmendia estaba allí para promocionar un libro. Que su obra, que nadie de más de venticinco años ha leído, se llame Chupa el perro, es lo de menos. Primero porque podría ser el título de una obra de Efraím Medina (y lo digo sin juicios de valor) y segundo, porque vivir más de venticinco años es una estupidez, como decía Andrés Caicedo. (A veces tengo la impresión de que Andrés Caicedo ha envejecido con nosotros, de que nadie de menos de venticinco lo lee ya).
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Infernal

abril 25 de 2016
Por John William Archbold/ A finales del siglo XIX fue inaugurado en el barrio Montmartre de París un lugar que bien podría considerarse el ancestro de los restaurantes temáticos contemporáneos: El Café Infierno, un sombrío rincón de la Ciudad Luz, que parecía rendir homenaje a aquella esquina de la conciencia que acorralaba los impulsos a través del temor. Desde la excéntrica decoración hasta el “Pase y sea maldito” con que solía saludar el maître, sin olvidar los nombres bizarros que se le adjudicaba a los licores y el demoniaco uniforme de los camareros. Todo parecía extraído de la página más sádica de La Divina Comedia de Alighieri. Era el lugar favorito de filósofos testarudos y artistas apóstatas, que disfrutaban de un trozo del Gehena ardiendo muy lejos de las murallas de Jerusalén.
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No es no

febrero 07 de 2016
Por Alonso Sánchez Baute/ El crecimiento del mercado de cine porno ha sacado del underground la vida privada de sus protagonistas. James Deen es quizás uno de los más conocidos. De pasaporte británico, se trata de un joven de 30 años, sonrisa ingenua, ojos profundamente azules, 1.86 de estatura, delgadísimo y mejor dotado. Según lo retratan las publicaciones de farándula, es el tipo de muchacho al que “presentarías a tu familia con un anillo de pedida en el dedo”. Deen es idolatrado por el sector de mayor crecimiento de la industria: mujeres menores de 35 años (la Generación del Milenio). Lo aman porque, según afirman, “trata muy bien a las mujeres en todas sus películas”, es decir, lo contrario de lo que hace Nacho Vidal. Deen ha participado en más de 1.300 cintas; cobra, por una sola escena, US$200.000 (¡¡¡US$200.000 por tirar durante quince minutos!!!), y es de los pocos que ha hecho el cruce a Hollywood protagonizando una película independiente, basada en una historia de Breat Easton Ellis, al lado de Lindsay Lohan. Lohan, de hecho, fue su novia durante un buen tiempo.
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