El abogado del Diablo.

abril 20 de 2016
Si hace cinco o diez años alguien me hubiera dicho que terminaría de defensor de Santos en alguna materia, seguro me le hubiera reído en la cara, y ese insulto no se hubiera quedado así. Ahora no es que me haya caído del caballo, ni visto la luz del camino a ningún Damasco (ni saboreado ninguna deliciosa mermelada patria). Para mí Santos sigue teniendo el apellido muy mal puesto, sin género de dudas, pero eso no me impide comprender la necesidad histórica de defender con uñas y dientes, con alma y corazón, el actual Proceso de Paz. Los amigos que antes me vieron así y ahora me ven asá no ahorran mofas y epítetos burlescos. Uno de ellos, muy católico y conservador, el otro día me tildó de “¡abogado del diablo!”.
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Márquez y Cepeda nos hacen conejo

febrero 21 de 2016
Supuestamente el 23 de marzo se firmará el acuerdo en la Habana. Sin embargo, pareciera que la izquierda colombiana, la democrática y la insurgente, no tuviera noción de la cita histórica a la que se enfrentan. Los hechos de esta semana nos llevan a pensar que los Ivanes -Márquez y Cepeda-  hubiesen jurado boicotear el plebiscito que refrendaría el proceso. Quizá se lo propusieron de año nuevo. Si me lo hubieran preguntado les hubiera recomendado mejor pagar un año en el Bodytech y combatir esos kilos de más que a ambos se les notan.
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Nostalgia de Poncho

febrero 14 de 2016
Eran tiempos de dormir atrincherado en el sofá. Me encontraba perennemente amenazado por convivencia y, con una frecuencia inusitada, se me advertía que me iba a quedar solo, solito; mi tabla de salvación era aceptar las condiciones de un armisticio desventajoso más parecido a una renuncia a la vida, un sometimiento a esclavitud. Día tras día, y no a lo Cepeda, la madre de mis dos hijos mayores me decía que iba a coger otro camino, que ya no me aguantaba más; no pido absolución: en esos días no me soportaba ni yo mismo. Un día de lucidez y valentía, seguramente en temple, al escuchar la advertencia de abandono, la sangre guajira de mis ancestros pronunció aquellas palabras del gran Poncho Cotes Jr.: “¡Que sea seguro!". Se equivocó, grabada por los Hermanos Zuleta, fue la banda sonora del proceso de separación de mi primer matrimonio.
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