Burradas

mayo 05 de 2017
A Marco Fidel Ramírez, el ilustre “concejal de la familia”, como se autonombró el caballero hace meses, la musa de la genialidad no lo suelta. Por culpa de esa hada que le habla al oído -tal vez sea un ángel, quién sabe- el precandidato presidencial por los cristianos sale todos los meses con brillanteces que lo dejan a uno como Condorito. Su preocupación del mes pasado tenía que ver con “nuestros niños” y lo que deben o no deben ver en las salas de cine. Con la campaña #DisneyConMisHijosNoTeMetas se fue lanza en ristre contra el último estreno de la empresa del ratón más famoso y querido del mundo, el reencauche del clásico La Bella y La Bestia, pues para el señor era claro que la multinacional pretendía homosexualizar a los menores llenándoles la cabeza con contenido vulgar y pecaminoso. ¡Horror!
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Odiar a Santos: nuevo deporte nacional

abril 28 de 2017
Difícil resistirnos a la fórmula predecible, a echarle mano a los juegos de palabras involucrando semejante apellido de alcurnia para referirnos al presidente más detestado de la historia reciente de Colombia, Juan Manuel Santos. En este país místico, rezandero, en donde la camándula sigue teniendo su trono en la mesa de noche del ciudadano promedio, a este santo nadie le prende una vela. ¿Quién lo venera? ¿Tiene devotos? Los índices de favorabilidad indican que no le sale ni media con sus gobernados, que no importa qué logre ni cómo lo consiga ni cuántos reconocimientos, aplausos y distinciones obtenga en otras latitudes más educadas, aquí no le creemos ni la inicial de su primer nombre. De todos los santos, el que no tiene altar.
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Cuando huir también mata

abril 14 de 2017
A Claudia Rodríguez la secuestró y baleó su exesposo y padre de su bebé de un año en su lugar de trabajo en un centro comercial luego de una historia tipo “crónica de una muerte anunciada” en el que el sujeto repitió macabramente el mismo crimen por el que ya había pagado diez años de cárcel con anterioridad. A Paola Noreña la dejó gravemente herida su exnovio luego de acuchillarla en el pecho, el cuello y el rostro con toda la intención de quitarle la vida. Eso por nombrar solamente los dos casos más sonados ocurridos en Bogota durante esta semana que millones de creyentes llaman santa, casos en que unos machos alfa no soportaron convertirse en el ex de “sus mujeres”.
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Burla peligrosa

marzo 21 de 2017
Cada quien se protege a su manera en este mundo hiperconectado, en este mundo que no duerme, que no para, que se encogió gracias a la era digital. Las máscaras elegidas son de todo tipo. Duras, tiernas, dulces, grotescas, chistosas, superfluas, profundas. No es fácil desnudarse, mostrarse en pelota en esta galería en la que se nos convirtió la vida de la noche a la mañana. Ante la imposibilidad de escondernos, nos mimetizamos. Nos sabemos expuestos, vulnerables, y por eso es más lo que tapamos que lo que descubrimos. Detrás del insensible suele refugiarse un terrón de azúcar con miedo a derretirse. ¿Vemos lo que vemos, vemos a quien creemos estar viendo cuando chapoteamos en aguas ajenas? Las poses, las armas, las caretas, sirven para estar sin estar, para meter las narices y oler las porquerías sin ser manoseados de vuelta. Y en esta realidad ampliada algunos escudos son más efectivos que otros, ¿pero alguno más eficaz que la burla, que el sarcasmo?
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Amor en pausa

febrero 24 de 2017
Soy una sobreviviente. Estoy echando el cuento a pesar de que mi pediatra, cuando tenía dos años, sentenció que no llegaría ni a los diez por falla renal. Me radiaron, me dilataron, me torturaron, me hospitalizaron, me canalizaron una y mil veces en mi infancia. Y sin embargo, aquí sigo. He debido morir hace mucho, según ese pronóstico que se posó como un cuervo sobre los pelos de mi cabeza por largos años. Pero, contrario a los vaticinios apocalípticos, crecí, me desarrollé, me reproduje. De hija y hermana pasé a convertirme en esposa y madre. Toda una hazaña, dado mi historial de "debiluchez" crónica. Dos muchachitos salieron de mi vientre respirando, dos salieron amoratados, casi negros. Vida y muerte, caras de una misma moneda, ese círculo perfecto, esos puntos suspensivos...
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¿Quiénes diablos son los Chompos?

febrero 23 de 2017
Hoy no hay columna de opinión. Haga de cuenta que estamos en la sala de su casa más bien y que le voy a echar un cuento de esos que creemos que sólo pasan en Colombia pero que en realidad se dan como mata de monte en toda parte. Ojo, no es chisme. Curiosidades más bien que se le van despertando a una gracias a las nuevas formas de comunicación y socialización en estos tiempos de muchos amigos virtuales y de pocos amigos reales. Hasta hace nada lo más cercano de la palabra chompo que procesaba mi cabeza era esa prenda que todos los calentanos tenemos en algún lado del clóset y que usamos cuando llueve: la famosa, corroncha y nunca bien ponderada chompa. Tal vez de esa prenda horrible se desprendió el personaje del Chómpiras. No sé. Yo tengo varias y en ellas me veo como un tamal mal envuelto. Pero como este no es un texto sobre moda o mal gusto, sigamos. Les hablaré de ellos, los chompos. Un montón de chicos y chicas de distintos colegios y universidades a los que llegué una madrugada de este año para tratar de entender si son tan neonazis como dicen quienes los critican, tan matoneadores, tan delincuentes, tan cafres, y descifrar dónde está la bolita, qué los mueve, por qué hacen lo que hacen que no es más que burlarse hasta de la madre que los parió en una especie de catarsis virtual "facebookiana". Me enteré de ellos gracias a una nota que llegó a mis manos firmada por la rectoría de la Universidad de los Andes en la cual les piden, palabras más palabras menos, mesura, que se controlen, que dejen a ciertos estudiantes en paz, so pena de ser sancionados disciplinariamente cancelándoles la matricula (aclaro, no todos son de esa universidad). Así que les envié solicitud para ingresar a su grupo cerrado de Facebook, conformado actualmente por cincuenta mil gatos y, para sorpresa mía, me aceptaron. Sí, a una cuarentona, feminista y encima periodista, la dejaron entrar a su cueva.
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Sin palabras

febrero 23 de 2017
Sigo sin palabras, negándome a que me arrastre la horda de linchadores de las redes sociales, consternada, infinitamente triste, sin poder pronunciar aún el nombre de esa pequeña, pensando en mis hijos varones, preguntándome qué tan bien o qué tan mal lo he hecho hasta ahora para que no sean unos monstruos y para que mañana, lejos de casa, vivan sin caretas, sin fachadas, sin máscaras. ¿El feminismo que se les ha inculcado en el hogar bastará? Rezo.
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Si usted marchó y es mujer: ¡Tiene huevo!

agosto 12 de 2016
Canadá, 1917. Estados Unidos, 1920. Uruguay, 1927. Ecuador, 1929. Puerto Rico, 1929. Brasil, 1932. Chile, 1934. Cuba, 1934. Bolivia, 1938. El Salvador, 1939. Panamá, 1941. República Dominicana, 1942. Jamaica, 1944. Guatemala, 1946. Trinidad y Tobago, 1946. Venezuela, 1946. Argentina, 1947. México, 1947. Surinam, 1948. Costa Rica, 1949. Barbados, 1950. Haití, 1950. Guyana, 1953. Honduras, 1955. Nicaragua, 1955. Perú, 1955. ¿Y Colombia? 1957, de los últimos países de América en dar ese paso.
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Contratistas en la olla

julio 22 de 2016
La palabra contratista suena a poder, huele a dinero, sabe a champaña. Cuando nos hablan de contratistas pensamos en contratos multimillonarios, en grandes obras de infraestructura, en puentes, en andenes, en túneles, en vías, en importantes intervenciones arquitectónicas, en aeropuertos, hasta en aviones y en armamento. Se nos pasan por la cabeza los Nule y los Sarmiento y los Jaramillo y los Solarte y tantos otros apellidos que se han lucrado como contratistas toda la vida. Signo pesos y un montón de ceros a la derecha. Cifras enormes que no caben en calculadoras de bolsillo. Licitaciones. Comisiones. Influencias. Carruseles y corrupción y desfalcos recordamos cuando el tema se pone sobre la mesa. ¿Pero relacionamos a los contratistas con la inequidad? Craso error no hacerlo.
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