Las dos orillas

febrero 13 de 2016
Barranquilla de tarde. Pleno aguacero. Un chorro cayendo de la canaleta del techo, raudo, feliz. Y yo, una niña barrigoncita en un vestido de baño enterizo azul, debajo de él, emparamada de la cabeza a los pies, con frío, dando brinquitos, gritando de alegría. En esa escena se resume lo más bello de mi infancia, el recuerdo más grato, los instantes más plenos. Podría añadirle otro “flashback" para redondear esa certeza tan arisca, tan rara vez sentida, de “tengo todo lo que necesito para ser feliz en este instante”, otra reminiscencia relacionada con la lluvia. Aconteció en la casa de mi abuelo materno en el barrio Ciudad Jardín, ya sin él, en el garaje del primer piso. Retal de mármol hasta la calle, en bajada, jabón, nosotros, los de siempre, los míos, los cuatro de toda la vida, deslizándonos una y otra vez desde el portón hasta casi tocar el arroyo que pasaba por el frente. Carcajadas. Mi hermano mayor y mi mamá abrazados luego de las lágrimas. La felicidad.
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Transmilenio: ¿una mierda como todo lo de Peñalosa?

febrero 05 de 2016
En "palabras" del Quijote, a Enrique Peñalosa le ladran porque cabalga. ¡Y vaya que lo hace! Porque a ver, echemos memoria, ¿recuerdan ustedes cómo era Bogotá antes de la primera alcaldía de Peñalosa? Tal vez sí, tal vez no, aunque por el termómetro de las redes sociales y los innumerables memes en contra de la gestión de este alcalde (que lleva apenas un mes en su segundo periodo, luego de porfiar en varias oportunidades), yo me atrevería a decir que no, que se les olvidó, que conveniente y sospechosamente eso fue borrado del casete de la memoria capitalina en donde a duras penas de Peñalosa quedaron guardadas, y tal parece que para siempre, sólo críticas relacionadas con bolardos, losas, relleno fluido y tramullos jamás probados. Y no es que yo tenga memoria de elefante, no, ¡qué va!, pero a mí sí no se me olvida cómo era la Bogotá que me tocó padecer cuando aterricé en El Dorado en enero de 1994, con apenas diecisiete años.
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Con el opinómetro desmadrado

noviembre 20 de 2015
Si algo ha traído esta vitrina en la que nos exhibimos sin pudor es bulla, alharaca, ruido. La opinadera se desmadró, se salió por completo de su cauce. Los usuarios asiduos de las redes sociales, dueños y señores de medios de comunicación virtual abiertos al público 24/7/365, aunque no tengamos la más mínima idea sobre los intríngulis del último ‘boom’ mediático -sea un atentado terrorista, un desastre natural, unos diálogos de paz, un partido de fútbol, unas elecciones presidenciales, una guerra lejanísima, un escándalo, un siniestro, un descubrimiento asombroso-, salimos raudos a dejar constancia de nuestra sapiencia. Si tenemos algo que decir, lo decimos. Y luego concluimos con un contundente: ¡Y punto! O sea que a quien no le guste, que se aguante o que me elimine de su lista de amigos o que me bloquee. O simplemente que se joda.
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Perros y gatos

noviembre 06 de 2015
Me pasa con frecuencia. Quiero alegrarme por la buena noticia, y no me dejan. Quiero brincar y reír y salir a abrazar a los vecinos y no, no se puede. La mala vibra del ambiente me lo impide. Más tardo en recibir la buena nueva que la jauría de indignados de las redes sociales y de algunos medios de comunicación en echármela a perder. No sé en qué momento me robaron el derecho a celebrar, pero ya no lo tengo. En su lugar se instaló la desesperanza. A menos de que se trate de un partido de fútbol ganado de la Selección Colombia, aquí no nos ponemos de acuerdo ni para alegrarnos por los pasitos tímidos que de tanto en tanto damos hacia adelante como sociedad. La polarización no lo permite.
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Tirapiedras del siglo XXI

octubre 07 de 2015
Tendido en la lona, vencido, yace una nueva víctima de los indignados de escritorio. Esta vez se trata del médico Juan Pablo Riveros, especialista en gastroenterología, hepatología y nutrición pediátrica. Su cara, su nombre, se regaron como pólvora en medios de comunicación y en redes sociales en días pasados, cuando una madre con dotes de videógrafa hizo público un video grabado con su celular en Bogotá, en la Clínica Infantil Colsubsidio, en el cual el médico en cuestión explica las razones por las cuales no podía atender a su hijo en el momento en el que ella se lo exigía. Noticias Caracol fue el primer medio en hacerle eco a lo ocurrido, titulando: “Por llegar 10 minutos tarde, médico no atendió a niño que esperó cita año y medio.” Y ello fue suficiente para que la horda de indignados de Twitter y de Facebook y de otros medios virtuales que replicaron la nota, destrozaran -comentario va, comentario viene-, la reputación, la dignidad, la ética, el buen nombre, el derecho al secreto profesional y hasta la vocación como galeno del doctor Riveros.
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Lo que guardan mis gavetas

septiembre 30 de 2015
Si muero pronto sin poder publicar ningún libro sin ver la cara que tienen mis versos en letras de molde ruego, si se afligen a causa de esto que no se aflijan. Si ocurre, era lo justo. Fernando Pessoa Antes de salir del closet les diré qué tuvo que pasar para que hoy, 29 de septiembre de 2015, a las tres y media de la tarde, esté sentada en mi cuarto redactando lo que parece un testamento. Yo no estaba grabando ningún desafío cuando la cubeta de hielo me cayó en la cabeza, no. Estaba leyendo la última columna de Héctor Abad Faciolince en El Espectador a raíz de la reciente muerte de Carmen Balcells, la mítica agente literaria del boom latinoamericano, cuando ¡soácata!, lo que parecía un homenaje de despedida para una mujer inmensa que dignificó la escritura en nuestra lengua, se convirtió de repente en un chubasco que me dejó toda emparamada.
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Cacho contento

septiembre 23 de 2015
¿Qué cuernos pasó para que el cuerno, otrora insignia de prosperidad, abundancia y poder, se convirtiera en el símbolo por excelencia de la traición marital? Nada más democrático y universal que los cuernos. Desde Lady Di hasta al más anónimo de los mortales los han padecido. De ellos es difícil salvarse. ¿Quién le va a meter cachos a un mujerononón como Beyoncé? La respuesta debería ser nadie, ¡pero qué va! Hasta a ella su marido, un tipo bastante feíto, le pegó cachos. Y unos bien grandes. Así que la vaina es pelicruspeda, pues ni siendo diva o divo hay manera de librarse de la cornamenta.
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Divino descanso

septiembre 16 de 2015
“Ustedes trabajan poco, se la pasan de festivo en festivo y de fiesta en fiesta”, me dijo con vehemencia y un dejo de envidia el mexicano al que media hora antes ni conocía. La charla, que se dio en un apartamento de colombianos en La Florida, Estados Unidos, llegó hasta ahí. Opté por callar y cambiar de tema, por morderme la lengua. En últimas eso es lo que hago cada que vez que en el interior del país, en donde no entienden por qué en Barranquilla todo está cerrado al medio día, me echan en cara, y con bastante frecuencia, la supuesta flojera del costeño. Ponerme a pelear con quien no entiende ni entenderá qué implica para el cuerpo de un ser humano laborar ocho horas seguidas sin parar en un clima infernal, es, por decir lo menos, inútil. Ese día, en todo caso, me sirvió para ver cómo nos ven algunos desde afuera: ¡como unos perfectos flojos!
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