Lo que guardan mis gavetas

septiembre 30 de 2015
Si muero pronto sin poder publicar ningún libro sin ver la cara que tienen mis versos en letras de molde ruego, si se afligen a causa de esto que no se aflijan. Si ocurre, era lo justo. Fernando Pessoa Antes de salir del closet les diré qué tuvo que pasar para que hoy, 29 de septiembre de 2015, a las tres y media de la tarde, esté sentada en mi cuarto redactando lo que parece un testamento. Yo no estaba grabando ningún desafío cuando la cubeta de hielo me cayó en la cabeza, no. Estaba leyendo la última columna de Héctor Abad Faciolince en El Espectador a raíz de la reciente muerte de Carmen Balcells, la mítica agente literaria del boom latinoamericano, cuando ¡soácata!, lo que parecía un homenaje de despedida para una mujer inmensa que dignificó la escritura en nuestra lengua, se convirtió de repente en un chubasco que me dejó toda emparamada.
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Cacho contento

septiembre 23 de 2015
¿Qué cuernos pasó para que el cuerno, otrora insignia de prosperidad, abundancia y poder, se convirtiera en el símbolo por excelencia de la traición marital? Nada más democrático y universal que los cuernos. Desde Lady Di hasta al más anónimo de los mortales los han padecido. De ellos es difícil salvarse. ¿Quién le va a meter cachos a un mujerononón como Beyoncé? La respuesta debería ser nadie, ¡pero qué va! Hasta a ella su marido, un tipo bastante feíto, le pegó cachos. Y unos bien grandes. Así que la vaina es pelicruspeda, pues ni siendo diva o divo hay manera de librarse de la cornamenta.
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Divino descanso

septiembre 16 de 2015
“Ustedes trabajan poco, se la pasan de festivo en festivo y de fiesta en fiesta”, me dijo con vehemencia y un dejo de envidia el mexicano al que media hora antes ni conocía. La charla, que se dio en un apartamento de colombianos en La Florida, Estados Unidos, llegó hasta ahí. Opté por callar y cambiar de tema, por morderme la lengua. En últimas eso es lo que hago cada que vez que en el interior del país, en donde no entienden por qué en Barranquilla todo está cerrado al medio día, me echan en cara, y con bastante frecuencia, la supuesta flojera del costeño. Ponerme a pelear con quien no entiende ni entenderá qué implica para el cuerpo de un ser humano laborar ocho horas seguidas sin parar en un clima infernal, es, por decir lo menos, inútil. Ese día, en todo caso, me sirvió para ver cómo nos ven algunos desde afuera: ¡como unos perfectos flojos!
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Niños trofeo

septiembre 09 de 2015
Desde la panza no los dejan en paz. Eso de estar a sus anchas en medio del líquido amniótico durante el período de gestación está reservado para los bebés de perras, de gatas, de elefantas, de jirafas, de micas, de leonas, de ballenas; en fin, para los hijos de cualquier hembra de cualquier especie menos de la humana. Porque a los bebés humanos, tal parece, hay que programarlos desde que están ahí, en las barrigas de sus madres, no vaya y sea que por falta de estimulación prenatal se queden brutos. Y así empieza el viacrucis para ellos, todo un asunto de precocidad que surgió en los noventa con el efecto Mozart y que aún no para.
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De la vida privada y otras ingenuidades

septiembre 02 de 2015
En este mundo de usuarios y contraseñas vivimos con susto. De esos tiempos en que el temor a ser robados nos llevaba a instalar rejas de hierro en las ventanas y cerraduras con llave en las puertas y alarmas en las casas y en los carros y no mucho más que eso, queda poco. A esas medidas se le sumaron otras más sofisticadas para proteger lo valioso, cercas virtuales que pretenden mantener incólume la idea de que podemos gozar, cada vez que lo deseemos, de la vida a puerta cerrada, sin mirones. De eso que llamamos ingenuamente “vida privada”.
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La indiferencia del gato atrae hasta a los perros

agosto 26 de 2015
En mi adolescencia "aprendí" que ser indiferente paga. Ser la "chica fácil" -esa que llama cuando se le antoja, que no tiene problemas con visitar al novio en su casa, que saca a bailar a quien le place, que jamás disimula estar disponible cuando lo está, que sabe perfectamente que la T no es solo una letra más de las veintisiete del abecedario- no era la mejor opción a la hora de conquistar a un "chico bien". Tal parecía que ellos no respetaban a las mujeres que sabían lo que querían de una, que lo decían de frente, que nunca se andaban con rodeos, que sabían cómo y con qué cuidarse.
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