Autopsia social de un país

marzo 21 de 2017
Algún día esta sociedad, o al menos la parte de ella que se esperanza y se alegra en el hecho de que el proceso de paz de su propio país fracase, será objeto de estudio para antropólogos, para psicólogos sociales y -por qué no- hasta para psiquiatras forenses. Alguien algún día tendrá que encontrar una explicación a ese comportamiento psicópata, a esos casi nulos niveles de empatía y remordimiento que se jactan en demostrar esas personas; alguien algún día tendrá que establecer, así sea retrospectivamente, las responsabilidades penales y las capacidades civiles de esas gentes por regodearse con cada tropiezo que sufre el proceso de paz, por ponerse contentas cada vez que encuentran la noticia de que aquí o allá mataron a alguien el una escaramuza militar -no importa si el volumen de noticias similares haya descendido desde muchísimas al día hasta casi cero-, por pretender dizque salvar a unos niños que en realidad serían la carne de cañón de la guerra que piden a gritos.
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A buscar soluciones

febrero 24 de 2017
La primera vez que visité a Nueva York yo no era más que un adolescente. Fui con mis padres y hermanos, en plan turístico familiar. Recorrimos Manhattan a pie, pero aún recuerdo el consejo que nos daban en los hoteles y restaurantes: ir con cuidado en algunas zonas, aún en horario diurno, y evitar los paseos nocturnos en casi todas. ¿La razón? En esa época en "la ciudad que nunca duerme" parece que, en efecto, no dormía nadie: los delincuentes por andar cumpliendo con su deber y el resto de habitantes por físico miedo de aquellos.
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El nuevo Código de Policía y el Carnaval

febrero 24 de 2017
Leo en El Tiempo, con algo de alivio, que secretarios del despacho de la Alcaldía de Barranquilla, en compañía de personas relacionadas con la organización del carnaval de esa ciudad, le entregarán al alcalde, Alejandro Char, un paquete de propuestas encaminadas a que esa fiesta se desarrolle de la misma forma en que lo había venido haciendo hasta antes de que entrara en vigencia el -en muchos sentidos- escuelero nuevo Código de la Policía.
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Trump y Orwell

febrero 24 de 2017
Desde un par de horas antes de que se diera inicio a la ceremonia de posesión de Donald Trump era evidente que ésta sería muchísimo menos concurrida que cualquiera de las dos de Barack Obama. Comentaristas que habían cubierto otras transferencias de mando en Estados Unidos elaboraban sus extrapolaciones: "Hace cuatro años a esta hora la 'explanada' (que es como llaman al enorme espacio que hay entre el Capitolio y el obelisco) estaba muchísimo más llena", repetían. Las fotos posteriores les dieron la razón: imágenes panorámicas que se viralizaron en las redes sociales mostraron la gigantesca diferencia entre el nutrido público que acudió a presenciar una de las investiduras de Obama y el famélico grupo que hizo lo mismo con la de Trump.
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El artículo que el gobierno de Estados Unidos no quiere que leas

febrero 24 de 2017
Así, tan ridículos como el título de este artículo, navegan a la deriva en el vasto océano de internet miles -o quizás decenas de miles- de otros artículos o videos documentales con títulos similares. ¿Qué información relevante para el mundo podría tener yo, por ejemplo, que no la tuvieran ya o que no quisieran divulgarla los grandes medios de este país o del mundo? Obviamente ninguna.
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2026: el Mundial gana-gana

febrero 24 de 2017
Anuncia la FIFA que introducirá importantes cambios en la Copa del Mundo -los cuales empezarán a regir a partir del Mundial de 2026- e inmediatamente los apocalípticos de siempre ponen el grito en el cielo: "Dañarán el torneo", "Lo hacen por intereses económicos", "Prostituirán el fútbol"… En fin, los cíclicos vaticinios del final de los tiempos futbolísticos y los mismos lugares comunes y tonterías del indignado de oficio que ni siquiera se toma el trabajo de analizar cuáles son las consecuencias de las modificaciones anunciadas por la -para ellos- babiloniesca FIFA.
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Oh, qué hermosa guerra

febrero 23 de 2017
El 24 de diciembre de 1914, cerca de la ciudad belga de Ypres, unos soldados alemanes que se batían a tiros contra tropas británicas en una de las más sanguinarias batallas de trincheras que el mundo recuerde, se olvidaron por un momento de las balas, de las enfermedades que contraían y hasta de las ratas y los insectos que infestaban sus parapetos, y empezaron a cantar en coro el villancico Noche de paz. No pasó mucho tiempo antes de que sus archienemigos, situados al otro lado, los imitaran. Más tarde ambos bandos intercambiaron saludos de navidad a los gritos, hasta que uno de los soldados ingleses, Willie Loasby, se armó de valor y avanzó hasta la 'tierra de nadie' que los separaba. De repente se encontró con otro soldado alemán -que también había hecho lo mismo- con quien terminó intercambiando regalos: seis cigarrillos a cambio de una barra de chocolate.
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