La Caverna colombiana

agosto 04 de 2016
Dos noticias que sacudieron por estos días a la opinión pública colombiana me recordaron la célebre alegoría de La Caverna, que planteara Platón hace más de dos mil años. Haré un rápido repaso para quienes la han olvidado: unos hombres, desde su nacimiento, han sido atados y sus cabezas inmovilizadas en el fondo de una caverna, de modo que sólo pueden conocer el mundo exterior por medio de las sombras que se proyectan en la pared gracias a la luz de una hoguera que está siempre encendida a sus espaldas. La situación sigue así hasta que uno de ellos es liberado. Entonces éste sale de la caverna, ve el mundo tal como lo ven los que están afuera, con sus colores y sus formas, y regresa para contarles a sus antiguos compañeros de cautiverio las maravillas que ha visto, lo engañados que han estado todo el tiempo.
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Nairo Quintana: 'Compay Segundo'

julio 28 de 2016
Quiero empezar aclarando que no sé casi nada sobre ciclismo de ruta. Si acaso algunos rudimentos. Quizás por eso me resulta tan aburrido verlo (de hecho, lo mejor del Tour de Francia, año tras año, me parece la última etapa, cuando ya todo está definido y consumado, pero también cuando puedo ver una vez más a esa preciosura de ciudad que es París). Sin embargo, por más soso que me parezca ese deporte, encuentro imposible sustraerme a la fiebre de 42 grados que contrae todo el mundo en Colombia durante el desarrollo de algunas de sus principales competencias. Y mucho menos a sus insufribles secuelas de hiperbólico chovinismo.
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¿Hay ratoneras en la Sociedad Protectora de Animales?

julio 21 de 2016
La primera -y única- vez que asistí a una corrida de toros fui llevado más que todo por la curiosidad: quería decidir por mí mismo si era arte, como afirman categóricamente los amantes de esa actividad ("el colmo del buen gusto" las ha llamado el periodista Antonio Caballero), o si era un acto de barbarie, como aseguran en clave fundamentalista sus detractores. Al final, pese a que pensé que me llevaría mejor con los taurófilos (y ahora caigo en cuenta de que, de alguna manera, en esta categoría cabrían los dos grupos), mi balanza se inclinó un poco más a favor de los antitaurinos (también aquí cabrían los dos bandos): me pareció un espectáculo más bien barbárico, y sentí una profunda compasión por los toros de esa tarde.
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El secreto del éxito

julio 14 de 2016
Pese a que han pasado más de cuarenta años, todavía tengo fijo en la memoria el recuerdo de una de las enseñanzas más útiles que he recibido. En uno de esos 'paquitos' que yo, niño, devoraba con fruición (comiquitas las llaman en otras partes), uno de los protagonistas de la historieta recibe un paquete que esperaba con ansias, lo abre y saca del interior un libro sobre pedido cuyo título bien podría ser el precursor de los perogrullescos manuales de 'auto-ayuda' que hoy saturan los estantes cercanos a las cajas registradoras de los supermercados: Cómo hacerse rico. Loco de desesperación, el personaje empieza a leer esa suerte de piedra filosofal impresa. Pero la felicidad dura poco: el único párrafo del libro pronto le da la 'clave': "Acuéstese y levántese temprano, trabaje mucho, ahorre lo más que pueda, y sobre todo no gaste su dinero en libros estúpidos como este".
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Maluma presidente

julio 07 de 2016
Me imagino que, igual que todo el mundo en este país, al reguetonero Maluma le gustaría ser Presidente de la República. Sin embargo, la cosa no es tan fácil: si él o Sergio Fajardo o James Rodríguez o el 'Hombre Caimán' o ustedes, amables lectores, o yo, quisiéramos lograrlo, además de cumplir con los requisitos constitucionales, también tendríamos que vérnoslas nada menos que con la curtida, canchera, corrupta y criminal clase política colombiana. Es tan difícil salir victorioso de ese trance que ni siquiera pudo conseguirlo Óscar Iván Zuluaga, un reputado y prestigioso ex ministro que, por si fuera poco, contaba con el formidable apoyo del político más popular y poderoso del país.
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La maldición de la Copa América

junio 30 de 2016
Borges, ese argentino tan paradójicamente atípico y representativo de su país, no sólo me consideraría un estúpido por ser amante del fútbol, sino que también ridiculizaría esa extraña devoción que, así como tantos otros, profeso por el sistema decimal. Devoción que acaba de hacerse patente con la fascinación que me produjo el hecho de que la Copa América –conocida hasta 1967 como Campeonato Sudamericano de Selecciones- haya alcanzado los 100 años de antigüedad.
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El par de joyitas

junio 26 de 2016
Tomado del muro de Samuel Rosales Ucrós/ Qué par de señoras tan dañinas estas. No comentan nada o casi nada de lo firmado, sino que, con el único fin de torpedear el proceso de paz, se dedican a la frivolidad, a las irrelevancias, a la especulación y a los chismes. Que pusieron a Timochenko al nivel de Bachelet, dice la señora Hernández, antes de insinuarnos que el proceso es una farsa, porque un líder local de Tutunendo así lo opina. ¿Será que la presidente de Chile no está lo suficientemente crecidita para saber si está dispuesta a que la sienten al lado de Timochenko y decidir si va o no va al evento? ¿Qué diablos le importa a esta señora Hernández eso, si a la directamente implicada en el asunto por lo visto no le molestó en lo absoluto?
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¿Chao Pekerman?

junio 23 de 2016
Como siempre he sido alérgico a la mayoría de comentaristas deportivos colombianos, durante el Mundial de Francia 98 preferí sintonizar el canal de televisión brasileño Bandeirantes. Al principio, aparte de eludir las ridículas teorías de Carlos Antonio Vélez o las perogrulladas de Javier Hernández Bonett, sólo buscaba acompañar las imágenes con la emoción que le imprime el tono de un buen locutor, así no entendiera nada de lo que decían. Pero ya para el final del torneo, gracias al cercano emparentamiento entre los dos idiomas, y al minucioso seguimiento que hice de los partidos, me di cuenta de que podía comprender casi todo lo que allí narraban o comentaban.
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El enfermo imaginario

junio 16 de 2016
Calculo que yo tendría unos diez o doce años cuando me sucedió el incidente -si es que eso se llama así- de hipocondría más antiguo que recuerdo (aunque con seguridad antes hubo muchos más). Ocurrió mientras veía un 'enlatado', una serie gringa ochentera de esas que pasaban los sábados por la mañana. En la historia, un niño más o menos de la misma edad que yo tenía entonces enfermaba hasta el punto en que requería de la ayuda de un pulmón de acero. Era la primera vez que yo oía acerca de la existencia de ese aparato, pero por el hecho de padecer desde siempre un miedo irracional a enfermarme, deduje de inmediato para qué servía. Y, como ya a estas alturas lo deducirán ustedes, esa mañana me invadió la absoluta certeza de que yo también lo necesitaría, si bien no necesariamente en el curso de ese día -aunque tampoco lo descartaba-, sí en el futuro cercano, a pesar de que jamás había tenido el menor problema de salud relacionado con los pulmones.
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