Cordialmente, Mike

febrero 23 de 2017
Algunos se fueron porque no tenían cómo sobrevivir en éste, el país de las inequidades. Otros, decidieron hacerlo para probarse. No pocos salieron huyendo de algo o de alguien. Muchos, los conozco, fracasaron en su intento de partir para escapar de sí mismos; nadie puede hacerlo. Son los emigrantes colombianos que decidieron establecerse en Estados Unidos, alrededor de dos millones de personas con lo sueños puestos en el país grande, en el centro del mundo, en la tierra de las oportunidades.
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Mucho menos que menos malo

febrero 22 de 2017
Se ha dicho que la democracia es el mal menor de cuantos males se han inventado para hacer viable la convivencia de los conglomerados humanos. Aunque lo más deseable sería no tener Estado ni gobiernos, es justo afirmar que sin un sistema político construido sobre la autoridad pública, en lugar de la civilizada anarquía -en su acepción más veraz y positiva-, nuestra incorregible insensatez y nuestra sed de sangre terminarían extinguiendo a la humanidad en pocos años.
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¿A dónde de van?

febrero 22 de 2017
Luego del desastre que supuso nuestro más reciente ejercicio democrático, pletórico en bajezas y emociones oscuras, surgieron no pocas voces provenientes del bando perdedor que entre lágrimas anunciaban su irrevocable decisión de abandonar el país que los había defraudado por última vez. No eran, los emigrantes inminentes, personas cansadas de la falta de oportunidades, decididas a buscar fortuna en otras tierras, dispuestas, por ejemplo, a embarcarse como polizones en algún barco de carga, y a apostarle sus últimas cartas a la concienzuda limpieza de baños en La Florida.
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Ese día llovió y nada más

octubre 11 de 2016
Una parte del país discute con cierto fervor, menguado a ratos por la necesidad de atender los asuntos cotidianos, sobre las razones y consecuencias de la pírrica victoria del No en el plebiscito del domingo pasado. Una parte, digo, porque la inmensa mayoría de ciudadanos de este país de ciudadanos a medias no entendió, no entiende y no le importará entender el tamaño de su responsabilidad en lo que ha ocurrido.
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La palabra más extraña del mundo

septiembre 14 de 2016
Procrastinación, la palabra más extraña del mundo. Es la feliz costumbre de postergarlo todo. Salvo psicopáticos ejemplos, la personalidad humana tiende a dejar las cosas importantes para después. Incluso quienes se ufanan de su rigidez mental y de sus calvinistas maneras procrastinan todo el tiempo. Las tareas, los descansos, los encuentros, los adioses, las confesiones, los perdones, las confrontaciones, los pagos, las victorias, las conmociones, las aniquilaciones, las rebeldías, urgencias que confían al porvenir. Mañana. Cinco minutos más. Cuando se acabe el partido. El año entrante. Cuando cumpla 40. Un día de estos.
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Por lesbiana

agosto 17 de 2016
El debate en el Senado sobre las dichosas cartillas que propiciaron las multitudinarias marchas de los desinformados, de los engañados, de los temerosos, de los intolerantes, de los energúmenos, de los homófobos, pareció la escena de un juicio de una de esas películas B hechas para la televisión de Estados Unidos. Una escena larga protagonizada por una caterva de orangutanes mal vestidos y mal hablados haciendo esfuerzos para articular más de dos palabras seguidas: i-deo-lo-gía de gé-ne-ro, se les oía mascullar a los humanoides ansiosos. Porque aunque el partido de la acusada es mayoría en este esperpento que solemos llamar Parlamento, la presencia de los acusadores se sintió más, como si el vaho de sus alientos hubiese bastado para viciar todo el aire del saloncito republicano. Qué horroroso espectáculo.
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Facebook no sirve para hablar

agosto 03 de 2016
Por supuesto que esto de estar conectados por obra y gracia de la tecnología tiene sus ventajas. Uno se entera, avisa, opina, discute, se burla, critica, pero sobre todo, se esconde. No hay nada más impune que una persona que dice algo sin dar la cara. Tal vez por eso es que millones de personas se atreven a la aventura de la expresión en internet. Ya no existe la prevención implicada en la exhibición, el control derivado del temor antiguo a los ojos del otro. Las redes sociales fomentan la multiplicación de los vociferantes. Las personas que se ocultan detrás de sus pantallas están, por primera vez, desinhibidas, seguras, valientes, y suponen que ese nuevo estado favorece el viejo arte de la conversación. Se equivocan.
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