La palabra más extraña del mundo

septiembre 14 de 2016
Procrastinación, la palabra más extraña del mundo. Es la feliz costumbre de postergarlo todo. Salvo psicopáticos ejemplos, la personalidad humana tiende a dejar las cosas importantes para después. Incluso quienes se ufanan de su rigidez mental y de sus calvinistas maneras procrastinan todo el tiempo. Las tareas, los descansos, los encuentros, los adioses, las confesiones, los perdones, las confrontaciones, los pagos, las victorias, las conmociones, las aniquilaciones, las rebeldías, urgencias que confían al porvenir. Mañana. Cinco minutos más. Cuando se acabe el partido. El año entrante. Cuando cumpla 40. Un día de estos.
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Por lesbiana

agosto 17 de 2016
El debate en el Senado sobre las dichosas cartillas que propiciaron las multitudinarias marchas de los desinformados, de los engañados, de los temerosos, de los intolerantes, de los energúmenos, de los homófobos, pareció la escena de un juicio de una de esas películas B hechas para la televisión de Estados Unidos. Una escena larga protagonizada por una caterva de orangutanes mal vestidos y mal hablados haciendo esfuerzos para articular más de dos palabras seguidas: i-deo-lo-gía de gé-ne-ro, se les oía mascullar a los humanoides ansiosos. Porque aunque el partido de la acusada es mayoría en este esperpento que solemos llamar Parlamento, la presencia de los acusadores se sintió más, como si el vaho de sus alientos hubiese bastado para viciar todo el aire del saloncito republicano. Qué horroroso espectáculo.
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Facebook no sirve para hablar

agosto 03 de 2016
Por supuesto que esto de estar conectados por obra y gracia de la tecnología tiene sus ventajas. Uno se entera, avisa, opina, discute, se burla, critica, pero sobre todo, se esconde. No hay nada más impune que una persona que dice algo sin dar la cara. Tal vez por eso es que millones de personas se atreven a la aventura de la expresión en internet. Ya no existe la prevención implicada en la exhibición, el control derivado del temor antiguo a los ojos del otro. Las redes sociales fomentan la multiplicación de los vociferantes. Las personas que se ocultan detrás de sus pantallas están, por primera vez, desinhibidas, seguras, valientes, y suponen que ese nuevo estado favorece el viejo arte de la conversación. Se equivocan.
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Rebelde con causa (una lección de cómo se protesta)

julio 14 de 2016
Empecé a escribir esta columna con la idea de abordar el tema del paro camionero, que completa un mes y que ha generado pérdidas por 1 billón de pesos. Quería hablar de la degeneración de la protesta social, de la manera en que los politiqueros y monopolistas utilizan a los conductores de carga, y de las razones por las cuales las acciones que entorpecen el abastecimiento de alimentos se pueden catalogar como terroristas.
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Una carta de amor

junio 28 de 2016
Tomado del muro de Jorge Muñoz Cepeda/ Se ha ido perdiendo la costumbre de escribir cartas. La imposición del lenguaje sintético, surgido de la revolución de los medios electrónicos, ha relegado a rincones escondidos las cartas en las que se puede decir todo. Ya ni los más viejos se comunican así. Por eso, esta carta de amor que comparto con ustedes, encontrada por casualidad entre mil papeles, me parece un buen pretexto para reivindicar este género tan hermoso que se va diluyendo con el tiempo. La copio textualmente omitiendo el lugar, la fecha y la firma del enamorado, para proteger su identidad y la de la destinataria. También omito las comillas, ya que con esta introducción me parece obvia la procedencia del texto. ¿Es posible el amor si se expresa de esta manera? Que sus ojos sean los que juzguen.
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