Para vivir, muero

noviembre 25 de 2015
La privación parece ser la moneda con la que compramos el tiempo. Para pagar las cuentas, hipotecamos nuestra libertad, nuestra tranquilidad, y con frecuencia, nuestros principios, encerrándonos por años en oficinas y bodegas, en consultorios y despachos, en locales y cubículos, mirando el reloj mientras corremos para no llegar tarde en la mañana, soportando el aliento rancio del jefe que vocifera exigiendo resultados, rumiando nuestra soledad en el trancón interminable de las cinco, que es una metáfora de la vida que se empeña en transcurrir a los trancazos.
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Agassi abierto

octubre 25 de 2015
Sería predecible que un día como hoy dirigiera mis pocas luces y mis escasas palabras al interesante tema de la política, teniendo en cuenta que hoy elegimos servidores públicos locales en Colombia. No obstante, asumo en su lugar el abordaje de algo harto más difícil. A mis manos ha llegado el libro de memorias de André Agassi, uno de los más importantes tenistas de la historia del deporte, quien decidió acopiar fuerzas y valores para contar, con la misma destreza y desenfreno de su juego, la vida suya, que bien puede ser la vida de unos cuantos que conozco.
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El cobarde

septiembre 27 de 2015
Augusto sabe que no es un cobarde. No es por cobardía que no sale a enfrentar al energúmeno dueño del apartamento en el que vive, un hombrecillo sombrío que le exige a gritos que abra, que pague la deuda, que sea hombre, que empaque sus cosas y se largue. Cuando sintió el primer golpe en la puerta, Augusto se encerró en el baño y allí permanece acurrucado en el suelo, temblando, con las dos manos tapando sus orejas y el corazón amenazando con romperle el pecho. Si alguien pudiera verlo así, postrado por el miedo, patético, reducido, no pensaría que no es el temor el que lo ha obligado a esconderse, sino la piedad.
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Fumo, luego no existo.

septiembre 20 de 2015
Me siento en la banca de un parque solitario y miro en todas las direcciones para constatar que no hay ninguna persona sospechosa: una anciana, una pareja llevando de la mano a su pequeño hijo, un amante del deporte en sudadera y zapatillas de correr, una ama de casa -bolsa en mano- paseando a su perro peludo, un vendedor de paletas. Cuando parece que por algunos minutos estaré a solas en medio de este oasis urbano, me atrevo a sacar del bolsillo el paquete de cigarrillos y así, a hurtadillas, casi con vergüenza, enciendo uno de ellos con los ojos cerrados, saboreando cada bocanada como si fuera la última, ejerciendo a solas mi anacrónico hábito de dinosaurio. Este parque, que hasta hace poco era el territorio natural de los marihuaneros, ahora es la única parte en la que se puede fumar en paz.
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