El cobarde

septiembre 27 de 2015
Augusto sabe que no es un cobarde. No es por cobardía que no sale a enfrentar al energúmeno dueño del apartamento en el que vive, un hombrecillo sombrío que le exige a gritos que abra, que pague la deuda, que sea hombre, que empaque sus cosas y se largue. Cuando sintió el primer golpe en la puerta, Augusto se encerró en el baño y allí permanece acurrucado en el suelo, temblando, con las dos manos tapando sus orejas y el corazón amenazando con romperle el pecho. Si alguien pudiera verlo así, postrado por el miedo, patético, reducido, no pensaría que no es el temor el que lo ha obligado a esconderse, sino la piedad.
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Fumo, luego no existo.

septiembre 20 de 2015
Me siento en la banca de un parque solitario y miro en todas las direcciones para constatar que no hay ninguna persona sospechosa: una anciana, una pareja llevando de la mano a su pequeño hijo, un amante del deporte en sudadera y zapatillas de correr, una ama de casa -bolsa en mano- paseando a su perro peludo, un vendedor de paletas. Cuando parece que por algunos minutos estaré a solas en medio de este oasis urbano, me atrevo a sacar del bolsillo el paquete de cigarrillos y así, a hurtadillas, casi con vergüenza, enciendo uno de ellos con los ojos cerrados, saboreando cada bocanada como si fuera la última, ejerciendo a solas mi anacrónico hábito de dinosaurio. Este parque, que hasta hace poco era el territorio natural de los marihuaneros, ahora es la única parte en la que se puede fumar en paz.
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Paraísos insoportables

septiembre 13 de 2015
Es bien sabido que la belleza es intolerable. Las cosas que nos anuncian la perfección –esa condición tan inhumana– son después de poco tiempo imposibles de asumir. La hermosura, la simetría, el sosiego, el placer, son regalos que buscamos afanosamente desde la infancia, pero, cuando podemos experimentarlos, unos instantes son suficientes para que se conviertan en una carga insostenible. El Paraíso no está hecho para nosotros.
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¿En verdad no odias a nadie?

septiembre 06 de 2015
La civilización no es posible sin control y el control se ejerce desde la cultura, que es su arma principal. Parece ser que los conglomerados humanos organizados comprendieron pronto que para que la especie sobreviviera era necesario poner límites estrictos a la expresión libre de sus impulsos primitivos. Freud lo explica, reduciendo esas tendencias fundamentales a dos: el Eros y el Thanatos, que no son otra cosa que las dos caras de nuestra esencia, estas ganas nuestras de amar y de matar.
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Espejismos

agosto 30 de 2015
En su memorable discurso de aceptación del Premio Nobel, Gabriel García Márquez se refirió a la desaforada realidad de América Latina, representada en hechos que parecen pertenecer a la ficción más delirante; esta suerte de sino estrambótico, dice nuestro maestro, hace que dependamos muy poco de nuestra imaginación para poder explicarnos y para poder explicarles a los otros de qué está hecha nuestra soledad.
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