¿Es bueno el privilegio?

julio 10 de 2016
Por Matilde de los Milagros Londoño/ Vivir en una ciudad tan diversa como Nueva York me ayudó a entender algo primordial: los privilegios nunca han sido algo bueno en sí -de hecho, son la confirmación de la desigualdad- sino que son una oportunidad (y más importante aún, una responsabilidad) para que los privilegiados nos eduquemos bien. Y al decir “bien” no me refiero a ir al colegio o a la universidad -instituciones clásicas por donde todos los privilegiados pasamos ilesos y de donde salimos, casi siempre, con el mismo nivel de inconsciencia social con el que entramos-, me refiero a educarnos con el propósito de construir y aportar al mundo que nos rodea.
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Jep Gambardella, yo quiero tu fracaso

julio 10 de 2016
Por María Angélica Pumarejo/ Y cuando ya pensaba que el abanico de los grandes personajes del cine estaba listo de repente me estalla frente a los ojos Jep Gambardella. Una figura como casi ninguna, con el dulce gesto de quien lo ha visto todo, ha fracasado en todo y sin embargo se ilumina con las formas de la belleza, que son todas, que es ninguna, acaso solo las que se arman adentro como ilusión por encontrarla.
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Los niños no leen porque tienen el uniforme roto

julio 04 de 2016
Por Carlos de la Hoz Albor/ Hemos de creer que la escuela también hace posible muchas verdades. Esta, por ejemplo: la mayoría de los seres humanos nos pasamos la vida buscando grandes respuestas para los males que nos aquejan sin saber que es la observación minuciosa de los pequeños detalles la que nos permite vislumbrar la salida a nuestras dudas e inquietudes. Digo esto sin pretensiones de sentencia y más como una tierna lección que me fue dada aprender gracias a la costumbre de no conformarme con lo que me sugieren las apariencias y asumir el acercamiento a la vida y el alma de los niños como el único libro que el maestro nunca debe privarse de leer.
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Sermón para ateos y agnósticos: No debéis juzgar a los religiosos

junio 28 de 2016
Por John William Archbold/ Nadie debe juzgar a los religiosos, aunque ellos se sientan dueños del báculo que les permite reclamar sujeción sobre el mundo. En esos casos vale la pena obedecer a Jesucristo y recordar lo que dijo a sus discípulos mirando pasar a los fariseos: “De modo que haced y observad todo lo que os digan; pero no hagáis conforme a sus obras” (Mateo 23:3). Hay que profesarles el amor que ellos predican, aunque sigan ejerciendo el diabólico odio que a todos los humanos nos emerge en el sudor; hay que respetarlos como los semejantes que son, aunque ellos sigan sin concordar con el libre albedrío que a todos nos ha concedido su Dios.
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Apuntes sobre el éxito y el fracaso

junio 27 de 2016
Por Francisco Tedeschi/ Hoy me he levantado con una combinación de sentimientos, mezcla de molestia, tristeza, decepción y bronca. Así me fui a dormir anoche luego de patearme la derrota de la selección de Argentina en la final de la Copa América con Chile (tercera final perdida consecutiva, segunda en seguidilla por penales tras sendos 0-0). Después de ver llorar a moco tendido a Lionel Messi, no aguanté más y apagué el televisor. Sabía lo que se venía. Apoyé la cabeza en la almohada pensando en lo triste que es ver a un triunfador tan hecho mierda porque según una cantidad enorme de subnormales es un fracasado.
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El mundo fue y será una porquería

junio 20 de 2016
Por G. Jaramillo Rojas/ Con Cambalache pudo haberse edificado, argumental e hipotéticamente, la que sería la primera canción Punk de la historia. Su franca crítica social, nihilismo exacerbado y su caos desesperanzador no tienen mucho que envidiarles a los fundadores “formales” de este género por allá en los años 70s en esa turbia Inglaterra medio monárquica y muy industrial. Si bien los Sex Pistols argüían God Save The Queen referenciando la imposibilidad que tenía la reina de salvarse de la anarquía y cuya única e irónica “protección” vendría del lejano reino de los cielos, Enrique Santos Discépolo (E.S.D.) con su inmortal canción nos sugiere un temprano God Save The World, como una suerte de sortilegio arrojado al río del azar para que sea su deriva la que guíe la imposible redención de esa estentórea condena que es el vivir solos y en sociedad.
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