Parece ser que la corrección política de los tiempos que vivimos hace que lo obvio sea indecible o que esté, por lo menos, bajo la amenaza de una lluvia de críticas. Eso es violencia mental y espiritual: aquellos que se oponen a las falsas emociones de la corrección política prefieren, al final, callar. 

Miremos estos dos ejemplos. El lunes 3 de abril, una mujer judía ortodoxa, Sarah Halimi, médica de 66 años, fue arrojada por una ventana a su muerte por un hombre africano de 27 años. Era su vecino. Según los testigos, cuyo testimonio aún no se ha confirmado, el hombre, que la había estado hostigando con insultos durante varios días, gritó "¡Allah akbar!" mientras la arrojaba. El silencio de la prensa francesa ante el hecho fue elocuente. Ningún medio importante destacó la noticia que era explosiva en el ambiente preelectoral francés: un musulmán asesinando a una judía.
Era políticamente incorrecto informar que fue un crimen de odio y que la religión -muy posiblemente- tenía algo que ver; los medios prefirieron resaltar que se debió al efecto de las drogas o a que el joven tenía una enfermedad mental. La gran prensa calló,.
El 10 de marzo una juez británica llamada Lindsey Kushner condenó a un hombre a prisión por la violación de una joven. Hasta ahí, los cauces normales. Como la víctima estaba ebria y tomando drogas en el momento en que fue violada, la juez, para su desgracia, comentó en el fallo:
Como juez creo que no es mala idea decirles a las mujeres que deben tomar medidas para protegerse. Pueden hacer lo que les guste, pero por favor tengan en cuenta que hay hombres por ahí, que gravitan hacia una mujer que en algunas condiciones es más vulnerable que otras”
Esas palabras le valieron a la juez una acusación de querer culpar a la víctima por lo sucedido. Un grupo llamado Ending violence against women señaló:
Cuando los jueces, básicamente, culpan a las víctimas por violación, lo que sugieren es que la cantidad de alcohol que una mujer bebe o lo que aspira, es parte de lo que causa la violación; le quitamos la responsabilidad al hombre que lo hizo”.
Suena bien lo último, pero no parece lógico en el contexto del caso: el violador fue condenado a seis años de prisión, una pena severa según las leyes británicas. Pero la juez, por haber hecho una generalización sociológica, fue objeto de una avalancha de críticas. Simplemente dijo que la embriaguez hace a las mujeres más vulnerables a los violadores (y sin duda a otros depredadores), y que por lo tanto debían ser cautelosas acerca de estar borrachas en público. Si hubiera dicho que la borrachera hace a las personas más vulnerables a robos, quizás no hubiera sido tanto el escándalo.
Tenemos aquí dos casos de corrección política llevada al extremo. En el primero, un asunto de silencio, porque es incorrecto políticamente señalar la religión de la víctima y el victimario como causa determinante del crimen. Preferimos evadir el asunto e irnos por los lados, buscando explicaciones mas allá de las evidencias. También, claro, guardar silencio para evitar revivir acusaciones de racismo o dar razones a opciones que sugieren mano dura con por ejemplo, la inmigración por razones religiosas. Baste recordar que, con los recientes atentados en Paris, Marine Le Pen se limitó a indicar que debían cerrarse las fronteras para proteger a los franceses, lo que le valió que sus opositores, indignados, le acusaran de buscar réditos electorales del atentado. Sin embargo, lo cierto es que una comunidad quedó preocupada: los judíos, que han visto crecer en los últimos años la xenofobia latente en la sociedad francesa.
En el segundo caso vemos que una observación, en mucho inocente, y para la mayoría llena de sentido común, le valió a la juez una acusación de responsabilizar a la víctima por lo sucedido. Para fortuna de elló no tuvo muchas consecuencias: estaba próxima a jubilarse y la cosa no pasó de la indignación en las redes.
Nuestra época es una época de gente furiosa, indignada, presta a devorar al prójimo en nombre de la corrección política. Dispuesta a matar con su silencio, (“El cobarde con el silencio” nos recordó Oscar Wilde en un poema) o con sus palabras (“El valiente con una espada”). En estos tiempos nuestra sociedad es sorda a los demás: queremos sangre y ser saciados. Ha llegado el tiempo de la furia.
 
Imagen: Playa Girón -Pintura de Oswaldo Guayasamín tomada de:
http://www.capilladelhombre.com/index.php/obra/la-edad-de-la-ira/93-playa-giron
 
 
 
 
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