Este país que quiere parecer del primer mundo se sigue enconchando en sus miedos y en sus sinsabores, se revuelca con regocijo en el fango de república bananera y cada día se va pareciendo más a un estado islamista. Sólo así se explica que más de dos millones de compatriotas hayan firmado la solicitud de un referendo para despojar a los niños sin hogar del derecho a ser adoptados por familias con una conformación distinta a la clásica de padre y madre. Sin embargo, apareció nuestro honorable Congreso, un villano habitual, a vestirse inesperadamente de héroe y salvarnos la papeleta.


La desventurada iniciativa nació de la pareja conformada por el poco lúcido Carlos Alonso (un padre ejemplar) y la falsa moralista Viviane; consistía en agregar al artículo 44 de la Constitución un parágrafo que rezaría: “La adopción es una medida de protección al niño que busca garantizarle el derecho a tener una familia conformada por un hombre y una mujer”. ¡Vaya ironía! Según Profamilia, un 46% por ciento de las familias colombianas no están conformadas por San José y la Virgen María, sino que el niño recae al cuidado exclusivo de la madre o de la abuela, entre otros muchos modelos de familia distintos de los que la senadora Morales considera como único y correcto.
Su teocrático odio contra personas que entiendan su sexualidad de una manera distinta les lleva a cometer la crueldad de despojar a los niños del derecho a crecer amados. Nada nuevo bajo el sol, el odio (seguramente justificado) a las Farc llevó a millones a votar en contra del derecho de millones de niños a no estar condenados a tirar plomo (y morir) en un monte per secula seculorum. En eso se nos ha convertido nuestra pseudo democracia, en una tiranía de las mayorías contra los derechos de las minorías. No demoraremos en decretar la pena de muerte a los habitantes de la calle, a los drogadictos y a los lisiados, y ya entrados en gastos, también a los viejos, a los maricas y a los negros.
No me cabe la menor duda de que, de materializarse el referendo, la senadora hubiera ganado en las urnas gracias a una avalancha de millones de votos teledirigida desde los púlpitos de los templos. Los acontecimientos políticos de los últimos años me han hecho perder buena parte de la fe que tenía en este país; esta sociedad cristiana, morronga y excluyente ha decidido anclarse en ese pasado que nos ha traído este oscuro presente y que no augura un brillante futuro. ¿Cuál es el exitoso modelo de sociedad que se pretende defender? ¿Esa exclusividad de criar hijos por parejas heterosexuales nos ha llevado a tener mejores ciudadanos, mejores estructuras sociales, mejores seres humanos? ¿Los homosexuales, esos “monstruos pavorosos”, no salieron de machitos y susanitas? Un país con la degradación moral del nuestro no puede continuar escupiendo para arriba.
Yo la verdad no entiendo muy bien qué les duele, ¿Cuál es la rasquiñita? Pareciera que les van a quitar a sus hijos para que los adopten “aberrados” de la comunidad LBTGI, porque es que ni rajan ni prestan el hacha. Al menos en congruencia esperaría una fuerte campaña de todas esas iglesias y pastores para que la caridad cristiana inspire a las “perfectas familias” a adoptar masivamente a los miles de niños sin hogar; ese sería un mejor destino del dinero del diezmo que ciegamente pasa a engrosar los bolsillos del pastor. Al final todo radica en ese cainismo colombiano de joder al otro porque sí, porque no es puro como yo. Si no te gustan los gais, no te cases con uno, pero vive y deja vivir.
Todos esos que firmaron -aquellos que se quejan de las reformas tributarias y de los impuestos que muchas veces evadimos y no pagamos- no tuvieron en cuenta que la bobadita nos iba a costar 280.000 millones de pesos, algo así como dos años del programa Ser Pilo Paga. El problema de la adopción en Colombia es hacerla más expedita, menos burocrática, pensar más en los niños, fomentar un verdadero acceso a los derechos en vez de estar negándolos.
Ahora la incongruente senadora, como mala perdedora, anuncia un plantón para proteger la dictadura de esa mayoría, y mientras nos desgastamos en este circo inquisidor los verdaderos problemas del país siguen ahí: la corrupción, la mala salud, la pésima educación, la violencia, etc. Pero no, los cocos resultan ser el castrochavismo y los gais, buuuhhh ¡Qué miedo!.
Extrañamente por estas latitudes, y como excepción, el episodio parece tener un final justo y feliz, y no me queda (al menos por esta vez) sino aplaudir a los Padres de la Patria que conformaron la comisión que hundió la insensata propuesta y protegió el derecho de la hija lesbiana de la senadora a adoptar un menor si así lo desea, el derecho de miles de niños a salir de un círculo de indiferencia y desprotección, y también le permitió a Viviane Morales la posibilidad de que esa hija la haga abuela; y, de carambola en este mes de la Virgen y de las madres, me devolvió un poco de esa fe perdida en esta tierra llena de hijos de Tuta.
 
Imagen tomada de Revista Semana.