La noticia pasó algo desapercibida, preocupados como estábamos en temas o polémicas más urgentes y vendedoras, como las declaraciones de Uribe en Grecia. El domingo 11 de junio, en medio de una profunda crisis económica, se celebró un referendo no vinculante, donde se le preguntó a los puertorriqueños entre las siguientes opciones para redefinir la relación de Puerto Rico con los Estados Unidos: Independencia, convertirse en el estado 51 de la Unión Americana, o continuar con la figura de Estado Libre y Asociado (oficialmente The Commonwealth of Puerto Rico en inglés). Ganó, por abrumadora mayoría la estadidad defendida por el actual gobernador, Ricky Rosello, del Partido Nuevo Progresista (PNP), partido defensor desde los años 70 del siglo pasado de la total integración de Puerto Rico a los Estados Unidos.


No es la primera vez que se le pregunta a los puertorriqueños por el estatus de la isla; de hecho, es la quinta vez que se realiza una consult de esta naturaleza. En las anteriores había ganado por márgenes estrechos la continuación de la figura del Estado Libre Asociado, creación del político y gobernador Luis Muñoz Marin, mediante la cual el país conserva cierta autonomía política y jurídica, mientras sus ciudadanos son nacionales de los Estados Unidos. Su partido, el Popular Democrático (PPD), defiende esta opción hasta hoy, en mayor o menor medida. La independencia como opción política nunca ha gozado de gran popularidad en la opinión pública boricua, pese a las voces internacionales que muestran al país como colonia de los Estados Unidos, lo cual ha inspirado poemas y canciones de denuncia de artistas como Pablo Neruda -que llamó a Muñoz Marín “Judas desangrado”-, Daniel Santos, Rafael Hernández Marín y Pablo Milanes.
Además de no vinculante, el referendo tuvo una baja participación, por lo que no se espera que tenga un efecto jurídico práctico. Sin embargo, el Congreso Federal de Estados Unidos tiene la última palabra en cualquier cambio en la condición política de la isla.
En cualquier caso, los vientos no son favorables en Washington. Desde el hecho de integrar a un estado con grandes necesidades presupuestales y urgido de dinero, hasta que los puertorriqueños son en gran medida partidarios de los demócratas, lo cual no es del todo bien visto por el Congreso dominado por los republicanos. Integrar una masa de votantes demócratas a las elecciones americanas no les suena muy favorable.
Como sea, esta situación no detuvo al gobernador Rosello, quien anuncio la creación de una comisión para que el Congreso americano valide los resultados del Plebiscito. “En cualquier democracia, la voluntad expresada por la mayoría en un proceso electoral debe prevalecer siempre”, apuntó. “Sería altamente contradictorio que Washington exija democracia en otras partes del mundo y no responda al derecho legítimo de la autodeterminación ejercida hoy en el territorio estadounidense de Puerto Rico”, agregó.
Detrás del resultado está la opinión de muchas personas que piensan que la actual crisis económica de la isla es consecuencia de su condición territorial. Eso es en parte cierto: el fuerte endeudamiento sin pausa de gobiernos anteriores, junto a la supresión de beneficios federales en 2005, ha llevado al país al borde de una cesación de pagos, lo que, unido a la incapacidad jurídica del Estado para declararse en bancarrota, ha significado llegar a un callejón sin salida, a una recesión que dura ya 10 años, que ha causado que cerca de 350.000 puertorriqueños abandonen la isla cada año, agravando la crisis económica y social del país. Solo hasta el año pasado, mediante la Ley Promesa, se pudo ofrecer una alternativa jurídica para renegociar la deuda en un plazo de un año. Con la elección de Donald Trump, y su negativa a apoyar un rescate económico para Puerto Rico, la idea de la estadidad tomó fuerza.
El resultado del referendo puede verse como la frustración de la sociedad puertorriqueña frente a la grave crisis económica. Algo hay que hacer para frenar esta crisis y esta sangría interminable, señalan los ciudadanos de a pie. El gobernador Rosello tiene en sus manos una herramienta que le puede ayudar a conseguir mayor ayuda del Congreso Federal, y así sacar al país del atolladero en que se encuentra. La eventual integración de Puerto Rico, en cualquier caso, tendrá que esperar, y la relación ambivalente de los boricuas con los americanos continuará; una de mis tías. residente en Ponce, lo expresó de manera elocuente: “Mira sobrino, el Puente Moscoso conecta el aeropuerto de San Juan con la ciudad. Es una obra de mostrar, bellísima, diez kilómetros de maravilla. Recién inaugurado pusieron las banderas de EE UU y Puerto Rico; algún funcionario, en un arrebato patriótico mandó a quitar las banderas americanas, y se comenzó a fregar el país. Los puertorriqueños no saben vivir sin los americanos”. Creo que al final, mi tía es una sabia.

(Imagen tomada de www.diariolasamericas.com)