No no no. Nada de eso. No hay nada de cierto en lo que he visto posteado más de una vez por ahí en las redes sociales. ¿De dónde sacan que María Fernanda Cabal tuvo esa equivocación de confundir a Rusia con la U.R.S.S. a propósito? ¿De dónde sacan que fue una "burrada bien pensada"? ¿De dónde sacan que sólo lo hizo para tener un pantallazo de varios días? Nada de eso.


Es cierto, sí, que la crucificamos. Nada raro: en este clima de odio generalizado en el que está sumergida Colombia hoy el que resbala cae. Y, ya caído, le caen. Le caemos. Con más razón si quien resbala es alguien que destila insensibilidad, veneno y arrogancia por todos los poros. (Aunque, pensándolo bien, no es nada diferente a lo que hacemos también con las reinas de belleza, cuando ellas salen con sus disparates. Y entonces, viéndolo desde ese punto de vista, nos habríamos quedado cortos con Cabal: una cosa es lo que podría esperarse de las declaraciones de una jovencita recién salida del colegio en un momento de gran nerviosismo, y otra lo que se le tendría que exigir a la intervención, en un debate cotidiano, de una congresista curtida en apariciones públicas y profesional de una de las mejores universidades de Colombia).
Cualquiera comete un error, de acuerdo. Aun uno tan notorio como creer que sigue vigente una unión de estados que desapareció hace más de 25 años, confundir -además- a uno de esos estados con la unión completa y, finalmente, suponer que allí -en el uno o en la otra- persiste un régimen comunista o socialista.
Cualquiera comete un error, repito, pero confieso que yo no he hecho sino reírme de esa monumental metida de pata ("la Unión Soviética", ja ja ja): poco faltó para que escribiera una carta abierta al pueblo macedonio incitándolo a que, como Alejandro Magno podría volver gais a los niños con el mal ejemplo de sus comportamientos homosexuales, derrocara a su rey. Y como cualquiera comete un error, no tiene nada de raro que lo haya cometido ella, que no será Maduro, de acuerdo, pero que a juzgar por el resto de sus declaraciones públicas tampoco parece estar muy lejos de él. Al menos intelectualmente hablando.
Por lo tanto, tratar de ver una estrategia publicitaria en un error que fue cometido en una frase casi inaudible, pronunciada casi al pasar, como susurrada, como si fuese la lección recitada de memoria por el mal estudiante que trata de estudiar la noche anterior al examen final lo que no estudió en todo el año, es concederle a esa señora unos atributos de los que carece, no por exceso de escrúpulos, sino por escasez de materia gris.
Además, ¿para qué lo haría? No tiene ninguna necesidad. Ella es una de las que 'pone Uribe'. Y ya se sabe lo que eso significa. Y tampoco es que el Centro Democrático necesitara en ese momento de una cortina de humo para tapar alguna de las bellezas de actos en los que permanentemente está involucrado. No: para eso ya tienen la más efectiva cortina de hierro del Twitter de Uribe, sitio virtual en el que permanecen, por voluntad propia, las mentes de todos sus seguidores.
Una "cortina de hierro". Caramba, creo que nunca me había salido una metáfora tan apropiada como esta.⁠⁠⁠⁠

(Imagen tomada de https://assets.change.org)