Un fantasma persiste en el mundo; esta paráfrasis de las primeras líneas del Manifiesto Comunista no es sobre comunismo, sino sobre Adolfo Hitler. Hace 72 años de su muerte, y la mera mención de su nombre infunde temor en los corazones de quienes discuten y detiene el debate. Ya en 1989, en los comienzos del internet, el abogado Mike Goodwin había captado algo en las discusiones en USENET y enunció lo siguiente: “A medida que una discusión en línea se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis tiende a uno”.


Existe de hecho una figura retórica conocida como la reductio ad Hitlerum que forma parte de las falacias Ad hominem, y es una de las más poderosas: cualquier idea o propuesta que Hitler dijo o hizo es suficiente para desacreditarla. Así, por ejemplo, se dice que Hitler era vegetariano, por tanto, debe ser malo ser vegetariano. Lo absurdo de esta figura retórica salta a la vista, pero dudo que muchas personas, al calor de una discusión, no se hayan privado de usarla. El enunciado de Goodwin es una muestra de ello: en la medida en que la discusión se alarga, la aparición de la comparación con Hitler o el nazismo (que es en realidad lo mismo, ya que sin Hitler no habría habido Tercer Reich) es casi inevitable.
Últimamente, la reductio ad hitlerum se han puesto de moda en los Estados Unidos: para descalificar las políticas del gobierno, las comparaciones de Trump con Hitler abundan. Las hay cabalísticas, como aquellas que señalan que Trump es de origen alemán y nació el mismo año que Hitler murió, como aquellas proféticas que recuerdan que el New York Times señaló que al ascender al poder los nazis se volverían más moderados porque el sistema político alemán tenía sus contrapesos. Hoy los catastrofistas de turno señalan que se está diciendo lo mismo de Donald Trump. Así como Hitler fue moderado en su discurso al ser nombrado Canciller, hoy se señala que Trump ha moderado su discurso, mas no sus promesas de construir un muro o deportar tres millones de indocumentados. El meollo aquí es que no se ve relación entre Trump y Hitler más allá de una argumentación falaz ad hominem, por encima de falsedades evidentes: Trump nació en 1946, y Hitler se suicidó en 1945.
Esta figura retórica tiene su variación en Colombia. Alguna vez de manera jocosa comenté que en Colombia, en los últimos años, las discusiones terminaban en pelotera citando a Álvaro Uribe o a sus seguidores como buenos o malos; “uribestia ignorante”, “seguidor de las narcofarc”, fueron algunos de los amables comentarios que recibí. El último caso fue con el episodio de los fanáticos de James Rodriguez insultando el Instagram de Arjen Robben; al final, alguien escribió: “Uribistas HP, sigamos esta discusión en el Instagram de Uribe”, junto con las nada amables respuestas.
Puedo concluir que en Colombia Uribe sustituyó a Hitler, y ahora resulta que en vez de Hitler debemos decir Uribe. Tentador, muy tentador pero absurdo. Algo va de decir: “La mentira en Colombia se debe medir en uribes”, una frase retorica que atribuyen al escritor Fernando Vallejo, al nombrar a Uribe como forma de descalificar algo, como ya se ve en algunos memes y columnas de opinión. Pareciera que las redes han generado una reductio ad uribem, pero no tiene todavía fama mundial, una variación de la ad hitlerum.
Si hay un argumento positivo de la autoridad (es correcto hacer algo porque X lo hizo) hay también un argumento negativo de la autoridad (es malo porque X lo hizo). Usar un argumento de autoridad sirve para demostrar cualquier cosa: Hitler era un enemigo del tabaco, por tanto, debe ser bueno fumar. Descalificar algo, al señalar que Hitler o Uribe lo hizo, al final no demuestra nada. Los hechos, los actos, simplemente son buenos o malos, por aquel que los ve.
Creo que fue Marx quien citó a Hegel así: “Hegel dice en alguna parte que la historia se repite dos veces. Le faltó agregar: primero como tragedia y después como farsa”, es decir no se repite y no puede repetirse exactamente. La reductio ad uribem (o ad hitlerum) es un argumento de analogía, y las analogías son inexactas. El razonamiento histórico analógico no se puede eliminar por completo, por lo tanto, se debe usar con juicio, discreción, discernimiento y cuidado. La historia no enseña consecuencias, al final solo describe hechos; así como es peligroso ignorarla por completo, debe usarse con mesura.
Si usted insiste en combatir espectros, puede ser víctima de monstruos.