El 2 de Noviembre de 1975, un joven de 17 años llamado Pino Pelosi fue invitado por un individuo cincuentón de gafas oscuras a subir al vehículo que éste conducía, y se dirigieron a una playa solitaria de Ostia, en las Cercanías de Roma. Lo que siguió a continuación ha sido objeto de especulaciones, investigaciones periodísticas y policiales, rumores de conspiración, y extravagantes teorías de complot. Lo único cierto es que al final, el hombre de 53 años estaba muerto después de una brutal golpiza y de ser arrollado varias veces por su propio vehículo. La investigación policial que siguió señaló la responsabilidad única de Pelosi en el crimen, quien ante la propuesta del cincuentón de mantener relaciones sexuales con él, reaccionó con furia matando al que era posiblemente uno de los más grandes intelectuales italianos de la Posguerra: Pier Paolo Pasolini.


Auténtico hombre del Renacimiento en el turbulento siglo XX, PPP, fue novelista, poeta, director de cine y teatro, pintor a ratos, crítico literario y cinematográfico, y un agudo observador de la vida social y política de la Italia de su tiempo, de una irreductible independencia. Odiado por la ultraderecha por sus posturas comunistas que defendió desde joven, por la Iglesia Católica por su ateísmo, por los comunistas por su independencia, era un individuo complejo: En él convivía un amante de la tradición religiosa católica con un ateísmo sin pausa. Hijo de una maestra y un policía que le salvó la vida a Benito Mussolini, creció en una familia de militares con pretensiones aristocráticas que lo llevó a ser miembro de la resistencia, un rebelde y declarado comunista, que denunciaba los rezagos del Fascismo en Italia. Crítico, y a la vez amante de la vida doméstica, era además un homosexual de costumbres calificadas por sus contemporáneos de licenciosas, y que le valieron denuncias por inmoralidad en la Italia de los 50 y 60. Amante del arte, buscaba siempre la compañía de muchachos jóvenes sin mayor educación formal, con los que se sentía cómodo y buscaba educar.

Aproximarse a su obra, a casi 40 años de su muerte, tiene muchas lecturas. Era católico, ateo, comunista y homosexual, algo que puede resultar incomprensible como las conexiones entre la Biblia y Sade que encontramos en su obra pero a las que precisamente responde y la hace singular. Leyó como fascista a Fidel Castro y vio encarnado el despotismo pequeño burgués en el Che Guevara a quien consideraba “drogado por la Revolución” que seguía citando en 1962 a Stalin luego del informe de 1956 donde Kruschev denunció sus crímenes; hoy Guevara es un mito popular y Pasolini parece haber caído en el olvido. Ironías de la historia.

Su trabajo artístico incluyó diferentes campos: Destacable es su obra cinematográfica que incluye filmes tan sobresalientes como Medea, Pocilga, Saló, Teorema, Accatone, la Trilogía de la vida  -Decamerón, Los Cuentos de Canterbury y Las mil y una noches-, la extravagante Apuntes para una Orestíada africana, le ha dado un lugar definitivo entre los grandes creadores de su época, no solo por la belleza de sus imágenes, sino por su variedad temática que se presta a múltiples lecturas: Así, pese al rechazo inicial del Vaticano, su Evangelio según Mateo, es hoy considerada una de las más hermosas películas de cine religioso que se ha realizado. Teorema, a través de la imagen del visitante que destruye una familia, puede verse como una metáfora de los deseos no realizados, una presencia religiosa , una búsqueda de Dios (“Incluso a través de la homosexualidad”, como señaló) o simplemente, la locura que subyace en una típica familia de provincias. O la transposición de ideas religiosas, marxistas y freudianas que tanto gustaban al autor.

Su poesía, la mayoría de la cual se reunió en español bajo el título de una de sus obras La Religión de mi tiempo, es en esencia un manual para ser independiente y disidente. En ella hay una total falta de pudor, un elogio a la diferencia, del derecho a disentir, a la esperanza, a la vida sencilla, y también una poesía política llena de momentos de gran ternura:

Allí yaces, señalado con adusta elegancia no católica, en el elenco de los extraños muertos: Las cenizas de Gramsci... A la esperanza y a la vieja desconfianza te acerco, caminante sin rumbo en esta flaca tierra. (Las Cenizas de Gramsci)

El PPP político, se presta hoy a muy diversas lecturas. Como ya se ha señalado, fue miembro del partido comunista desde joven, hasta que este, tan moralista como la sociedad que atacaba, lo terminó expulsando. Desde esa época, desarrolló una independencia que le valió el rechazo de muchos sectores de la sociedad.

La gran pregunta es: ¿Tienen vigencia sus ideas y obra hoy? La respuesta es sí. Pasolini no solo fue el gran cineasta de su generación en Italia, sino también uno de sus mayores poetas. Llamaba a sus películas «cine-poemas». Fue un intelectual incómodo e incalificable, un erudito lingüista, filólogo y teórico de la literatura, además de un humanista que manejaba con soltura varias lenguas y se movía cómodo en el mundo de la filosofía, el materialismo histórico, el psicoanálisis, la antropología cultural y la historia del arte o de las religiones, lo que le hace prácticamente incomparable con ningún otro intelectual del siglo xx.

Hay que señalar que su obra es, en esencia, la obra de un autodidacta, lo que da mayor mérito a su trabajo. Y si quedan dudas, ahí están los ejemplos: Hace pocos días, leí una noticia que señalaba que una empresa de jugos naturistas y orgánicos de jóvenes contestatarios y en la onda ecologista había sido adquirido por la más grande multinacional de bebidas, pese a las protestas de algunos clientes, y las comunicaciones de la empresa, garantizando su independencia e ideas, la clientela no estaba particularmente entusiasmada. Todo lo anterior me recordó la célebre postura de Pasolini con las revueltas de Mayo de 1968, cuando este, de manera sorprendente se alineó con la policía, “porque eran hijos de campesinos sin opciones, mientras que los revoltosos eran unos bufonescos hijos de papi con tiempo libre, que después se harían cargo de la empresa familiar”. Como de hecho sucedió, y sigue sucediendo ahora.

Sí, Pasolini sigue vigente: En su última entrevista, horas antes de morir, señaló: “Aspiro que mires a tu alrededor y te des cuenta de la tragedia. ¿Cuál es la tragedia? La tragedia es que ya no hay seres humanos sino máquinas que chocan entre ellas.”

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