Cooperstown es un pueblito del centro del Estado de Nueva York, fundado por el juez William Cooper, padre del novelista James Fenimore Cooper, quien escribió la que se considera la primera novela auténticamente norteamericana, titulada El último de los mohicanos. De esta novela Borges diría, refiriéndose a su calidad, que era “un Eduardo Gutiérrez americano inferior a nuestro Eduardo Gutiérrez”. Pues bien, las atracciones principales de este lugar son un museo dedicado al escritor, el Museo de los Granjeros, pero sobre todo, el Hall de la Fama del Baseball, donde se guarda la memoria de este deporte y se honra a sus grandes estrellas. Para un beisbolista, no hay honor más grande que ser miembro de este selecto grupo de elegidos. ¿Se preguntarán por qué está ese salón allí? Bueno, la respuesta es en parte leyenda y en parte comercio. En su creación en 1937, por un empresario hotelero, se reivindicó que el béisbol había nacido en los campos de Cooperstown, un siglo antes (1839), gracias a que su creador, un teniente llamado Abner Doubleday, que se encontraba comisionado en ese lugar.

El béisbol junto con el baloncesto, en su versión moderna, son considerados los únicos deportes verdaderamente norteamericanos. Sin embargo, en el caso del baloncesto, creación del profesor de secundaria canadiense James Naismith, es posible encontrar juegos de canastilla similares en Suramérica o Europa, por lo que la afirmación de su origen puede ser discutida. No es así en el caso del Béisbol que salvo los juegos de bate y pelota existentes en Inglaterra, no conservan mayor relación con el juego que hoy conocemos.

Como en muchos mitos, se discute la idea que Doubleday inventó el béisbol, y que tampoco fue en Cooperstown. Todo parece indicar que en efecto, no existe relación entre Cooperstown y Doubleday con el béisbol. Sin embargo, la leyenda continua y de hecho se ha alimentado. Se dice, por ejemplo que el béisbol se juega en el sentido contrario a las manillas del reloj porque Doubleday era zurdo y quería dar una ventaja real a los zurdos.

Hoy es posible ir al Hall de la Fama, pedir un computador y escribir: Colombianos en Grandes Ligas. La respuesta, según la fría estadística de hoy, es 17 (11 de Cartagena, 2 de pueblos del Departamento de Bolívar, 3 de Barranquilla y uno más de origen desconocido).

Que Cartagena es la ciudad beisbolera de Colombia nadie lo discute. Un amigo mío hizo un agudo comentario afirmando: “En Barranquilla cualquier potrero es una cancha de fútbol y en Cartagena el colegio más sencillo tiene una cancha de béisbol bien cuidada.” Tiene toda la razón y por ello el dominio de Bolívar en el béisbol es indiscutible, y solo Barranquilla puede medio oponer algo de resistencia: Edgar Rentería es de lejos el mejor grande liga colombiano, pero hasta ahí. El béisbol profesional en Colombia en cualquier caso todavía conserva su eje principal entre Barranquilla y Cartagena. Muchos jóvenes hoy se preparan en las ligas menores esperando emular las hazañas de sus ídolos deportivos, como quiera que se llamen. Siguen un sendero que –de acuerdo a la estadística- comenzó en el lejano 1902, con un beisbolista llamado Louis Castro, quien dijo ser colombiano.

Castro hizo historia, y mucha, debutando el 23 de abril 1902 para los Atléticos de Filadelfia, equipo de leyenda dirigido por Connie Mack. Solo jugó un año para luego desaparecer del béisbol dejando muchas hipótesis, ¿pero usó el nombre Luis o Louis?, ¿era en realidad, colombiano?. Si así fue, ¿es entonces el primer jugador suramericano en las Grandes Ligas? ¿Dónde nació? ¿Por qué no siguió jugando? Son solo algunas de las muchas preguntas que rodean el legado, la vida y la muerte de Castro.

"Según el cuento popular, Luis Castro nació en Colombia en 1876 y comenzó a jugar béisbol a los 17 años. De alguna manera llegó a los Estados Unidos, eventualmente lanzando para Manhattan College por tres años, para Utica en 1898, Atlantic City en 1900, y en la Liga Estatal de Connecticut en 1901. Firmó contrato con el legendario piloto de los Atléticos Connie Mack como jugador de cuadro en 1902 y pegó .245 en 42 partidos para Filadelfia." (http://www.baseball-reference.com/players/c/castrlu01.shtml)

Castro jugó menos de una temporada en las Grandes Ligas. Fue más que suficiente para convertirse en la figura mítica e enigmática que es hoy."He oído hablar de él, jugó para los Atléticos de Filadelfia como en el 1903", contó una vez Orlando Cabrera, quien junto a Edgar Rentería son los más conocidos beisbolistas colombianos en las Grandes Ligas. Y añadió: "no supimos mayor cosa de él sino hasta finales de los años 90 en Colombia”.

Como muchos enigmas, no del todo resueltos, hay gran variedad de hipótesis. Se dijo que Castro realmente no era colombiano, sino venezolano y que estaba emparentado con el dictador Cipriano Castro, que cuando quiso decir Colombia se refería a Columbia, bien sea el distrito o algún pueblo americano de ese nombre. Algunos otros hablaron de un posible origen panameño. Los investigadores que han revisado los censos americanos señalan su fecha de defunción como el 24 de Septiembre de 1941, después de vivir muchos años en Flushing, Nueva York, y en todos se especifica su origen simplemente como Colombiano. Sin embargo, algunos datos que son sorprendentes: Se señala que Castro consiguió ser reconocido como veterano de las Grandes Ligas en 1937 y un censo en Georgia de 1910 describe un Luis Castro como nacido en Medellín, Colombia, en 1876, y casado con la misma señora que figura en su acta de defunción.

Un momento, ¿el primer Grande Liga colombiano y latino era un antioqueño? Pues, aunque suene a herejía, es posible. Yo añado que a favor de semejante hipótesis el hecho de que siendo el Béisbol en 1902 cerrado a los negros y asiáticos, los beisbolistas que llegaban debían ser blancos y nada como un antioqueño andariego para vender camellos en el desierto o jugar un deporte que no conocía. En información adicional de censos y relaciones de embarque se encuentra que en 1885 un barco salió de Colón, Estados Unidos de Colombia, y dos de sus pasajeros eran Nelson Castro de 50 años, su esposa Inés Vásquez y su hijo Luis de 8 años y declaran ser de nacionalidad colombiana. Destino final, Nueva York. Se sabe que Castro en algunas entrevistas indicó que su padre era banquero en Medellín, Antioquia, que emigró a Estados Unidos porque tuvo dificultades con el gobierno de turno, nunca especificó cuál gobierno, y en su carta de naturalización en 1917 indicó que su lugar de nacimiento fue Medellín, Colombia, el 25 de Noviembre de 1876. Hay que decir también que Castro, en documentos posteriores, señaló que era nacido en Nueva York, sembrando mayor confusión en sus datos y cuestionando su propia veracidad.

En términos estrictos esto es lo que se sabe. Faltaría encontrar en Colombia la partida de nacimiento de Luis Castro, el supuesto antioqueño que en 1902 firmó un contrato para jugar la segunda base con los Atléticos de Filadelfia y desapareció sin dejar mayores señas. Todo un misterio. Todo un honor si en verdad se demuestra que era colombiano. Hay que decir que todo este misterio y las dudas que existen alrededor del mismo hacen que Castro sea cuestionado por algunos historiadores deportivos como el primer latino que jugó las Grandes Ligas, o al menos el primer suramericano en las Grandes Ligas.

El béisbol se alimenta de estadísticas pero también de leyendas. Desde los famosos Yogismos -muchos de los cuales no dijo- del recientemente fallecido Yogi Berra, pasando por las historias y mitos alrededor de Babe Ruth o Lou Gehrig, o el idilio entre DiMaggio y Marilyn Monroe. Y la gran mayoría de los colombianos no sabe que en béisbol tenemos nuestro propio mito: Luis Castro. Misterio y leyenda.

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