La campaña por la elección de alcalde de Barranquilla ha resultado aburrida, obvia y predecible. Desde que se anunció la candidatura de Alejandro Char, quien aspira regresar al cargo, la campaña cayó en un notable desinterés. Todas las encuestas le dan un 70% de votación y su único adversario ronda entre un 8 y 12%, de allí que lo único interesante haya sido las adhesiones que Char haya podido conseguir para consolidar su proyecto político. Una campaña que se puede resumir en “lo hice bien, lo están haciendo bien y lo vamos a seguir haciendo bien”. De allí que no existan propuestas concretas sobre los temas que, según las encuestas, preocupan a la ciudadanía. El candidato ha dicho que se seguirá recuperando el centro de la ciudad, se continuará el desarrollo del Malecón del Rio y del Sector de La Loma, igual continuará la recuperación de parques y la pavimentación de las vías, de otra parte va a aumentarse el pie de fuerza para disminuir la inseguridad, hacer la segunda etapa del Transmetro (¿?), seguir resolviendo el eterno problema de los arroyos, desarrollar políticas inclusivas para la paz y reconciliación, mejorar la movilidad, mejorar la cobertura en salud.

A veces tengo la sensación que a muchas de las soluciones planteadas les hace falta audacia y una visión en grande de ciudad. Más de una vez he visto, tanto en los gremio como en las autoridades, una visión enana de ciudad, pero con todo y esta crítica puntual, debo reconocer que el impulso es el correcto.

Es cierto que con las dos últimas administraciones Barranquilla recuperó un impulso que había perdido en las últimas tres décadas, y la percepción de que las cosas han mejorado – y han mejorado- se siente en la ciudad. Sin embargo, aunque suene obvio, aún quedan cosas por hacer que ya deberían estar resueltas hace rato. Hablo en particular de los aspectos de movilidad, integración social, salud y vivienda, situaciones que son propias de la ciudad por las características del Área Metropolitana, la evolución poblacional de los municipios que forman parte, y los requerimientos que estos solicitan.

Siendo muy general en los datos, la población de Barranquilla, en los últimos 30 años creció aproximadamente un 35% por debajo del crecimiento poblacional de Bogotá (85%) Medellín (90%) o Cali (un 70%), lo cual daría a entender que esta podría enfrentar más fácilmente los retos de este crecimiento que las anteriores. Una simple mirada alrededor serviría para desmentir esta afirmación: aún se ve mucha pobreza, hay una gran informalidad laboral, y mucha necesidades básicas insatisfechas, al decir de los economistas. Hay cifras que señalan el alto crecimiento industrial, como aquellas que señalan que se pierde dinamismo, niveles bajos de desempleo, y una alta informalidad laboral. Ante estas diferentes miradas, cabe preguntar: ¿qué está pasando?

La respuesta está en lo que se mire: Barranquilla, o el área metropolitana de Barranquilla. Si se mira Barranquilla, se puede decir que se ha avanzado. Si se mira el Área Metropolitana, la respuesta es: no tanto.

El área metropolitana de Barranquillaestá confor mada, además de municipio que le da nombre, por Malambo, Galapa, Puerto Colombia y Soledad. En particular, en este último municipio están buena parte de las respuestas a la aparente contradicción en las cifras de desarrollo.

Soledad ha pasado de ser un municipio de 220 mil habitantes en 1985 a tener una población cercana a los 620mil habitantes en el 2015, lo que lo convirtió en el municipio de Colombia más grande que no es capital de Departamento, y en uno de los de más rápido crecimiento poblacional del país.

Según las estadísticas, nominalmente es más grande que Bucaramanga, Montería, Manizales, Pereira o Valledupar. El crecimiento casi sin control de Soledad ha llevado que haya sectores y urbanizaciones que se encuentran ubicadas una parte en Barranquilla y la otra en Soledad, sin que a la vista medie diferencia alguna. El Aeropuerto Ernesto Cortissoz y la Terminal de transportes Metropolitana, nominalmente de Barranquilla, se encuentran realmente en Soledad, para dar un ejemplo.

Aunque sean modernos y de mostrar (que por el momento no lo son) sus alrededores no contribuyen a dar una buena imagen de Barranquilla. Rodolfo Zambrano contó una vez que un empresario barranquillero prefería traer inversionistas internacionales, haciéndolos llegar al Aeropuerto de Cartagena, tomar la vía al mar, entrar por allí a Barranquilla, “porque esa es la única entrada decente de Barranquilla”.

No le falta razón. Quien llega a la Terminal de Transporte se encuentra con unas vías de acceso que es una calle de dos carriles llena de ventorrillos, puestos de fritos, hoteles de dos estrellas, polvo y huecos, como una muy transitada calle comercial de la ciudad, por la cual circulan, buses, taxis, camiones, motos, bicitaxis, sidecars, carros de mulas en un caos sin ninguna restricción. Como señalé arriba, la terminal de transportes, se encuentra en Soledad, municipio con necesidades mucho más urgentes que arreglar o ampliar kilómetro y medio de vías o imponer autoridad en ella.

El crecimiento desbordado de Soledad no ha ido de la mano de políticas públicas adecuadas de desarrollo, tanto a nivel local como nacional, que muchas veces simplemente han ignorado esta realidad. La falta administraciones eficientes que enfrenten esta situación, junto con una larga lista de escándalos políticos muy conocidos, ha llevado a que los indicadores económicos y sociales de Soledad (las llamadas necesidades insatisfechas) dejen mucho que desear. Soledad es hoy hervidero de informalidad, desplazados, tugurios, vías en pésimo estado, servicios públicos deficientes, malnutrición, más cercano a ciertas regiones pobres de África, que al sueño de hacer Barranquilla otro Miami.

Esta realidad no ha sido enfrentada en las diferentes esferas sociales: El desarrollo de Barranquilla no ha contribuido ni beneficiado a Soledad, pero si perjudica a Barranquilla, por las razones expuestas. No solo por la mala imagen que produce, sino por las diferentes razones arriba señaladas. De igual manera, no hay tampoco una adecuada coordinación dentro del área metropolitana, ente por momentos casi ineficiente, porque se enfrentan dos municipios relativamente grandes con necesidades muchas veces contrapuestas: Por ejemplo, si en Barranquilla, se cierra la inscripción de taxis, los empresarios del transporte, simplemente corren a registrar en Soledad o Puerto Colombia los vehículos, ya que esto es una fuente de ingresos. Dado que estos tienen permiso para circular en el área metropolitana, contribuyen a generar sobreoferta, aumentando el caos vehicular. Si se requiere desarrollar una infraestructura vial con dineros propios, es probable que el plan se dificulte, por las falta de dineros de alguna de las partes.

Un ejemplo clásico de esa falta de coordinación se observa en el mototaxismo. Mientras en Barranquilla este es perseguido, en Soledad es tolerado con la excusa de las necesidades de la población, y este al final aparece en algunas partes de Barranquilla. El progreso de Barranquilla pasa cada vez más por los municipios del Área Metropolitana. La zona de la calle 30, cubre los municipios de Soledad y Malambo, como la Cordialidad lo hace hacia Baranoa y Galapa, o el norte hacia Puerto Colombia. Eso sin incluir, el sector al otro lado del Rio, al corregimiento de Palermo, jurisdicción de Sitionuevo (Magdalena) ha comenzado a experimentar un gran desarrollo, que no va de la mano del progreso social. Este, en un futuro, debe integrarse al Área metropolitana, para enfrentar los retos que se presentan.

Es necesario que los Alcaldes electos trabajen juntos para reducir la brecha que existe entre Barranquilla y el resto del Área metropolitana. De alguna manera, las autoridades de Barranquilla, deben, con la ayuda del gobierno nacional, desarrollar un mini Plan Marshall que ataque las necesidades de una población cercana al millón de habitantes del resto del Área, y sus muchas necesidades básicas insatisfechas. Solo así se podrá atacar de raíz temas como la pobreza, la inseguridad, las necesidades en Salud, de estos municipios que terminan afectando a Barranquilla. Esta no puede quedar reducida a ser una tacita de plata en medio de un cinturón de villas miserias, como las llamo, ajena a sus necesidades. De allí que este texto, sea un llamado a los elegidos, para fortalecer como entidad Administrativa el Área Metropolitana, para enfrentar las necesidades no resueltas de cerca de un millón de habitantes, y trabajar de manera coordinada.

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