Sería predecible que un día como hoy dirigiera mis pocas luces y mis escasas palabras al interesante tema de la política, teniendo en cuenta que hoy elegimos servidores públicos locales en Colombia. No obstante, asumo en su lugar el abordaje de algo harto más difícil. A mis manos ha llegado el libro de memorias de André Agassi, uno de los más importantes tenistas de la historia del deporte, quien decidió acopiar fuerzas y valores para contar, con la misma destreza y desenfreno de su juego, la vida suya, que bien puede ser la vida de unos cuantos que conozco.

Con la colaboración del ganador del Pullitzer J. R. Moehringer, el dueño de ocho títulos grandes brinda al lector un testimonio honesto de su soledad, como si el aislamiento al que está condenado un tenista dentro de la cancha fuera una metáfora de la vida misma. Los aficionados al tenis siempre intuíamos al Chico terrible de las Vegas como un hombre talentoso, rebelde, por momentos superfluo, vanidoso, despreocupado por la victoria, capaz de renacer de sus cenizas en el ocaso de su carrera; era el alter ego de Sampras, el marido de Brooke, el que cambió la cabellera artificial por el look de pirata; no presentíamos que la simpleza de su carácter y la profundidad de su juego provenían de un alma atormentada, en permanente conflicto con su pasado, con su herencia y con el juego para el que siempre estuvo destinado y que despreciaba como a nada en el mundo.

Es inevitable preguntarse cómo un hombre famoso, exitoso y millonario, pudo haber tenido siquiera unos segundos para sumergirse en la rabia y la tristeza. Es ingenuo ese interrogante porque en él se asume que las circunstancias y sus expresiones materiales definen las probabilidades de algo tan complejo como la felicidad o el sosiego o la resolución de las carencias. Esa es una trastocación de los valores humanos muy común en estos tiempos en los que la felicidad se define a partir de los indicadores del Banco Mundial. Ser un hombre, tener conciencia de lo que ello significa y lidiar con esas certezas y esas incertidumbres es una misión que no se facilita –por el contrario, a veces se torna más ardua- con las aparentes comodidades de los afortunados. Desde la primera hasta la última línea, Open da cuenta, a la manera de un largo intercambio de pelotazos, de la contradicción, del amor y del odio que se debaten en el espíritu de un luchador obligado a serlo, de la desnaturalización del triunfo y de la dignificación de la derrota; es un libro que habla de la condición humana y no solo de una estrella que confiesa sus pecados.

En un deporte cuyo rey indiscutido es un atleta que parece provenir de las entrañas de los dioses, el testimonio de Agassi resulta vívido y necesario, audaz y honesto; su historia ha seducido a aficionados y neófitos que se ven reflejados en esta narración certera, escrita a la manera de las mejores crónicas del periodismo norteamericano. Invito a los lectores de Doble7, a los votantes de hoy y a los políticos que ganarán y perderán en esta jornada, a confrontarse con este texto tan sorprendente que se ha ganado en franca lid su categoría de best seller.

Recuerdo las lágrimas del ex número uno mundial al perder el último partido de su carrera y entiendo ahora que en ellas confluían los contradictores sentimientos de un hombre que no podía imaginar su vida en libertad, por fuera de la prisión del deporte que se lo había dado todo.

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