Se cumplen 30 años de la toma y retoma del Palacio de Justicia, y como todos los noviembres se activa de nuevo el cuentagotas de los detalles de cómo y por qué sucedió lo que sucedió. Y, claro, también el de los siempre tímidos, ambiguos y cínicos mea culpas. Este año el nonagenario expresidente Betancur adicionó estas cinco goticas de entre su océano de desaciertos y silencios: "Pido perdón si errores cometí". Y estuvieron -cómo no- las repeticiones: Antonio Navarro Wolff, en nombre suyo y del M-19, pidió una vez más su perdón respectivo, a pesar de que "yo no estaba en el país, y no tuve nada que ver, ni directa ni indirectamente, con esa operación".

Pero está también la tercera pata de este trípode, la cual, aunque ya pasaron tres décadas, ni siquiera por medio de un gotero suministra sus disculpas: las FF MM. Todo lo contrario: lo único que vemos, año tras año, es a militares declarando que todo lo que se hizo por parte del ejército fue adecuado y heróico, pese a a que, como todos los noviembres, vemos por TV la repetición de que no fue ni adecuado ni heróico, y oímos a un aterrorizado Alfonso Reyes Echandía implorando por su vida. Y también, como todos los noviembres, vemos y oímos al condenado coronel Plazas Vega -a quien una nueva raza de soldados de Facebook y guerreros de Twitter consideran un héroe- respondiendo, recién salido de su tanque de guerra, la pregunta de un periodista acerca de cuál era la decisión de las FF MM: "Mantener la democracia, maestro, (…) esto es un atentado contra la rama jurisdiccional".

Sí, sin duda fue un atentado contra la rama jurisdiccional: el M-19 secuestró a los magistrados y pretendía juzgar a nadie menos que al presidente de la república. Y para impedirlo, el "héroe" Plazas Vega, protegido por el blindaje de un tanque de guerra, encabezó el ingreso violento al Palacio, y a indiscriminadas descargas de artillería pesada acabó con cualquier cosa que se moviera a su paso. "A mi me dispararon y yo disparé", declaró sin pestañear el militar, inaugurando la primera rueda de prensa sobre los sucesos de ese día. Y a la pregunta sobre por qué no tuvo en cuenta la súplica del presidente de la Corte (Reyes Echandía, quien insistía en que los secuestradores querían negociar), dijo, con la mayor frescura, que él no sabía quién estaba adentro.

Vaya héroe. ¿A qué entró entonces? ¿A matar a todo lo que se le atravesara? Eso no es ser un héroe. Héroe es quien arriesga su vida por otro, no quien entra en un carro invulnerable repartiendo plomo para todos lados y causando de ese modo, directa o indirectamente, la sucesión de hechos que terminarían con la muerte de las personas que debía defender. Pero además, es lo contrario a un héroe un militar (un representante del Estado) que termina involucrado en la desaparición y asesinato de guerrilleros y civiles que salieron vivos del Palacio, y que debieron ser detenidos, interrogados, investigados, juzgados y -si fuese el caso- condenados, tal como lo dicta la democracia que él decía defender, y no torturados y ejecutados con tiros de gracia.

Cipote defensa de la democracia esa. La imagen del coronel Plazas Vega encabezando el inicio de la destrucción e incendio del edificio que representaba la Justicia, la Corte Suprema de Justicia, una de las instituciones de la democracia que él decía defender, no deja de ser una tenebrosa y elocuente metáfora. Eso fue peor -si cabe- que lo que hicieron los del M-19, quienes al fin y al cabo pertenecían a una agrupación subversiva, en guerra contra esas instituciones. Y sí, en efecto: fue, como bien lo definió Plazas Vega, un atentado contra la rama jurisdiccional, sólo que él también sería uno de los perpetradores.

Ahora bien, si nos hemos tenido que tragar tantos sapos, como -digamos- los indultos y amnistías al M-19, la Ley de Justicia y Paz de los paramilitares, e incluso la Justicia Transicional de las FARC (y quizás del ELN) que ya pronto nos habremos de tragar, no veo por qué, pese a todo y en aras de conseguir una paz más robusta, con la menor cantidad de resentimientos posible, no buscar un mecanismo jurídico que beneficie al coronel Plazas Vega (y de paso a Arias Cabrales). Que a través de, qué se yo, una recolección de firmas, como se pretende resolver todo ahora en este país, se le dé una amnistía, que se lo indulte, que se le apliquen unas penas reducidas...que se haga lo que sea para que su condena no sea injusta con respecto a la de los otros criminales de esta guerra, pero que a cambio de eso acepte su culpabilidad. Y que diga la verdad: que revele donde están los cuerpos desapacecidos, y de quién son y qué les pasó a los que aparecieron. Y que finalmente pida perdón a los familiares de las víctimas y al país entero.

Pero que no ande por ahí dándoselas ni del gran héroe ni del pobre mártir, porque aparte de que no es ninguna de las dos cosas, lo único que ha conseguido con esa cínica pose a lo largo de 30 años es que a estas alturas de la vida ya no pueda activar su propio cuentagotas, sino que le toque abrir sus esclusas a chorro.

Twitter: @samrosacruz, @OpinaElDiablo Facebook: Pame Rosales

Imagen tomada de Alchetron