Es difícil imaginar a François Truffaut dirigiendo una película sobre criminales americanos de los años 30. Pero esa era la idea original que tenían los guionistas Robert Benton y David Newman, autores de un guión sobre una pareja de jóvenes ladrones que “estaban enamorados y robaban bancos”, por lo que le presentaron el proyecto al director francés. Truffaut señaló que el guión le gustaba mucho; le recordaba trabajos suyos anteriores como Disparen sobre el pianista, pero ya se encontraba comprometido y en preproducción de Fahrenheit 451, por lo que declinó participar. Sin embargo, le comentó a Warren Beatty (ya una estrella con nombre propio en el Hollywood de la época) de la existencia del guión, y este pidió leerlo. Warren quedo asombrado, y pese a la resistencia de los grandes estudios que encontraban muy europea la propuesta, se decidió a producirla. Nació pues, en ese momento, desde su estreno el 13 de Agosto de 1967, una de las películas más influyentes de los últimos tiempos: Bonnie and Clyde.


El filme narra los años finales de la pareja conformada por Clyde Barrow y Bonnie Parker, a principios de los años 30, cuando la Gran Depresión golpeaba sin piedad a las familias que veían perder sus tierras en el sureste de los Estados Unidos por los embargos de los bancos. En esa turbulenta era nacieron delincuentes que alcanzaron forja de héroes populares, como Ma Baker, John Dillinger, Baby Face Nelson, o Alvin Karpis, al robar al que robaba a la gente. Se conocerían estos años (1930-1935) como la “era del enemigo público”. Nuestra pareja, de hecho, no era muy buena en su trabajo, y la persecución que sufrieron fue feroz, hasta su muerte. Lo que los hizo un mito popular es el hecha de que era una pareja de enamorados simpáticos, y que estuvieron juntos hasta su muerte. Al final, la película no era una historia de criminales, sino la historia de dos amantes contra el mundo. Si ha leído hasta aquí, y la historia le recuerda pasajes de cintas como El Padrino de Coppola, o Asesinos por naturaleza de Oliver Stone, no está desencaminado: ambos directores reconocieron la deuda que tenían con la cinta dirigida por Arthur Penn.
Aunque algo opacado por colegas de su generación, la filmografía de Arthur Penn incluye títulos como El milagro de Ann Sullivan, sobre la vida de Helen Keller, el western revisionista Pequeño gran hombre, y esa obra maestra que es La Jauría Humana. Pero por lo que es más recordado hoy es por haber dirigido de manera escrupulosamente fiel al guión, Bonnie and Clyde.
La película no puede verse como un documental; el guionista Robert Benton afirmó en varias ocasiones que la cinta es un acercamiento romántico a la vida de estos dos bandoleros, y la relación que tuvieron entre ellos. Clyde es un exconvicto dominado por su madre que se enamora de Bonnie apenas la ve. Bonnie es una chica infeliz que anhela vivir la vida a lo grande. Una vez juntos, nadie podrá separarlos. La historia se enriquece al introducir a Buck, el hermano de Clyde, y a su esposa Blanche; para Bonnie son una fuente de disgusto, ya que le impiden vivir la vida que sueña. Otro aspecto del relato es la impotencia de Clyde, que es incapaz de estar con una mujer, un guiño a los rumores sobre la homosexualidad del verdadero Clyde Barrow.
Un tema recurrente en el relato es el temor a la muerte. Bonnie echa del carro a un hombre que declara ser funerario (como anécdota, el actor era ¡Gene Wilder!). Su miedo se incrementa con la visita a su madre, en la cual la señora les dice que pasarán toda la vida huyendo y nada terminará bien.
Con sus técnicas europeas de la Nouvelle Vague, el uso de la elipsis narrativa, sus imágenes oníricas y las secuencias violentas, la cinta fue un gran éxito de crítica, y revitalizó al cine de Hollywood, pero fue controversial por la supuesta glorificación de asesinos. Un periodista del Chicago Tribune, harto de este especie de admiración hacia la vida criminal, el éxito de crítica, y la música pegajosa, buscó a los descendientes de las víctimas de Bonnie y Clyde, e inició una serie de crónicas que comenzaban con “Bonnie mató a mi padre” o “Ellos asesinaron a mi esposo, dejando huérfanos a tres hijos”. Pese a ello la cinta ganó dos Oscares y fue seleccionada en 1992 para preservación por la Biblioteca del Congreso de EEUU por ser “culturalmente significativa
Otro mérito de la cinta es su reparto. Warren Beatty es Clyde Barrow, y aunque su actuación es muy desigual, producto de sus limitaciones actorales, es uno de sus mejores trabajos (Beatty, junto con Kevin Costner, Mel Gibson y Clint Eastwood, son actores mediocres que han sido reconocidos por su talento como directores o productores). Quienes sin duda logran sobresalir son Faye Dunaway, quien nos presenta a una Bonnie entre decidida y frágil, Estelle Parsons como Blanche. la esposa gritona de Buck, el hermano de Clyde. Nerviosa, enervante y cruel en su papel, Parsons ganó el Oscar como mejor actriz de reparto. Gene Hackman se da a conocer como Buck Barrow en una actuación que le recibió gran aclamación, y lo llevó a papeles de gran calado como Popeye Doyle, en Contacto en Francia (1970), que le dio un Oscar como actor.
Cincuenta años después de su estreno, volvimos a ver a Faye Dunaway y Warren Beatty hacer el oso en la entrega del Oscar a la mejor película. Un sutil homenaje a una película sin la cual no existirían trabajos como La Pandilla Salvaje, El Padrino, Los Imperdonables o Los Infiltrados, y buena parte del cine de hoy. Presentada en los años turbulentos de la lucha por los derechos civiles, la cinta es un reflejo de la profunda crisis social, sexual, cultural y política de esos años, con sus imágenes inconformes y poco complacientes. “No sabíamos con qué estábamos conectando. Después de Bonnie and Clyde las paredes se vinieron abajo; todo lo que parecía construido en concreto armado empezó a derrumbarse”, señaló Arthur Penn. Cincuenta años no son nada para Bonnie and Clyde, que aún conserva el vigor que le hizo famosa, quizá, porque en los tiempos que corren,el hormigón también parece derrumbarse.
 
(Imagen tomada de http://www.cinealfilo.com)