Así como nuestro famoso pugilista Pambelé lanzó su frase obvia, pero no por eso menos cierta, de que es mejor ser rico que pobre, otro avispado lanzaría aquella de que es mejor nacer con estrella que estrellado. Esta última cae como anillo al dedo al director técnico de nuestra selección de fútbol: José Nestor Pekerman Krimen es un tipo al que la fortuna le sonríe.


No es ningún crimen tener suerte y estar en el segundo lugar de una disputada eliminatoria suramericana (la mejor del mundo), a pesar de que el rendimiento del equipo a lo largo de estas 15 fechas y 24 meses haya tenido más sombras que luces. Poco importará cuando tengamos el boleto a Rusia que (aún ganándole a un clasificado Brasil hoy) no hayamos superado a ninguno de los rivales de la parte alta de la tabla.
Con el líder Brasil fuimos claramente superados en el partido en tierras cariocas, cotejo en el que no fuimos capaces ni siquiera de sostener un inmerecido empate, logrado transitoriamente gracias a un afortunado autogol. Aún la memoria recuerda cómo Frodo Medina quedaba estático y petrificado frente a los conjuros de Neymar. Partido para el olvido.
Contra Uruguay el balance no es más alentador: un equipo charrúa sin sus dos letales arietes, Cavani y Suárez, nos pasó por encima en El Centenario de Montevideo, endosándonos un pesado 0-3. En la vuelta en Barranquilla, el defensa central Jerry Mina con un potente cabezazo rescató un punto a 7 minutos del final.
Frente a Chile empatamos dos veces. En Santiago jugamos un partido decente, pudimos ganar gracias a las buenas presentaciones de Muriel y Danel Torres. En el segundo duelo, según nuestro capitán James Rodríguez, el estado de la cancha conspiró para que nuestro tricolor no desplegara su mágico fútbol, como si la cancha fuera una para los chilenos y otra para los colombianos. Al final el calor de La Arenosa terminó fundiendo a los chilenos en el segundo tiempo: menos mal porque de otra manera nos ganan.
Contra la patria de nuestro entrenador el balance es perverso, hemos resucitado dos veces a Argentina. En el primer partido, sin Messi, nos ganaron 0-1 (marcador corto frente al pobre juego de nuestra selección). A la vuelta en Buenos Aires, ya con el mejor del mundo en la cancha, nos hicieron tres goles casi sin despeinarse. El balance contra los grandes del hemisferio es de 3 puntos de 21 disputados. ¡Paupérrimo!
Y entonces, ¿por qué estamos de segundos? Casi la mitad de nuestra renta (12 puntos) proviene de Bolivia y Ecuador. Contra los pupilos de Evo en la ida apareció un salvador Edwin Cardona en la última jugada, y en la vuelta -con nuevo gramado y el mismo fúbol soso- el árbitro nos dio una mano con un dudoso penalti al 81, convertido en dos tiempos por James. Frente a los vecinos ecuatorianos fuimos claramente superiores en ambos partidos, tal vez siendo el de Barranquilla el más redondo de la quincena disputada.
Cuatro puntos frente a nuestro némesis Venezuela y seis puntos con sendas victorias agónicas frente a Perú y Paruaguay completan nuestra cosecha. Alguien podría reclamar que a Perú le ganamos en la primera fecha 2 goles a 0, es cierto, pero no menos cierto que el partido estaba más para el empate peruano: si recordamos el gol de la tranquilidad de Cardona en tiempo de descuento proviene de un balón inca que sacamos de nuestra raya. En la visita a Asunción también fue Cardona quien nos dio los puntos, a quien le va mejor de revulsivo, entrando al final que desde el pitazo inicial.
La buena estrella de nuestro Míster no esconde sus falencias: escasez de trabajo, falta de reacción durante los partidos, demora en los cambios, protección de vacas sagradas, convocatorias mercantiles no basadas en criterios deportivos (Castillo, Berrío, etc.), lentitud del equipo, poca creación de oportunidades de gol, entre otras.   Sólo hemos dado la nota en 3 o 4 partidos de los 15, en el resto hemos reprobado.
Recuerdo que en la cuadra de mi infancia cuando alguien hacía trampa en el picao bolaetrapero, el resto de inocentes niños decíamos “la trampa sale”; sólo espero que la trampa futbolística que ha sido nuestra selección en esta eliminatoria, la afrenta que le hemos hecho a los dioses del fútbol no sea cobrada por ahora y que hoy, frente a Brasil, obtengamos un resultado positivo: el empate sirve para sellar la clasificación contra los guaraníes en casa.
Definitivamente, José Néstor está bendecido por un hada, ya quisiera el Tigre Gareca (con más méritos) tener la mitad de la suerte de su compatriota; ojalá que su estrella aún no se apague y su sonrisa de abuelito bonachón nos conduzca a las tierras de Tolstoi, de Dostoievski y de Pedro El Grande. Yo, mientras tanto, hago de rey mago y, dejándome guiar por su luz, ya me embarqué en la compra de los tiquetes a lo que será mi primer mundial.