Michael Derrick Hudson es un librero y archivista que trabaja en el Centro Allen de Genealogía de Fort Wayne, Indiana. Pero también, en su esencia, es un poeta. Como muchos artistas se enfrenta a la gran dificultad de ver su obra publicada más allá de sus círculos literarios, por lo que suele enviar sus poemas a diferentes revistas y encontrar en muchos de los casos un amable rechazo. Como él mismo cuenta, debe enviar 30 o 40 veces un poema hasta conseguir que sea considerado y publicado.

Bien, Hudson fue objeto de una agria polémica el pasado mes de Septiembre en Estados Unidos cuando se supo que un poema suyo iba a ser publicado con nombre falso en la edición 2015 de “los mejores poemas americanos” publicados en el 2014, pomposa selección realizada por el poeta y novelista nativo americano Sherman Alexie (Este detalle es importante, como se verá).

¿Cuál es la polémica? Hudson escribió un poema titulado “The Bees, the Flowers, Jesus, Ancient Tigers, Poseidon, Adam and Eve (que se puede consultar en el siguiente link: https://muse.jhu.edu/login?auth=0&type=summary&url=/journals/prairie_schooner/v088/88.3.chou.pdf), el cual, como señalo, envió a 40 revistas literarias con su nombre, siendo rechazada en todas ellas. En algún momento, por razones que no ha revelado, decidió continuar enviando el poema usando el nombre asiático de un antiguo compañero de colegio, Yi Fen Chou, hoy Ingeniero nuclear de Nueva York. Después de 9 intentos, finalmente “Prairie Schooner”, revista de la Universidad de Nebraska, acepto publicar éste y 4 poemas de Yi Fen Chou (Hudson). Este fue el poema que leyó el novelista Alexie, y que considero tan meritorio como para incluirlo en la antología. Hudson, enterado de la selección, le escribió a Alexie, revelando su verdadero nombre y las motivaciones que tuvo para cambiarlo.

Todo lo anterior, contado de forma muy resumida, ha originado una agria controversia sobre los estudios e investigaciones literarias, porque más allá de si Hudson hizo trampa (Parte también de la discusión, de hecho) lo que salta a primera vista es un fuerte cuestionamiento a los parámetros para seleccionar un poema por su calidad, ya que, de acuerdo a lo anteriormente señalado, no existen solamente parámetros literarios y en muchas ocasiones este no parece ser el principal.

En su blog Alexie reconoció que unos de los criterios de selección de su antología era dar “voz a poetas asiáticos, nativos y de color que han sido poco representados en el pasado” y que el poema le había llamado la atención por ser el autor chino-estadounidense. Enterado de esta situación estuvo tentado a sacarlo de la antología, por sentirse engañado, y “mi propio sentido de vergüenza”, pero que que pensó hacerlo era exponer y contaminar el resto de la selección, por lo que "Al final elegí cada poema en la antología, porque me encanta. Y negar mi amor por cualquiera de ellos es negar mi amor por todos."

Las respuestas de Hudson y Alexie originaron un fuerte debate en las redes y el mundo literario. Hubo voces que señalaron que Hudson había engañado a los editores y otras que defendieron su derecho a usar el nombre literario que a bien tuviera. Otros señalaron que no dejaba de ser un caso de “Yellow face” (Expresión despectiva que designa a Blancos que hacen suyos algunos valores asiáticos, con el propósito de caricaturizarlo o estereotiparlo); por parte hubo quienes respondieron que era perfectamente posible que así fuera, pero no había nada de despectivo. Otros vieron ese hecho como ofensivo, porque estaban aprovechando programas de acción afirmativa, y hubo quienes replicaron que los procesos de selección están contaminados y claramente prejuiciados contra los blancos, y la prueba era el poema mismo. Algunos más equilibrados, señalaron que la comunidad poética no puede tener dos criterios, que en ocasiones se revelan antagónicos: en busca de la diversidad, al final parece sacrificarse mérito y calidad. También hubo agudas observaciones, desde fuera de los estudios literarios -como la de un gerente de personal- que señalaron que el mayor error de Alexie fue suponer que el autor era chino estadounidense, solo por el nombre, sin entrar a verificarlo y “No hacerlo es entrar en una pendiente resbaladiza.”

Esta discusión no deja de ser un claro ejemplo de cómo los parámetros sociales y extraculturales han llegado a ser parte integral los estudios literarios, y que el Critico Harold Bloom agrupó bajo el nombre de “Escuela del resentimiento” la que el definía como “aquellas corrientes teóricas que en sus batallas por legitimarse han dejado en segundo plano lo que supuestamente valoran: la literatura, quedando ésta a merced de una cultura de masas “cuyo mayor criterio es la popularidad basada en las ventas.”

Dichas escuelas del "resentimiento" suelen caer en un paternalismo previsible según el cual las minorías no han sido capaces de generar su propia voz en la literatura -ésta tradicionalmente las ha presentado deformadas o simplemente las ha ignorado-, correspondiendo a estas escuelas darle al lector débil una lectura “políticamente correcta" de las cosas que, -obviamente, si el lector no sabe, acepta como válida-. Como resultado de lo anterior, se da como auténticamente valioso obras que por ser de minorías, poseen una calidad muy discutible.

Más allá de si Bloom tiene razón o no, en toda esta situación (y no es la discusión el objeto de este texto) Hudson hizo lo que muchos artistas deseosos de darse a conocer hacen: usó los medios que tenía a su alcance, literarios o extraliterarios, así algunos no sean los mejores o su conducta criticable, y en el camino dejó mal parados a muchos investigadores literarios, quienes tuvieron que usar Ingeniería verbal para justificar sus decisiones. Los estudiosos literarios pueden sentirse ofendidos por la situación presentada, pues hay un claro cuestionamiento a su trabajo, pero es triste descubrir que el arte ya no es arte de por sí y una obra ya no es simplemente bella porque se encuentra cada vez más condicionada (y ¿manchada?) por juicios que traspasan los límites de la experiencia estética. Creo que toda recomendación al final es válida, incluso la comercial, pero también que se debe huir de las descalificaciones o valoraciones más allá de la literaria. Al final hay que entender que la crítica literaria es, en esencia, una guía que debe tomarse con beneficio de inventario, pero el verdadero crítico -y el más importante- es el mismo lector. ¿Cómo llegarle? He ahí el eterno dilema.

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imagen tomada de The Wabash Watershed