Por: Santiago Llach

El balotaje que consagró como futuro presidente de la Argentina a Mauricio Macri, candidato del frente Cambiemos, puso fin a tres mandatos consecutivos del matrimonio formado por Néstor Kirchner (2003-2007, fallecido en 2010) y Cristina Fernández (2007-2015). La elección del 22 de noviembre constituye una novedad histórica y reconfigura la escena política argentina.

El kirchnerismo fue la cuarta o quinta encarnación del peronismo, el movimiento político populista fundado en 1945 por Juan Domingo Perón, un coronel surgido de un gobierno de facto. Ambicioso y contradictorio, el peronismo fue privatista durante las presidencias de Carlos Menem (1989-1999) y estatista durante las de los Kirchner; pero su poder de reinvención parecía un dato ineluctable del fatalismo argentino. El último cuarto de siglo, gobernado casi sin interrupciones por presidentes de ese partido, iba camino de convertirlo en una maquinaria imbatible similar al PRI mexicano. Sin embargo, cinco años casi sin crecimiento del PBI y doce de crispación institucional obturaron las chances de Daniel Scioli, el fallido sucesor que Cristina eligió a desgano pero que sus militantes terminaron abrazando con fanatismo melancólico.

Esta fue la tercera vez que un partido nuevo ganó elecciones presidenciales limpias en la historia argentina. En 1916 lo hizo la Unión Cívica Radical, hoy socia minoritaria pero crucial de Cambiemos, que entonces incorporó a los hijos de los inmigrantes europeos a la vida política. En 1946 le tocó al peronismo, responsable de integrar desde la política a los “descamisados”, mayoritariamente descendientes de los pueblos originarios de América.

En el transcurso de esos cien años, la sociedad argentina atravesó numerosas transformaciones. Pero en aquel 1916 la economía era próspera, y un siglo más tarde la historia muestra marchas y contramarchas que retardaron el camino del progreso. Pese a su riqueza natural y humana, suele decirse que Argentina es un país pendular, de oportunidades perdidas.

Mauricio Macri es hijo de un inmigrante italiano que hizo una enorme fortuna, originalmente con una empresa constructora que se benefició con importantes contratos estatales. Educado en el exclusivo colegio Cardenal Newman, el ingeniero Macri es un representante bastante típico de la clase alta de Buenos Aires. Después de trabajar en las empresas del padre y sufrir en 1991 un secuestro extorsivo por parte de una banda de policías, en 1995 Macri fue elegido presidente de Boca Juniors, el club de fútbol más popular del país. Sus doce años de gestión transformaron a un club mal administrado y poco exitoso en el club más reconocido de América Latina. La popularidad obtenida le permitió saltar a la política, donde luego de fundar en 2005 el PRO (Propuesta Republicana) fue elegidos dos veces alcalde de la Ciudad de Buenos Aires.

Aunque Cambiemos es en parte una incógnita (suele decirse que en la Argentina sólo el peronismo puede gobernar), muchos analistas lo caracterizan como un frente pro mercado. Es posible que este cimbronazo electoral represente la vuelta de los miembros de las elites socioeconómicas al servicio público. Esto se vio en el proceso eleccionario, en el que una cantidad nunca vista de voluntarios participaron como fiscales, lo que contribuyó a evitar las trampas del aparato peronista y, por tanto, al triunfo electoral. A diferencia de la

Generación de 1880, que construyó una Argentina próspera pero desigual y con un sistema electoral fraudulento, hoy los valores de la sociedad argentina y también los de Cambiemos son profundamente democráticos. El kirchnerismo le deja como herencia a Macri una economía estancada y con alta inflación, una educación en crisis y desarreglos institucionales --entre los que se destaca un instituto nacional de estadísticas inverosímil-- que han lastimado la confianza pública. Las deudas sociales son inmensas. Aun cuando el kirchnerismo implementó algunas políticas cuyo mantenimiento nadie pone en duda, la desigualdad y la pobreza son notorias, y la penetración del narcotráfico es visible en Buenos Aires y sobre todo en la ciudad de Rosario.

El desafío que afronta la coalición presidida por Macri es enorme. Pero, aun cuando la opinión está dividida, en muchos sectores hay un clima de esperanza. La lenta reconstrucción de la confianza, la flexibilización de una economía cerrada y la introducción de una mayor racionalidad en los procesos administrativos y políticos son algunas de las cosas que se esperan del futuro gobierno. La “larga agonía de la Argentina peronista” (tal como la definió el historiador Tulio Halperin Donghi) tuvo una fase convulsiva durante los gobiernos de los Kirchner; sobre todo, en el último mandato de Cristina. El inesperado triunfo de Cambiemos (no advertido por las encuestas hasta después de la primera vuelta electoral) abre un capítulo inédito en la historia política local. ¿Será otra fase más del largo ciclo de la ilusión y el desencanto en que se debate este país desde hace tanto tiempo? ¿O inaugurará, como muchos esperamos, un nuevo ciclo, que logre instalar un progreso sobre bases más duraderas?

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imagen tomada de AgenHoy