Desde el 23 de Junio de 2.016, las elecciones en lo que se llama el primer mundo han sido cualquier cosa menos aburridas. Reino Unido decidió salir de la Unión Europea; se repitieron elecciones en España, sin ganador claro; en noviembre Estados Unidos escogió como presidente a un outsider aficionado que ha vuelto patas arriba la política mundial; en mayo Francia ungió a un político de 39 años que rechaza etiquetas de izquierda o derecha y promete refundar el país; de nuevo en el Reino Unido se realizaron nuevas elecciones parlamentarias sin un resultado concluyente. Pareciera que el signo de los tiempos es la confusión y la destrucción del sistema político existente. De allí que la forma tranquila y predecible como transcurren las elecciones generales del 24 de septiembre en Alemania llame la atención, dada la importancia de este país en el mundo.


Desde su fundación en 1.949, como República Federal de Alemania (FDR), el sistema político alemán ha sido dominado por dos grandes partidos: la coalición de centro derecha de la Unión Cristiano Demócrata (CDU) y sus aliados bávaros de la CSU, y el partido socialista (SPD), ubicados a la izquierda del espectro político. Desde sus inicios hubo un tercer partido, de centro, un partido “bisagra” que fue clave en la formación de los gobiernos: los liberales del FDP cuyas posturas han ido evolucionando hacia posiciones de centro derecha, y hoy se identifica con ideales de liberalismo clásico. Este sistema ha ido mutando con el tiempo y ha permitido la aparición de otros grupos: Los Verdes (Die grunke), surgido a principios de los 80 del siglo pasado, años después del periodo que se conoció como “los años del plomo”; La Izquierda (Die Linke), surgido de la unión de antiguos dirigentes del partido comunista de la Alemania Democrática (DDR) y una disidencia del SPD a finales del siglo XX con la reunificación alemana; y por último, la llamada derecha alternativa, agrupada bajo el nombre de Alternativa para Alemania (AFD), que agrupa antiguos euroescépticos de los otros partidos, y que por su oposición a la integración de Europa y declaraciones supremacistas de sus miembros ha sido calificado de extrema derecha. A pesar se la variedad de opciones, si nos preguntamos el nombre del próximo canciller, las opciones se reducen a dos: Martin Schulz del SPD con el 25% por ciento de preferencias, y la continuación de Angela Merkel en el gobierno con un 39-41 % de los votos.
Para usar una expresión popular, Alemania es el chacho de la cuadra (Europa). De allí la atención que suscita la elección de sus líderes. Es la economía más fuerte de Europa, y junto a Francia es el motor de la Unión Europea. Es un actor principal en las negociaciones del Brexit, y clave en las ya de por si tensas relaciones de la UE con EE. UU. Tanto Merkel como Schulz (expresidente del Parlamento Europeo) parecen dispuestos a adoptar una línea dura con el Reino Unido y su salida de la UE, así como con los EE. UU -es visible la desconfianza de Merkel y Schulz hacia Trump, lo cual en un futuro puede ser causa de fricciones-.
Sin duda, es difícil encontrar un gran logro de Angela Merkel, como sí se les ha reconocido a sus antecesores. Mientras Adenauer es considerado el fundador de la Alemania moderna, Ludwig Erhard el arquitecto del milagro alemán, Willy Brandt el creador de la Neue Ostpolitik y clave en la caída del comunismo, la detente de Helmut Schmidt, y Kohl el artífice de la reunificación, las políticas de Merkel resultan grises tras 12 años de gobierno. Pero lo cierto es que las encuestas la dan como amplia favorita para seguir en el cargo. La pregunta es quién la acompañará en el gobierno.
Mas allá de la elección de Merkel, una especie Canciller “Todo incluido” al adoptar sin mayor reato posiciones políticas de otros partidos en temas como la aprobación del matrimonio igualitario o el uso de la energía nuclear, el debate político se centra en las posibles coaliciones que pueda formar la CDU/CSU en un país en donde no hay tradición de gobiernos de minoría. Clave de ello es que los partidos deben superar el umbral del 5 % de votos para tener representación parlamentaria. Según las encuestas, los liberales obtendrían entre un 8% y un 10%, la Izquierda se haría con una cifra similar, los verdes con el 7% y la llamada Alternativa por Alemania con un 8%. Al final, un juego de alianzas es inevitable, y existe una gran probabilidad de que se repeta la figura de la gran coalición, actualmente en el gobierno (CDU-SPD).
La campaña electoral transcurre sin sorpresas y en tono bajo. Al final parece inevitable cuatro años más de gobierno de Angela Merkel, una política tranquila con tendencia a lo gris. Gris y estable, lo cual da confianza a la ciudadanía, más preocupada por las jubilaciones que por la crisis de los refugiados, los rifirrafes con Turquía, o con las tensiones con EE.UU. La tranquilidad y estabilidad de la canciller, en estos tiempos convulsionados, la hacen casi imbatible.

(Imagen tomada de www.dailymail.co.uk)