Tomo prestado el título del documental realizado por Edgar López y Viviana Echávez en el 2009, visión de las peripecias de vida de uno de los más conocidos y celebrados escritores del Caribe, Ramón Virgilio Bacca Linares, porque creo que no hay mejor definición de la vida, pero también de la obra de este autor.

Ramón, quien legalmente se cambió el nombre por Ramón Illan, porque le gustaba ese nombre que estaba en el Mío Cid, y que según algunos amigos, fue el resultado de una vez que un embolador en el centro de Barranquilla le pregunto: “¿Perdón, a usted no es quien le dicen la Vaca?” (Alusión a un conocido travesti de la época). Fue tanta la risa de los oyentes y la furia de Ramón, que en unos días regresó con el cambio oficial de nombre, cuando eso era una odisea. De ahí en adelante, ya no fue Bacca, fue Ramón Illan para todos.

SANTA MARTA Las peripecias de Ramón, para quienes lo tratamos y conocemos, son muy convencionales. Si se quiere no hay nada extraordinario. Lo extraordinario es la forma como lo cuenta, lo que se refleja en su obra. “Es que Ramón es fabulador, porque así rechace el estilo macondiano de Gabriel García Marquez y considere un genio a Mario Vargas Llosa, él, como Gabo, es de esa tierra de fabuladores que es la Zona Bananera”, me dijo en una de esas tertulias de los sábados de la Librería Vida, otro gran fabulador de la zona, el sociólogo Adolfo González Henríquez, prematuramente desaparecido.

Sí, la vida de Ramón es un mito creado por el mismo. Desde su nacimiento en esa Santa Marta de antes de la II guerra mundial, en una familia de un padre ausente y una madre muerta a los 6 días de nacido, fue criado por unas tías solteronas cuyo mundo excesivamente conservador miraba más hacia la Europa de entreguerras y en particular a Bruselas, tierra de la fallecida reina Astrid, cuya muerte en un accidente entristecía a los niños samarios (Divagación 1: Para captar ese ambiente hay que leer un texto en Crónicas Casi Históricas que se llama Wallis y Trinita. Tal vez la mejor frase de su obra está al final de ese relato). Una Santa Marta, un pueblo de 33.000 habitantes con 500 pianos, donde las élites terratenientes asociadas al banano gobernaban con puño de hierro a la población, que veía como esa riqueza era, en esencia, oropel.

MEDELLÍN Más grande, Ramón soñó con ser psicoanalista en Nueva York, pero las tías beatas le dijeron que eso era enfermería avanzada y lo matricularon en derecho en la Universidad Bolivariana de Medellín, una ciudad que las tías consideraban más conservadora que esa Bogotá de perdición que había asesinado a Gaitán. Llegó pues Ramón a la tierra de Monseñor García Benítez, Monseñor Builes, y…. el Nadaísmo, con su profeta Gonzalo Arango. Para Ramón, eso fue una mezcla de horror y felicidad, por la libertad recién adquirida y también de sorpresa: descubrir un mundo distinto del que había venido. Un mundo roto, de ladrones, bohemios, poetas hambrientos, putas, abandonados por la fortuna, que nutrió su obra.

BARRANQUILLA PRIMERA ETAPA “Tu tío te espera” fue la respuesta feroz de las tías y su carta de expulsión del universo familiar, indignada por una serie de rumores sobre Ramón y su salida por ser una “manzana podrida”, en palabras de Monseñor Félix Henao Botero, de la Pontificia. Ramón volvió a Medellín recogió sus cosas, arrojó hasta sus zapatos porque no quería llevarse ni el polvo y se vino para Barranquilla en un camión de carga y en abarcas tres puntá. Un joven de 23 años perdido que se vio en la física necesidad. Pensó en el suicidio, del que le salvó la lectura de Servidumbre Humana de Maugham. (Aunque no conozco a nadie con menos tendencias suicidas que Ramón). Vagó, se alojó en casa de amigos y parientes compasivos y finalmente se matriculó en la Libre a estudiar derecho. En medio de sus necesidades, Ramón decide marchar a Bogotá.

LA GUAJIRA, TIBÚ, EL INDERENA Y SANTA MARTA En estos años Ramón se encausa a estudiar derecho, con poca disciplina y ninguna actitud. Necesitado, consigue pasantías y lo envían de Juez en Remolino, donde ya ha comenzado la bonanza marimbera y los muertos, que ya comienzan a aparecer, son levantados al estar en una “posición de cúbito dorsal” que de hecho es “la única que conocía”. Son épocas de ser un juez que oye a Brahms en medio del desierto guajiro, se ve 600 películas, melodramas mexicanos, en programación doble, y 5000 revistas de farándula que alimentarán su obra. (Divagación No 2: Leer Marihuana para Goering). También de esa sensación de llegar tarde a todo lo que nutre su obra, Ramón se enteró de la muerte de Kennedy cuatro o cinco días después de ocurrida porque desde el 22 de Noviembre de 1963 estuvieron varios días sin luz en Remolino y no había radio.

Necesitado de trabajo, Ramón se presenta a exámenes en el recién creado Inderena, quedando en segundo lugar entre todos los participantes. Como premio a semejante hazaña lo envían a Tibú (Norte de Santander) donde pasa 6 meses y regresa a Bogotá a terminar derecho y escribe artículos sobre agricultura en la Revista del Inderena. Del instituto saldrá expulsado por haber titulado una foto de Lleras Restrepo con los brazos en alto “Y ahora todos a bailar Zorba el griego”. Vuelve a Santa Marta, donde su padrino es gobernador, y es nombrado secretario privado. Consigue por fin graduarse de abogado en la Libre de Barranquilla.

BARRANQUILLA ETAPA 2 Al terminar su paso por el sector oficial,Ramón vuelve a Barranquilla, donde comienza a ejercer el derecho, litigando casos, de los cuales gana uno, que no le pagan. Ya es conocido por ser un buen conversador, un ávido lector, y entre una enfermedad respiratoria de carácter somático, los amigos intelectuales y unas pocas palancas consigue entrar a dictar clases en la Uniatlántico, de donde saldrá expulsado por ser un Profesor fifty-fifty, y en la Uninorte, donde hará una carrera en la docencia que dura hasta hoy. Abandona el derecho y comienza, tal vez influenciado por el ejemplo de sus amigos, a escribir. Escribe cuentos que publica en el suplemento Intermedio del Diario del Caribe, que comienzan a moldear su obra. Un amigo presenta uno de esos cuentos a un concurso en México, y se gana el primer puesto. No hay plata para Ramón, el amigo cobra el premio. “Perdóname Ramón, pero estaba llevado y necesitaba el dinero”. Años más tarde, este sociólogo barranquillero llegará a ser Rector de una Universidad Mexicana. Falleció hace poco.

Son años en los que Ramón conversa mucho, pasa necesidades económicas y comienza a escribir, alentado y animado por German Vargas Cantillo, Carlos J. María y más recientemente Ariel Castillo Mier, quienes le ayudan a establecer contactos con el universo editorial. Son años en los que surgen Crónicas casi Históricas, Deborah Kruel y el comienzo de un reconocimiento nacional e internacional de su obra. El resto es relativamente conocido. La necesidad nunca lo ha abandonado, así como sus quejas de vivir en Barranquilla: “Aquí es muy difícil hacer investigación, no hay hervor por eso. Cuando escribía Deborah investigué sobre los alemanes en el Caribe y andaba detrás de una anciana alemana neurótica y cuando por fin parece que me va a dar alguna información, Pum!!, Alberto Donadio y Silvia Galvis publican Colombia Nazi, con mucha de la información y fotos que necesitaba”. ¿Quién se acuerda hoy de Colombia Nazi?, mientras que Deborah está considerada hoy una de las mejores novelas publicadas en el siglo pasado.

Estudiosos han dicho que la obra de Ramón Illan es una mezcla de novela policiaca, novelas en clave o novela de marginales. Esas clasificaciones no lo definen bien. El universo creado es una mezcla de sátira y humor que rechaza la solemnidad y seriedad de los escritores colombianos. Frases como “Cara seria, culo loco” o “No será mija que en vez de gata, es gato” son chistes celebrados, pero que a la vez dicen cosas muy serias. La decadencia de un sistema económico, la farsa y falsedad que se oculta tras las relaciones sociales, la imposibilidad de las relaciones hombre-mujer, un universo de personajes fracasados o con sueños frustrados o imposibles. (Divagación 3: Cómo llegar a ser japonés). En medio de todo esto está el hombre de mirada bizca que es un chismoso culto y ha creado una obra de mérito, en una vida al parecer gris y convencional. En esa mirada está gran parte del encanto de su obra, que es también su vida: Ramón es Goering Bermúdez Diazgranados, el narrador niño de Deborah Kruel, u Oreste Antonelli Colonna, miembro de la nobleza negra del Vaticano, de Maracas en la Opera, o el Juez Bruno Manos Albas de Disfrázate como quieras. Allí está la épica de Ramón Bacca Linares.

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(Imagen tomada de http://www.elmalpensante.com/