John Jairo Velázquez Vásquez, alias Popeye, haciendo gala de una lealtad de perro cojo, entregó a la novia que amaba a los pistoleros de su capo, Pablo Escobar. Ese concepto de lealtad mafiosa, tan arraigado en nuestra cultura nacional, nos exime de pensar libremente, y a cambio nos condena a la férrea tutela de una figura de autoridad.

En una red social encontré esta muestra de lealtad deportiva:

 ¡Volverás Falcao! A mí nunca se me olvidará: Que con tus goles clasificamos al mundial, Que con tus goles y la clasificación le diste la oportunidad a un joven, a James, para que fuera el goleador de este equipo y el mejor del mundial,

Que por eso James te respeta tanto, y te es fiel, Que siempre serás el numero uno para mí, tu incondicional hincha. Que eres una excelente persona y cristiano. Que volverás Radamel, a callarlos a todos.

Estos versos, con pequeños ajustes, podrían usarse para elogiar también a Hitler o a Stalin o al nuevo Rey del Mambo, como credo de una iglesia piraquivista o de una secta oriental, o mejor por Nicolás en su afán de mantener a Hugo Rafael presente e inmortal. Sin embargo, cuando lo leí por primera vez no pude evitar verme envuelto en un "puro" pensamiento: este debería ser el himno del Centro Democrático. Al calor de unos guaritos en una noche ubérrima, Zuluaga, Arias, Ordoñez, José Obdulio, Pachito, Paloma y la Cabal, podrían terminar componiendo algo del estilo:

¡Volverás Uribe! A mí nunca se me olvidará:

Que con las notarías torciste a los que no permitían tu reelección, Que hiciste trampas y atajos sobrehumanos para llegar a un tercer mandato,

Que con el desfonde de Andrés Felipe te tocó darle la oportunidad a un aristócrata, a Santos, para que fuera nuestro presidente,

Que eres el mejor parapolítico que hemos tenido,

Que por esto Jose Obdulio y Oscar Iván te respetan tanto, y te son fieles, Que eres una excelente persona y cristiano, Que volverás Álvaro, a desaparecerlos a todos.

En este país del Sagrado Corazón se puede ser de todo: ladrón, parapolítico, guerrillero, terrorista, violador; pero hay una que no: traidor. Deberíamos reformar el código penal incluyendo la pena de muerte para este delito de lesa humanidad. Se nos exige una lealtad a toda costa, sin límites, una lealtad adultísima que hace ver la omertá siciliana como un bebé de biberón. En Colombia, el perro podrá hacer de todo, pero nunca ha de morder la mano del amo que algún día le dio de comer. Da igual si esa es la misma mano con que se roba, mata y abusa con total impunidad; no se puede morder.

Este falso concepto de lealtad y cinco siglos de cristiandad con su pesado legado mesiánico nos traen consecuencias traumáticas. Pensamos en milagros y no en proyectos, en vez de pensar en un País (con P mayúscula de Paz y Prosperidad), en un Estado social de derecho regido por leyes e instituciones y no por héroes, aún seguimos esperando a San Kukai para que, a última hora, nos venga a salvar y quitar el susto. Si, al menos, escogiéramos con mediana decencia a quien dirigir nuestras plegarias; pero no, gran parte de este país se sigue encomendando a Radamel y a Varito, vaya par! Mientras el expresidente intenta destruir la poca institucionalidad que aún nos queda, con una que otra ayudita de Santos y su punta de lanza Montealegre; el exfutbolista, por su parte, con la no poca ayuda de Pekerman, intenta desmoralizar irremediablemente a sus compañeros y sacarnos de cualquier chance de entrar al mundial. Entre tanto, aplaudimos como focas, para honrar un supuesto glorioso pasado.

Las menguadas fuerzas del grancolombiano se emplearían con más provecho en construir en el Ubérrrimo un refugio subterráneo, donde no lo localice la Corte Internacional y pueda esconder a su séquito de lugartenientes. No sea demente Varo: retírese y viva dignamente, mientras pueda. Falcao, por su parte, podría dejar de robar en Europa y con su fortuna, antes que vaya a parar a manos del pastor, hacerse con el Unión y venir a ascenderlo a primera: Santa Marta se merece más que un Ciclón deambulando por la B. Hay diferencias entre ambos casos, sin duda. Radamel todavía puede volver a ser un futbolista, Alvaro no puede ser presidente otra vez, al menos no por ahora como dijo magistralmente Chavez. Falcao merece entendimiento y hasta cierta admiración; a Uribe, en cambio, no me queda sino recomendarle un buen amigo psiquiatra. Las brisas decembrinas ya se sienten y divisando a la vuelta el Carnaval prefiero terminar con una letanía:

¶ Con el paisa expresidente

                      Tenga usted mucho cuidado

                      Que ahora según se advierte

                      Anda más que desquiciado

                      Radamel Falcao, el exfutbolista,

                      Tigre que se cortó la melena

                      Hoy parece más un carterista

                      Que recaerá en el Unión Magdalena

Coro:

Radamel y Varito, eterna lealtad y amor,

Obsesiones que traen muchas penas y dolor ¶

Twitter: @jaimefgarcia, @OpinaElDiablo Facebook: Jaime Francisco García Gómez

imagen tomada de Revista Anfib