La Ministra de Educación terminó el año anunciando intervenciones en tres universidades; con el honesto propósito de proteger a los estudiantes, amenazó con procesos penales, congelación de recursos y remoción de directivas; en rueda de prensa y en tono firme comunicó al país que una vez más cumple a cabalidad con la tarea que le encomendó el presidente y que su deber constitucional es garantizar que la educación sea un servicio y no un negocio.

Ministra, ¡felicitaciones! Los colombianos le queremos agradecer su diligencia y el buen juicio que demostró al vigilar, diagnosticar y actuar en estas tres instituciones (y algunas otras hace unos meses). Pero también le recordamos que si el tema es velar porque la educación no sea un negocio descarado, y los alumnos, las piezas prescindibles de una vulgar transacción comercial, su despacho ha debido comenzar la tarea en los colegios privados de estratos 5 y 6 de todo el país. Porque en ellos es donde se ejerce, con el mayor de los descaros y en la más campante impunidad, uno de los negocios más lucrativos que existen en Colombia.

Doctora Parody. ¿Por qué diablos no ha investigado a estos colegios? ¿Por qué luciferes no los ha intervenido? ¿Por qué belcebúes no ha removido a sus directivas? ¿Acaso no le parece un despropósito y una bellaquería y un delito que cobren bonos camuflados en supuestas “contribuciones voluntarias”? ¿Acaso le parece normal que un padre de familia deba pagar entre 3 y 25 millones de pesos para que admitan a uno solo de sus hijos en alguna de estas cuevas de ladrones? ¿Y si a la familia se le da por tener más de un hijo? ¿Será necesario expedir una norma similar a la que se acaba de derogar en China para que haya un solo hijo por familia, esta vez para proteger el patrimonio de quienes decidan la opción privada de educación en lugar de la pública?

Gina, querida. Mientras usted ocupa los tres años que le quedan en el cargo en convertir la educación pública de Colombia en la mejor del continente (lo cual es una utopía de las más ingenuas que he escuchado en mucho tiempo), no puede contrarrestar la canallada de las “contribuciones voluntarias” con la poco seria respuesta de que los padres de familia bien pueden escoger otras alternativas, que colegios hay muchos, que nadie los obliga; no puede hacerlo porque esas razones son las que han justificado por décadas el fomento de la exclusión, la discriminación y el abuso permanente, en los que se han convertido la oferta privada escolar en Colombia.

Un niño de 4 años debe pagar por su cupo en el Colegio Británico Internacional de Barranquilla, la bicoca de 14 millones de pesos; dicen que no es obligatorio, pero si no se paga ese dinero, el cupo será adjudicado de inmediato a otro aspirante, cuyos padres giren el cheque. Ministra, ¿Cuándo diablos, cuándo luciferes, cuándo belcebúes va a empezar a realizar las visitas a este tipo de establecimientos para ponerlos en la picota pública, en medio de una rueda de prensa?

Posdata: Ya hablaremos de los 200 millones de pesos que vale una carrera promedio en una universidad privada (que en su mayoría, también son promedio.)

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imagen tomada de Zona Cero