"Se destapó Vargas Lleras", como tituló el Canal Caracol la entrevista que le hizo. Pero en realidad no fue mucho lo que reveló su repentina locuacidad, porque resulta que durante los últimos siete años lo tuvimos hablándonos todo el tiempo, a través de su manera de actuar y de comportarse. O de no actuar, según haya sido el caso. "Nunca oculté que estaba en campaña", confesó pando y orondo en la primera entrega de la entrevista.


Pero en efecto: no había pasado ni una hora desde que finalizó el 'destape' mediático de Vargas Lleras cuando ya los cinernautas saturaban las redes sociales virtuales con el tema, como si él hubiese dicho algo nuevo, y refiriéndose en especial a lo obsecuente que resultaron algunas de las preguntas que formuló Juan Roberto Vargas, el entrevistador, y a lo infame que resultaron la mayoría de las respuestas del entrevistado. De hecho, a más de uno le pareció que se trataba más de un publirreportaje que de otra cosa.
Yo estoy parcialmente de acuerdo con esto último, porque, pese a la actitud sumisa de quien hacía las preguntas y a la socarrona sonrisita de suficiencia que exhibía quien las respondía, un análisis de todo el conjunto, al que se le pusiera ápice de criterio, tendría que arrojar un resultado contraproducente para el hipotético beneficiario.
No niego que al principio Vargas Lleras expresó preocupaciones razonables en torno a algunos aspectos puntuales del proceso de paz, sobre todo en lo tocante a las disidencias de las FARC. Y que además expuso unas medidas a tomar que vale la pena considerar. Hasta ahí la puesta en escena parecía sensata.
Sin embargo, una vez se soltó, dejó ver su faceta más descarada, cuando se llenó la boca asegurando que él nunca había insultado a nadie. Como si todos no hubiéramos visto el cocotazo que, delante de una muchedumbre, le pegó a uno de sus cercanos colaboradores cuando éste -en cumplimiento de su deber- intentó protegerlo. No sólo un golpe en público es todavía más ofensivo que un insulto, sino que esa declaración deja ver su visión elitista y excluyente: para él un escolta no es nadie, seguramente.
Pero también mostró su parte más rastrera y oportunista: se apropió de un discurso ya de por sí rastrero y oportunista que hasta ayer monopolizaba el Centro Democrático, y que se sustenta en el miedo. Valiéndose de ello insinuó que Humberto De la Calle, Claudia López y Sergio Fajardo son cómplices de un complot castrochavista encaminado a entregar el poder a una dictadura comunista. ¿Fichas de Maduro y Castro casualmente tres de sus rivales electorales más fuertes? Sólo un imbécil podría creer eso, de acuerdo, pero no deja de ser rastrero y oportunista.
Y ya entrado en ese tipo de gastos continuó con esta perla, también prestada del largo collar de contradicciones con las que la maquinaria de desinformación y manipulación uribista inunda constantemente las cuentas de Whatsapp de los simpatizantes de esta corriente: primero anunció que exigirá que los militares sean cobijados por la JEP, una justicia -según él- sin muchos dientes y bastante favorable para con el acusado, que se hizo para que los criminales de lesa humanidad no pagaran "un solo día de cárcel intramural", en contraposición con la más severa justicia ordinaria colombiana; pero después, sin que se le despeinara una sola hebra, se indignó por el peligro que constituye el hecho de que "a 48 millones de colombianos se les cambiará su juez natural"; es decir, le preocupa que si alguno de éstos ha cometido delitos relacionados con el conflicto no será juzgado por la -de repente- magnánima justicia ordinaria colombiana, sino por la peligrosa JEP, la misma que cinco minutos antes no tenía dientes y era mucho más benévola con los acusados.
Para redondear la ensalada de disparates pretendió presentar la prueba reina de que el primer candidato a comparecer ante la JEP será justamente el expresidente y senador Uribe. Para lo cual se apoyó en un video que apareció en la pantalla como por arte de magia, y en el que el exguerillero alias 'Andrés París' presuntamente así lo exigía (el audio era ininteligible). Como si lo que exigiera un colombiano común y corriente -porque 'Andrés París', que yo sepa, no ha sido nombrado fiscal de la JEP- tuviese carácter oficial.
En fin, al final de su poco sorpresivo 'destape' y de la predecible actitud que iba a tomar con respecto a los puntos neurálgicos del proceso de paz, lo único que no quedó claro fue si la preocupación de Vargas Lleras con la posible comparecencia de Uribe ante la JEP giraba en torno a lo peligroso que resultaría para el senador y expresidente que se le cambiase su juez natural, o si , por el contrario, giraba alrededor del hecho de que gracias a esa posibilidad un criminal de lesa humanidad se quedase sin pagar "un solo día de cárcel intramural".
Esperemos la segunda entrega de la entrevista. Quizás allí lo aclare.