Tu nombre, que suena tan godo, remite al famoso general que a las órdenes de Justiniano, expandió de forma exponencial el Imperio bizantino. Casi nadie recuerda el origen de tu nombre, de hecho creo que si le preguntamos a un colombiano sobre Belisario, dirán ¿Ah, te refieres a Belisario Betancur?

Te escribo esta carta ya terminando este año, en el que alcanzaste la venerable edad de 90 años (Aunque Wikipedia señala que naciste en 1923, o sea dos años antes). No importa mucho, si lo pienso bien. Te veo en las revistas de farándula, abrigado con elegantes trajes de paño hechos en Paris, acompañado de tu bella y artista esposa venezolana, en cuanta recepción elegante hay en Bogota, en el campo artístico o en banquetes de obras sociales que abundan en nuestras revistas donde la gente que dice ser importante se muestra, haciendo dizque caridad. Eres recibido en muchos lugares como el sabio de la tribu que buscaste y lograste ser. No es poco lo que has logrado. Del hijo de un arriero de Amagá, protegido por los curas de Yarumal, llegaste a ser abogado, concejal, diputado, senador, ministro, embajador y, finalmente, después de intentarlo varias veces, presidente de la república, rodeado de un aura de hombre culto e íntegro. Lo de íntegro es un tema del que no quiero hablar; a favor tuyo habla que tus hijos y tú mismo no se hayan visto envueltos en negociados, como tantos otros hijos o familiares de expresidentes. Lo de culto, sí, no niego que la formación de seminario que recibiste en tu Antioquia natal, tus inquietudes bohemias, tus traducciones de Kavafis (¿del griego? ¿del francés?) te hicieron una rara avis, entre políticos más preocupados por la economía, la ciencia política, el arte electoral o inclusive la ingeniería. Sí, no hay que negar que te preocupaste por la cultura, de hecho estás considerado un benefactor de las artes.

Te conocimos en detalle como presidente. Como todos, fuiste objeto de burlas y chistes crueles: “Recibo un país a un paso del abismo. Hemos dado ese paso”, dizque dijiste. “En el año de 1984, Colombia fue atacada por tres plagas: La Roya, la Sigatoka negra y el gusano de Amagá”. Beli, tú sabes, los chistes de sociedad pueden ser muy crueles, y si bien dicen verdades, también ocultan cosas. En tu gobierno ocurrió la muerte de Lara Bonilla, la aparición del narcotráfico, el fracaso del proceso de paz, el Palacio de Justicia y la avalancha de Armero. Los chistes eran una manera de distraernos del horror que vivimos en esos años. Te reclaman por ello, qué sociedad tan cruel que no entiende los esfuerzos que hiciste para gobernar a la gente de este turbulento país, la misma que hoy te mira con envidia en las revistas de sociedad. Fuimos muy crueles contigo, lo menos que podemos darte es una vejez en paz, piensas tú.

El año que pasó se cumplieron 30 años de los hechos que marcaron el país: La toma del Palacio de de Justicia y la tragedia de Armero. Al cumplir 90 años saliste en público y pediste perdón por lo sucedido.Con Navarro Wolff hiciste un acto de perdón y contrición en Neiva, frente al hijo de Reyes Echandía, que fue visto como una catarsis. Bien por eso, piensas. Pero yo no lo veo así. Perdón, mucho, pero contrición, más bien poco. Nos has quedado debiendo una serie de respuestas por lo del Palacio: ¿Qué sucedió en el Palacio, Beli? ¿Qué tan responsable te sientes por lo sucedido? ¿Por qué paso lo qua pasó? De eso nos quedas debiendo las respuestas. Callas, y tu silencio no es mas que cobardía.

Volví a ver tu alocución al dia siguiente de los hechos del Palacio y me da escalofríos verte. Suenas tan falso, con la mirada torcida, cuidando las palabras, mientras una mueca que parece ser una sonrisa que no debía salir, aparece, y al final nos dijiste: “Entiendan, ni yo mismo sé qué pasó”. Asumiste una responsabilidad gaseosa por lo del palacio, y con lo de Armero le echaste la culpa al Volcán. Parafraseando al gobernador de Sucre, cuando la tragedia de las Corralejas, dijiste “Fue la voluntad de Dios”. Y así salvaste tu pellejo y tu responsabilidad.

Hoy, en perspectiva, sonaste muy humano, muy colombiano. La culpa es del otro, de las circunstancias, de cualquiera, menos mía. Solo que tú eras el Presidente, y por ello has pasado 30 años pidiendo “perdón”. Evadiendo o minimizando las responsabilidades, culpando a los otros, por órdenes mal entendidas, ocultando los excesos e incluso negándote a contar la verdad, escudándote en que tienes un libro escrito que se publicará después de tu muerte, contando la verdad. Mientras tanto pides perdón de forma vaga, finges - o crees- hacer actos de contrición y sigues asistiendo a reuniones y cocteles donde te reciben como el sabio de la tribu que dices ser.

Me dirás: “qué escritura antipática”; ni me entiendes, ni sabes los motivos de mi silencio. No, no siento tener antipatía. Te acuerdas al finalizar el mundial de España de 1982, dicen, “Nos vemos dentro de cuatro años, en Colombia 86”. ¿Te acuerdas? Yo sí, y recuerdo muy bien tu imagen en la televisión renunciando al Mundial porque ese dinero se iba a usar en hospitales, carreteras y guarderías. Aun no sé si en verdad se hicieron esas carreteras, los hospitales, todo aquello que prometiste. Pero no importa, son decisiones que tomaste y creo que sentías que hacías lo mejor.

Beli, contigo he comprendido frases como perdón, paz, verdad, justicia y reparación. Contigo suenan a frases huecas, muy correctas políticamente. Viendo tu acto me doy cuenta que si pides perdón, hay perdón; pides justicia y reparación y habrá algo de justicia y algo de reparación. Pero aun nos debes tu verdad. Te niegas a contarla, arropado en la majestad de los puestos que ocupaste.

Para mí eres un ejemplo, un ejemplo de lo que somos y de lo que no se debe hacer en el Proceso de Paz. Al menos eres eso. Sin verdad no habrá de verdad paz en este país. Seguiremos enviando el mensaje de desigualdad y de injusticia con la que hemos vivido. Nos dices: “Soy sincero en mi petición de perdón, en verdad lo siento.” Puede que de verdad, en tu corazón haya eso. Pero, para mí no es suficiente. Callaste y eso te hace cómplice y culpable de todo lo malo que sucedió. Te deseo lo mejor en este nuevo año, no soy rencoroso y espero que entiendas este mensaje.

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(Imagen tomada de www.semana.com)