Se cae la estantería chavista en Venezuela y, mientras eso ocurre, aflora en Colombia una curiosa modalidad de socialismo. Una que agrupa a variopintas multitudes que van desde alias 'Joaquín Gómez', quien dio a conocer hace un par de días la posición de las Farc en contra la venta de Isagén, pasan por los sindicalistas de esa empresa, amotinados en una manifestación el mismo día de su venta -para evitarla-, pasan también por el senador Robledo del Polo Democrático, que ha señalado hasta la saciedad la traición a la patria de Santos al querer vender la empresa energética, pasan incluso por los liberales que, encabezados por la funesta senadora Morales, amenazaron con retirarse de la Unidad Nacional si se llevaba a cabo el negocio, y terminan en…sí, créase o no, terminan en los "camaradas" del Centro Democrático, quienes a través de trinos y declaraciones cantinflescas, como las de Paloma Valencia, no han hecho sino azuzar desde hace meses al "pueblo" colombiano, como cualquier Hugo Chávez, para evitar que imperialistas tiburones de los negocios internacionales compren y privaticen la porción estatal de la empresa.

Y, claro, en ese socialismo colombiano del siglo XXI, -cuasisolitaria patada de ahorcado en el concierto internacional- no podía faltar el dichoso pueblo. Sí, ese pueblo izquierdoso que ha votado legendariamente por candidatos representados por la hoz y el martillo. Ese pueblo que le teme como al diablo a unas eventuales expropiaciones provenientes de imaginarios gobiernos castrochavistas, pero que ahora defiende a capa y espada la no privatización de una empresa con alta participación estatal. Ese mismo pueblo que envía sin pestañear, en cadenas de chat, afirmaciones tan chavistas como que la venta de Isagén es la mayor "pérdida" que ha sufrido Colombia desde la separación de Panamá. Ése, el pueblo criterioso y sagaz al que no se le ocurre sospechar de la extraña coincidencia de opiniones entre Iván Márquez y Álvaro Uribe. Ése, el mismito pueblo, siempre tan bien informado y brillante.

Sí, porque, en contraste con lo anterior, tanto al pueblo como a la nueva dirigencia socialista colombiana -conformada por una coalición de un amplísimo espectro político, como ya vimos- le despierta muchas suspicacias eso de que a la subasta se haya presentado un solo proponente: "Claro, así es como van a regalar Isagén, la gallina de los huevos de oro", repiten los loritos reales, denunciando la única promoción, la única ganga, el único "sale" de la historia al que a nadie le interesa asistir, el único obsequio empresarial que nadie quiere recibir, la única oportunidad irrepetible que nadie quiere aprovechar, la única plata fácil y legal de la que nadie quiere apropiarse.

Pero resulta que entre tantas únicas cosas, lo único cierto de todo esto (porque las matemáticas son las únicas -esas sí- que no mienten) es que, de acuerdo con los números actuales, para que Isagén produzca unos ingresos equivalentes al precio de venta pagado ayer por el consorcio canadiense Brookfield se nacesitarían 50 años de buen viento y buena mar empresariales. ¡50 años! Mucho tiempo. Mientras tanto ese dinero, que ahora está en la caja mayor del Estado, puede ser utilizado en la construcción de infraestructura, la misma que necesita el país de cara a los retos que exige la actual economía globalizada. Esa misma infraestructura contra la que también parece estar el socialismo colombiano del siglo XXI. ¿Carreteras?, ¿eso pa' qué? dirá el chavista de Uribe, añorando los felices tiempos de su gobierno, aquellos ocho años en los que no se construyó ni un solo centímetro de vías decentes.

Porque en realidad todos sabemos (o más bien todos deberíamos saber) que el asunto de la oposición a la venta de Isagén no tiene absolutamente nada que ver con gallinas fabulosas, ni con soberanías nacionales, ni con defensas de sectores estratégicos, ni con custodias de santuarios naturales, ni con protecciones de patrimonios de todos los colombianos (¿de todos los colombianos? jajaja: ¿cuándo ha visto usted, estimado lector, un centavo de esas utilidades reflejado en un beneficio tangible para su vida? Sí, ya sé: nunca)…ni tampoco tiene que ver nada con huevos de oro ni con ninguna de esas patrañas.

Todos deberíamos saberlo, porque también todos deberíamos saber que toda esa alharaca, todo ese alboroto, todo ese arroz con mango ideológico solamente obedece al afán de ponerle un palo en la rueda a la candidatura presidencial de Germán Vargas Lleras, voraz inaugurador de obras cuyo escaso don de gentes depende de esos dineros para la viabilidad de su plataforma electoral. La mejor prueba de que eso es así, es el hecho de que una de las pocas voces que apoyaron la venta de Isagén fue la de su propio partido, Cambio Radical. No hubo entonces ningún gangazo. No hubo tal regalo del gobierno hacia nadie con la venta de Isagén. Lo que hay es oportunismo y chantaje político por parte de los militantes del socialismo colombiano del siglo XXI. Y estupidez de las cotorras ignorantes que les hacen coro.

No es más.

Twitter: @samrosacruz, @OpinaElDiablo Facebook: Pame Rosales

(Imagen tomada de https://www.cosmovision.tv/)