El mundo, ayudado por las redes sociales, ha entrado en una etapa en la que la historia es mirada desde la óptica de los bien pensantes, las oenegés y el buen corazón. Recientemente vimos cómo las estatuas del general confederado Robert E. Lee eran retiradas o atacadas en el sur de los Estados Unidos, discutiendo su papel en la esclavitud, o su simbología como muestra de supremacismo blanco y perpetuador del racismo en la sociedad americana. Poco después, con la llegada del Columbus Day y el 12 de Octubre, el objeto de la inquina fue Colón, a quien, en un ataque a una estatua suya en Baltimore, señalaron como responsable de “la invasión inicial del capitalismo europeo”, y de “terrorismo, asesinato, genocidio, violación y esclavismo”, calificando sus monumentos como “homenajes racistas a propietarios de esclavos y asesinos”.


No es una discusión nueva: En España, el gobierno de Rodríguez Zapatero impulsó la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la cual se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la dictadura, conocida popularmente como Ley de Memoria Histórica.
Esta ley ha sido objeto de agrias discusiones, incluso desde el momento en que fue presentada, tanto que los opositores acusaron al Gobierno de querer “ganar la Guerra Civil”. Sin embargo, hay que ser justos, la ley buscaba la rehabilitación moral y jurídica de los represaliados, y si era posible, de alguna forma brindar reparación a las víctimas y sus familias. La ley, y era su aspecto más polémico, implicaba el retiro de los símbolos franquistas o de exaltación al levantamiento militar, la Guerra Civil y la represión. Resultado de ello, España se ha centrado en intensos debates sobre la retirada de estos símbolos de la victoria nacionalista, en particular uno: El Valle de los caídos, donde está enterrado, junto a Primo de Rivera, el dictador Francisco Franco. Los debates aún no terminan, y la ley de memoria histórica quedo derogada de facto por el gobierno de Mariano Rajoy, alegando falta de presupuesto.
Mucho más lejos, en Zimbabwe, existe un lugar sagrado para los nativos Ndebele, llamado la Colina de los Espíritus o Malindidzimu, que hoy forma parte del Parque nacional Matobo; en él se encuentra enterrado Cecil Rhodes, el gran representante del imperialismo inglés en África. Aprovechando la sacralidad de las montañas, Rhodes imaginó un Walhalla Rhodesiano, y buscó echar raíces y presentarse como sucesor de Mzilikazi, el fundador de la nación Ndebele, y logró ser enterrado ahí. Hasta 1.976 fue un lugar de peregrinación de los colonos blancos. Con la agudización del conflicto en los años 70 y 80, y la entrega del gobierno a la mayoría negra, se alzaron voces exigiendo el retiro de los restos de Rhodes, como aquellas que señalaron que la tumba es parte de la historia de Zimbabwe, pero es un monumento del pasado, no del futuro, y ahí debe permanecer. Con todo, el debate no ha terminado, y la tumba es vigilada las 24 horas del día.
Los ejemplos descritos tienen mucho de un fenómeno que ocurre cada vez más en nuestros días: el revisionismo histórico, contaminado por la tontería de lo políticamente correcto y la dictadura del buen corazón. Debe entenderse que el revisionismo presupone que entre los historiadores y público en general, existe una forma generalmente aceptada de entender un acontecimiento o un proceso histórico y que hay razones para ponerla en duda. Esas razones pueden ser de distinto tipo: la puesta en valor de nuevos documentos, el cambio de paradigma historiográfico, o el cambio de los valores desde los que se observa el pasado. En sí mismo, el revisionismo no es malo: se puede reinterpretar unos hechos a la luz de nueva información aparecida o el uso de nuevas técnicas historiográficas. Así, por ejemplo, podría entenderse que la visión del Sur representada por Lee, estaba lejos de la imagen idealizada que se originó poco después de la derrota de la Guerra Civil (una gesta heroica perdida de antemano), y por ello, las críticas a la imagen del general y los confederados pueden entenderse como justificadas.
Obviamente, esta visión revisionista tiene muchos flecos. Para empezar, el cuestionamiento de la historia contiene visiones o interpretaciones políticamente sesgadas, interesadas, de minorías y, sobre todo, miradas del pasado con los ojos de hoy, evaluando solo lo negativo en estos tiempos de corrección política. En este grupo se inscribirían las críticas a Colón, por las consecuencias del descubrimiento de América; al final lo que trajo el descubrimiento no resulta responsabilidad del Almirante. Colón resulta, pues, atacado por ser símbolo de lo negativo.
Hay razones políticamente sensibles que hacen casi imposible llegar a acuerdos satisfactorios entre las partes. En las críticas a la ley de memoria histórica subyacen años de una mitología creada por las partes para justificar sus actos -cruzada contra el comunismo, lucha contra el fascismo, libertad vs opresión- que las partes han escuchado durante años y forman parte del imaginario colectivo. Si durante 40 años escuchaste machaconamente la justicia o validez de tu pensamiento, es muy difícil renunciar a ello. No ha existido un consenso real, por encima de las tonterías dichas por cada parte, que permita mirar con ojos neutros el pasado.
En el caso de Zimbabwe y la tumba de Rhodes, la mitología pensada por este alrededor de la tumba ha desaparecido, y otro pueblo ha ocupado la dirección del país; de allí que las voces que se alzan sobre la continuidad del monumento sean foco de discusiones más allá del objeto histórico, y en mucho contengan resentimiento o razones políticamente motivadas al calor de la ocasión.
En suma, el revisionismo histórico es bueno y hasta sano, pues puede contribuir a clarificar muchos aspectos de la historia que nos son oscuros o desconocidos. Pero no debe llenarse de juicios de valor, desconociendo las circunstancias de los sucesos, anteponiendo las creencias políticas o religiosas que terminan siendo más una opinión manchada de la historia que un revisionismo objetivo y real. Por desgracia, esto último es peste en nuestros días.
 
(Imagen tomada de www.ruta-imperios.com)