Tony Hovarter tiene 29 años, se acaba de casar el pasado verano con su novia de tres años, y es descrito por sus vecinos como un hombre educado y tranquilo. Educado, en el sentido de amabilidad. Tony trabaja de cocinero medio tiempo, y en su hoja de vida dice que estudió soldadura, pero no ejerce. Blanco, aficionado al Heavy Metal, residente en un pequeño pueblo de Ohio, entre sus libros de lectura figuran obras de David Irving, textos como El abrazo mortal: El pacto Stalin-Hitler, Mi lucha e incluso obras de Benito Mussolini. Nuestro tranquilo Tony es un simpatizante nazi, un supremacista blanco que pertenece al partido tradicional de los trabajadores, una organización que tiene entre sus objetivos “la lucha por los intereses de los Americanos Blancos, un colectivo abandonado por el Sistema y activamente atacado por los globalistas”. Sin embargo, parece que sus opiniones se las guarda para el día de las elecciones: se lleva bien con compañeros negros y latinos, que señalan su cortesía. Para su desgracia, Tony accedió a conceder una entrevista al New York Times luego de la cual, pese a que se ocultó información personal, fue localizado y atacado por las redes. Tony perdió su trabajo y se vio obligado a mudarse de pueblo. Sobra decir que el NYT recibió una avalancha de criticas por presentar de forma amable a un extremista.


No muchos festivales literarios terminan en violencia, pero el Festival de Oradores de Lewes, una pequeña población de Inglaterra, el pasado 17 de octubre, lo hizo. Unos 100 manifestantes intentaron evitar que Katie Hopkins, columnista del Daily Mail, hablara sobre su libro autobiográfico: Rude, y lo lograron. Katie se marchó sin presentarse. Se fue cuando la policía dijo que ya no podían garantizar su seguridad.
¿Quién es Katie Hopkins? Bueno, Katie es una antigua cadete de la academia militar de Sandhurst, Reino Unido, devenida en escritora y columnista. Defensora del Brexit y de Donald Trump, ha sido una crítica feroz de los musulmanes, la inmigración o el derecho de asilo. Sus comentarios, algunos claramente prejuiciosos, han sido calificados de incitación al odio, y ha sido ferozmente atacada por sus opiniones radicales. Eso, sin embargo, no parece importarle mucho: en un tuit que subió disfrazada del Sagrado Corazón, se presentó a sí misma como “el Jesús de los que no tienen voz”. Imagino que lista para ser crucificada.
Recientemente la congresista María Fernanda Cabal señaló que “los 3000 muertos de la masacre de las bananeras, ocurrida en los años veinte en Colombia, es un mito histórico de la narrativa comunista", y responsabilizó a Gabriel García Márquez de ser el principal difusor del mito. Las redes pronto se inundaron de críticas feroces a las que ella, impertérrita, respondió de manera muy sutil con un: “estudien vagos”.
¿Cuál es el pecado de Tony, Katie y María Fernanda? Bueno, que para las redes y la sociedad los tres son, en cierta medida, apóstoles del odio y la división. Quizá alguno más inofensivo que el otro. Sin embargo, muchas de las respuestas en las redes, no eran precisamente de una filosofía que pregona el amor universal, por decirlo amablemente. En el caso del episodio de Lewes, según testigos, algunos manifestantes entregaron huevos a sus hijos para que los arrojaran a la policía encargada de custodiar el evento. Los niños no pueden ser arrestados por agredir a la policía de esta manera.
Personajes como la Cabal, Tony o Katie siempre han existido. Discursos radicales e incitaciones a la violencia han sido determinantes en diferentes episodios históricos. Esos discursos han sido, en mayor o menor medida, utilizados por grupos extremistas para justificar su doctrina e iniciar, de inmediato o en un futuro, una dictadura, e incluso una guerra civil.
Al discurso radical no se le detiene con violencia o con odio. Se hace desmintiendo las falsedades, las interpretaciones interesadas, o las mentiras sobre las cuales esta construido. Así, en el caso de la Cabal, no es tildarla de bruta o ignorante, sino reconocer que la masacre existió, señalarle que su visión es tergiversada, cuando afirma que los manifestantes estaban armados o era un complot comunista. Quizá reconocer que la masacre existió, pero fue en esencia una huelga de trabajadores que buscaban mejores condiciones de trabajo por encima de la ideología, si es que la tenían, y que terminó mal. Que se volvió un mito de la lucha obrera, es innegable.
En el caso de Tony, el editor del NYT escribió un editorial donde señaló: Lamentamos el grado en que la pieza ofendió a tantos lectores. Reconocemos que las personas pueden estar en desacuerdo sobre la mejor manera de contar una historia desagradable. Lo que creemos que es indiscutible, sin embargo, es la necesidad de arrojar más luz, no menos, en los rincones más extremos de la vida estadounidense y las personas que la habitan. Eso es lo que la historia, aunque imperfectamente, intentó hacer.” Iluminar, entender, explicar, desmentir. Al final, quien comienza tirando huevos, terminará tirando bombas.

(Imagen Tomada de www.newyorktimes.com - George Etheredge)