Se despertó en la madrugada y se quedó mirando el techo. Fiel a su educación de ingeniero,  miró el reloj (recordó a Paul Valery: Todo el mundo puede decir la hora, pero nadie puede definir el tiempo); las  4 y 30 de la mañana. En su cuarto el sonido sibilante del acondicionador del aire le indicaba que las cosas parecían estar en su lugar. Lo estaban. Se había despertado en su cuarto, entre sus cosas, y sin mucha atención veía su escritorio y sus libros. Estaba solo, su familia estaba de viaje.

“Maldición, otra vez. Otra vez a ver si me duermo, otra vez me va a costar dormirme.”  Se volteó en la cama mirando hacia la pared e hizo un esfuerzo por volver al sueño que había perdido.

A su mente vino la imagen A. M., quien años atrás lo había hechizado y que muy rápido, como había entrado, había salido de su vida. “¿ Por qué carajo me acuerdo de ella? ¿Qué será de su vida?”

Buscó pensar en otra cosa. No en su trabajo, pero igual el tema vino con todas sus preocupaciones. Se negó a pensar en ello y quiso pensar en una pared blanca. "No quiero pensar -se dijo-, quiero dormir"

Sí, la pared era blanca, blanco Blancox, como decía la propaganda, pero parecía por momentos tener huecos. Por uno de ellos pasaron varios instantes de su vida, imágenes nítidas que lo obligaron a despertar y mirar otra vez al techo.

“ Una escena vista: ¿Qué hace usted cuando va por un camino y se encuentra con una pared que parece un obstáculo sin fin?- le habían preguntado. Me devuelvo a ver si puedo pasar por algún lado. –respondía- Esa es tu actitud frente a la muerte, le dijeron."

Se vio horas antes, acostado en su cama, sin nada que hacer, mirando hacia el techo, negándose a prender el televisor o a leer o a escribir en su blog. Miró el diario que llevaba hace años. No se reconoció. Hubiera querido hablar con alguien, pero por más que miró su celular nadie lo llenó. Al final, se levantó, se dirigió al otro cuarto y se puso a ver la telenovela. "Hay momentos en que no quiero pensar".

Otro momento vino a su mente. Ese día en el trabajo salió tarde. Sin embargo, aunque quería hacer algo diferente, no se decidió. Pensó en llamar a una amiga que gustaba de él e invitarla a una noche de sexo, pero la decencia y la corrección que tenía lo dominaron.

Quiso llamar a L…, su amiga y confidente, de quien sabía que se había enamorado. Una ilusión, se preguntaba si eso era amor. Él sabía la respuesta, la sabía muy bien, pero cómo conspiraban la distancia y las ocupaciones de cada uno. Se había resignado a una amistad muy grande y cómplice y a una fantasía donde veía a diferentes hombres llenos de cualidades que la conquistaban.

Sospechosamente ellos tenían lo que el consideraba sus mejores cualidades, pero sin las carencias que él tenía.

A su mente vino una canción de Fito Paez, de Al lado del camino.

Si alguna vez me cruzas por la calle regálame tu beso y no te aflijas si ves que estoy pensando en otra cosa no es nada malo, es que pasó una brisa la brisa de la muerte enamorada que ronda como un ángel asesino mas no te asustes, siempre se me pasa es solo la intuición de mi destino.

Siempre le intrigó la frase, la intuición de mi destino….., y sí lo intuía. Imaginaba un vacío atroz frente a él, y sus ojos se llenaban de lagrimas. “Por más que quiero no logro romper el círculo” Oía esa canción, y sin embargo se tranquilizaba…."Al menos no estoy tan solo."

Recordó una frase de un amigo, que hablaba de otro amigo muy enfermo: "A quienes de verdad queremos morirnos, no nos ocurre nada.” Su amigo, tiempo después se había suicidado. Había recordado esa frase y se sintió, y seguía sintiéndose, muy ligado a ello. “Al menos él tuvo el valor de dar fin a esto” –pensó.

"Sucede que a veces me canso de ser hombre." Odiaba a Neruda, pero no podía dejar de pensar que esa frase resumía muy bien su situación. Se había cansado de todo. De poner cara de niño bueno, de decirle a sus amigos que se sentía bien, de disimular frente a sus amistades cuando ellos se decaían ."Si les roza la muerte disimulan, que para ellos la amistad es lo primero."  Era un prisionero de esa frase, de una canción de Serrat que había tomado como máxima de vida. Había días en que no quería escuchar, ni oír. Habían pasado cosas, había roto la rutina vital, o al menos eso sentía, pero no podía dejar de pensar que en realidad todo seguía igual. “¿Cómo decía el verso? Ah sí, ...no hay nada allí sino lo mismo contemplado en cualquier otro sitio de la Tierra.”

Su ánimo era sombrío, más lleno de oscuridad que de luces. Miraba su vida y muy difícilmente encontraba razones de alegría. Era, y lo sabía hace mucho, un desencanto vital. Cada día era un recordatorio que traía de vuelta lo mismo. Cada vez más entendía esas frases que dicen que la mayoría de los seres humanos no viven, sino vegetan. Él era uno más de esos vegetales. Tal vez más inteligente, y esa era su desgracia.

No quiso pensar más, cerró los ojos y buscó dormir. “Otra vez Blanco Blancox”

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(Imagen tomada de http://i0.wp.com/)