Por sus anuncios los conocerás. Es una suposición que hago cuando entro a páginas como Amazon o Mercado Libre. Abundan los anuncios que ofrecen el oro y el moro, pero siempre los veo con desconfianza: en mucho, la publicidad es el arte de hacernos adquirir lo que no necesitamos. Por ejemplo, que los senos de las mujeres deben parecer naranjas, y no limones, como cierta valla de un cirujano plástico de Cali, que invita a volver naranja lo que es un limón.


Hay publicidades que son francamente idiotas. Alguna vez tuve en mis manos una propaganda de una tarjeta de crédito, donde me prometían que si tomaba la tarjeta tendría un beneficio inmediato: un cono cubierto de chocolate. Así cualquiera se entusiasma. En ese momento, me pareció grosero con la inteligencia del cliente el mensaje. Con los años, he cambiado de opinión: hay publicistas que son francamente, unos cretinos.
Pero bueno, mirando ofertas en Amazon terminé llegando a una página de relojes llamada Rebelión, que pertenece a una compañía de relojes finos, con un numero limitado de unidades por cada producto. Al ser un producto muy exclusivo, el precio era igual de exclusivo, pero de gran rango: oscilaba entre 5.000 y 279.000 euros. En su página web presentan sus relojes como “Diseñados para el individualista feroz. El competidor intenso. Los apasionados por la perfección mecánica.” Una de sus referencias tenía el pomposo nombre de Rebelión Predator: algo así como “el rebelde saqueador”, que suena acorde con la definición del consumidor objetivo.
Me gustaría saber qué tipo de sociedad puede considerar que comprar un reloj costoso es un acto de rebeldía o destrucción. No encuentro una razón válida para considerar que el nombre de la empresa sea apropiado para los productos que vende.
El culto a los relojes caros es algo completamente misterioso para mí. Los relojes que presentaban eran muy recargados de manecillas para mi gusto, y prometían una precisión digna de una competencia de fórmula 1, resistir viajes al espacio o las profundidades oceánicas de la zona hadal. Es un entusiasmo al cual soy indiferente, ya que con mirar la hora en el celular es suficiente para mí. Pero, bueno, hay gente para todo, y el capitalismo los busca con atención. Lo llaman mercado objetivo. Yo tengo la afición de tener libros y habrá quien encuentre inútil esa afición. Pero la pregunta que me hago es ¿Cuál es el tipo de rebeldía que surge al comprar un reloj costoso? Ninguna en mi opinión, fue mi primera conclusión.
Pensándolo un poco, entendí que el llamado a la rebelión es una actitud profundamente adolescente. La publicidad pues, nos invitaba a comprar relojes para volver a sentirnos jóvenes. Es decir que se puede pensar que quienes compran estos relojes en el fondo son eternos adolescentes. Rebeldes, me permito dudarlo.
No estoy en contra de la rebelión como tal: ha habido y habrá muchas cosas por las que vale el esfuerzo de rebelarse, como cuando las idioteces se vuelven ortodoxias. Pero en ausencia de un objeto propio, de una razón de ser, la rebeldía se vuelve manifestación de egoísmo. Como en este caso. Una invitación a comprar lo que tal vez no necesitamos, y a pagar por sentirnos adolescentes, o a lograr un ideal de belleza que nos de reconocimiento. Oscar Wilde definió la caza del zorro como lo indescriptible en busca de lo incomestible; las compras de hoy se pueden definir como buscar la insolvencia para tener lo innecesario.
 
(Imagen tomada de feralf.com)