Renunció antes de ayer el viceministro del interior  Carlos Ferro, como consecuencia de la filtración de un video en el que sostiene una conversación de carácter sexual con el capitán del ejército Ányelo Palacios. El asunto, lejos de resolverse con su renuncia, deja en el aire dos mayúsculos interrogantes. La grabación corresponde a un episodio de noviembre de 2008, época en la que Ferro era congresista y Palacios un alférez de la Policía Nacional, y ha sido introducida por la Procuraduría como prueba de que en la Policía funciona una red de prostitución homosexual conocida como 'La comunidad del anillo'.
Lo primero que noté cuando vi el video fue que a la pregunta explícita que Palacios le hace a Ferro acerca de si ha tenido relaciones sexuales con algún miembro de la Policía, este último responde con un rotundo no. Hay que creerle: basta oír un minuto de conversación entre ambos para darse cuenta de que Ferro no tenía ninguna intención de ocultarle cosas a Palacios, y de que tampoco sospechaba que lo estaban grabando. De ahí surgen los dos interrogantes: por qué ese video es considerado una prueba de la existencia de la red de prostitución mencionada y por qué provoca la renuncia del viceministro.

El procurador, intenta aclarar el primero: “Comportamientos en los que presuntamente habría participado un senador de la República, quien actualmente se desempeña en un alto cargo del Gobierno Nacional. Este modus operandi habría tenido lugar presuntamente con la ayuda y complicidad de oficiales de la Policía Nacional, incluso del señor director general de la Policía Nacional, Rodolfo Bautista Palomino López”. ¿A qué comportamientos y a qué modus operandi se refiere el procurador? Si me respondo, tendré que decir que no entiendo de qué habla. Me explico: en el video no hay un sólo indicio de que ninguno de los dos interlocutores se encontrase allí contra su voluntad. Todo lo contrario. No hay tampoco, por parte del congresista, ningún ofrecimiento de futuras prerrogativas para el alférez. De hecho, el congresista parece reacio a consumar los actos que los dos han considerado llevar a cabo, y es el alférez quien insistentemente sugiere que pasen de las palabras a los hechos ("Pero como usted no quiere…"). ¿Cuál es ahí el comportamiento indebido en el que incurrió el ahora exviceministro Ferro? Yo no lo veo: no hay acoso, no hay ofrecimiento de dinero, no hay promesas, no hay intimidación. No hay nada. No se entiende entonces por qué el procurador afirma que se abstiene de abrir una investigación contra Ferro sólo porque "ya pasaron más de cinco años" desde los sucesos. Insisto: el video sólo muestra a dos adultos contándose mutuamente sus aventuras amorosas y tratando de decidir dónde practicarán un acto sexual. ¿Tendrá algo que ver en todo esto la obsesiva persecusión que contra los homosexuales lleva adelante el procurador desde que asumió su cargo? Quién sabe, pero -sin ser abogado- pienso que el procurador hizo bien en no abrir investigación alguna contra el viceministro, pero no porque haya prescrito un supuesto delito, sino porque no hay mérito para hacerlo. 

Si hay o no una red de prostitución masculina en el interior de la Policía, eso es otro asunto, el cual debe ser investigado y -si es el caso- castigados los culpables, incluído Ferro si resulta involucrado. Pero presentar ese video como prueba reina de su existencia es, además de traído de los cabellos, infame: de esa forma los medios de comunicación se sintieron autorizados para publicarlo, pese a que no contiene nada más allá de una conversación caliente entre dos adultos, la cual pertenece a sus vidas privadas. Vidas privadas que, sin duda, se verán afectadan en gran medida. Todo sin que haya mediado la comisión de irregularidad alguna. (Tampoco hay ninguna noticia allí, aparte de una oportunidad para que los medios colombianos se comportaran como las aves carroñeras que son.).

Ahora bien: ¿debía renunciar el viceministro por el hecho de que ese video se hizo público? Sólo él lo podría determinar. A mi modo de ver, su único 'pecado' fue cometer adulterio. Pero, ¿y? Casos como este hemos visto en otras latitudes, incluso más estrictas en ese sentido. Sólo hay que recordar el incidente del presidente Clinton -nada menos que el entonces mandamás del país más poderoso del planeta- con Mónica Lewinsky, el cuál no derivó en su renuncia, pese al agravante de haber sido acusado de perjurio y obstrucción a la justicia. No sé si el viceministro haya recibido presiones por parte de sus superiores para que presentara su renuncia, lo que sería repudiable. Pero supongamos que no renunció por esas hipotéticas presiones, sino porque consideró que la dignidad de su cargo no admitía la exposición ante la opinión pública de una conversación de esa naturaleza. Sería también un pésimo precedente por parte nuestra, como opinión pública, no haber rechazado la publicación del video, no sólo porque legalmente no hay nada allí, sino porque hoy por hoy cada persona con la que tratamos carga con el equipamento necesario para ser un potencial espía, y si avalamos este tipo de revelaciones íntimas terminaremos todos viviendo una pesadilla orwelliana.

Mal precedente y todo, y sin tener mucha idea de qué tan bien o mal haya desempeñado su trabajo, hay una cosa que abonarle al viceministro: que ya metido en un embrollo que afectaba la imagen de su ministerio ante una opinión pública ignorante, prejuiciosa y sin criterio, tuvo la dignidad de presentar su renuncia inmediatamente. Y eso es plausible, máxime en un país en el que nadie, nunca y por ningún motivo, haya hecho lo que haya hecho, accede a desatornillarse de su cargo.

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