En medio de tantas noticias en las redes sociales (ayer hacía un inventario de los escándalos de las redes de este año: la venta de Isagen, Reficar, La Comunidad del Anillo, una periodista venal, los 50 años de la muerte de Camilo Torres, el video de una conversación gay entre un policía y un senador, la renuncia de Palomino, una pareja amorosa en la radio, las FARC en la Guajira, y cualquier otro bochinche) terminé de leer Método práctico de la guerrilla, del escritor brasileño Marcelo Ferroni. Cuando leí el título de esta novela, me llamó muchísimo la atención la escogencia del nombre, que hace referencia al manual que el propio Ché entronizó como manual de insurrección. En la portada, una imagen retocada de la icónica imagen del Ché, tomada por Alberto Korda, que se ha convertido en una de las dos imágenes más poderosas que América Latina ha dado al mundo (la otra es Evita Perón) parece indicar que nos encontramos ante un texto que reivindica las ideas del Che, en estos tiempos de desencanto del capitalismo.

Estaba completamente equivocado: La novela es del 2006 y ahí no hay nada de insurrección, ni ideas del Ché sobre la lucha guerrillera, ni su ideario, nada de eso se trata en el libro. El autor Ferroni, se vale de una documentación exhaustiva, para contarnos, con base en esos testimonios históricos, las minucias domésticas, las tribulaciones, las pequeñas miserias, las traiciones, los sueños y el gran fracaso de un grupo de personajes que dirigidos por Ernesto Guevara De la Serna, sueñan con llevar a cabo el sueño político de una revolución continental en América Latina, desde el altiplano boliviano. Todo ello contado con un lenguaje directo, en una prosa seca y funcional, carente de adornos y ampulosidades que en ningún momento decae.

La obra es un reflejo de la historia de la aventura del Che en Bolivia, que se lee en forma de testimonio, y podría pensarse que el texto es una reconstrucción histórica que narra con fidelidad una serie de hechos, cuando el mismo autor señaló que es una “ficción histórica debidamente documentada”, que se centra en la figura desmitificada del Ché: El Chées grosero, malhablado, asmático, brutal y autoritario con sus subalternos, cerrado en sus razones, descuidado y sucio, que escribe de hechos triviales en su diario, y trata con increíble desprecio a sus copartidarios y cuadros. Pero a la vez es increíblemente carismático, sus hombres desean estar siempre a su lado, aceptan su mal genio, se pelean por prepararle el café o incluso por ayudarlo a limpiarse.

Todo el personaje es reconstruido en una especie de rompecabezas, de testimonios, algunos escritos (Mario Monje, Ciro Bustos, el cubano Félix Rodríguez) de los sobrevivientes, y los testimonios de los detenidos. Así mismo, se describe el sueño del Ché de crear una, dos y tres Vietnams en América Latina, para crear la revolución que dará origen al hombre nuevo. Sin embargo,  todos estos sueños tropiezan con la realidad brutal de la situación política boliviana: la falta de apoyo del Partido Comunista Boliviano,  dirigido por Mario Monje, la envidia, las disputas y rencillas personales entre los miembros de PCB, y la enemistad de Monje con el Ché, que desdice de la supuesta actitud de apoyo de aquél al proyecto revolucionario (que le valió  el odio y condena a muerte de los Guevaristas, tanto que debió exiliarse en Moscú, donde permanece hasta hoy) que este siempre anunció.

A medida que avanza el relato se observa cómo la aventura del Che parece destinada al fracaso: La falta de apoyo del PCB, la desorganización de los cuadros, la carencia de líneas de comunicación, la inexperiencia de los guerrilleros, las divisiones entre cubanos y bolivianos, la falta de apoyo de los campesinos, quienes aparte de no entender las arengas revolucionarias, no hablan español, (hay una escena donde Inti Peredo, uno de sus lugartenientes, llega a arengar a un pueblo e invitarlos a participar en el proyecto revolucionario, y no se da cuenta de que los indígenas no hablan español sino quechua; acude a un traductor, y sus palabras son recibidas con indiferencia) los ven como un grupo de ladrones que por desesperación, roban todo lo que encuentra. Y claro, el ejército boliviano, que si bien carece de mayor preparación, al menos cuenta con el apoyo campesino, que ven a los guerrilleros como extraños en su tierra, y como sus enemigos. Toda la obra parece alimentada por una aureola de fracaso: Guevara es incapaz de hacer a sus hombres auténticos guerrilleros de manual, no logra el apoyo campesino, ni de los cuadros del PCB, su asma se complica y agrava, la comida escasea, las disputas entre los hombres aparecen, quienes además se rebelan ante sus ordenes, o son incapaces de cumplirlas y los extranjeros desean irse. Todo ello, mientras fracasan las escaramuzas, el Che pierde hombres, y se encuentra cada vez más solo y consciente de su propio fracaso. Son sus “días negros” como escribe en su diario. Todo lo anterior, mientras el ejército estrecha el cerco sobre él.

Un personaje que es importante al principio del relato es la guerrillera Tania, que milita desde joven en el proyecto revolucionario, y que es fundamental en los primeros pasos del proyecto guervarista boliviano, pero que se diluye en la medida que el relato avanza. Sin embargo, Tania, que no tiene experiencia militar, continúa por amor a la causa revolucionaria, pese a las humillaciones y las privaciones. Su muerte en una emboscada, es vista por el Che con desinterés, como quien narra la muerte de un perro.

Un personaje que llama la atención es Joao Batista, un joven brasileño que crece en importancia a medida que el relato avanza. Es un personaje ficticio, que posiblemente le sirve al autor para mostrar su nacionalidad, y que es clave para reconstruir la historia. Su supuesta confesión, “recientemente desclasificada”, le sirve al autor para llenar varios vacíos en el relato. Hay que decir que es un personaje verosímil, posible en esos tiempos de utopía revolucionaria.

La ganancia para el lector de esta novela es observar el lado humano, lleno de fracasos, de una figura capaz de grandes brutalidades, pero de un idealismo revolucionario extremo, capaz de heroísmo, pero también lleno de actitudes cobardes o despectivas, y que con su muerte se volvió un héroe de los desprotegidos. Una visión entre la realidad de la guerra, y el mito heroico que surgió a partir de su muerte.

Esta novela trata de esto, y de su fracaso humano también.

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