Supuestamente el 23 de marzo se firmará el acuerdo en la Habana. Sin embargo, pareciera que la izquierda colombiana, la democrática y la insurgente, no tuviera noción de la cita histórica a la que se enfrentan. Los hechos de esta semana nos llevan a pensar que los Ivanes -Márquez y Cepeda-  hubiesen jurado boicotear el plebiscito que refrendaría el proceso. Quizá se lo propusieron de año nuevo. Si me lo hubieran preguntado les hubiera recomendado mejor pagar un año en el Bodytech y combatir esos kilos de más que a ambos se les notan.

Iván Cepeda, a quien le respeto muchas de sus posiciones políticas, de manera imprudente, se le ocurrió la brillante idea de homenajear al sacerdote guerrillero Camilo Torres, fundador del ELN. Era el aniversario número 50 de la muerte del cura, sociólogo, combatiente y pensador. Este comportamiento ambivalente con la violencia y el terror ha sido recurrente en el devenir político de los partidos colombianos con orientación de izquierda. Lo ocurrido en Carmen de Chucurí, Santander, no le hace ningún bien, ni al gobierno ni al Polo Democrático, mucho menos al cierre del conflicto. Un municipio agobiado por el irracional accionar del ELN, con justa razón, se le vino encima al señor Cepeda y le recriminó airadamente su presencia. La respuesta de Cepeda, ingenua e infantil, fue que los paramilitares también han matado.

Senador Cepeda, le informo, su posición en el legislativo y su público apoyo al proceso, le obliga a dimensionar la repercusión de sus acciones. Crezca y deje de lado parte de esa anacrónica rebeldía juvenil que le perjudica. Usted, senador, no puede servir para dar razones, justificadas o no, a los enemigos de la paz para que se vengan lanza en ristre contra ella, justo en esta crucial fase final. Fue usted un completo irresponsable.

Lo de Iván Márquez, Joaquín Gómez y Jesús Santrich es de Replay. En Conejo, corregimiento del municipio de Fonseca, nos hicieron conejo. La presencia de hombres armados en las poblaciones guajiras parecía la feliz excursión de unos niños en un día de sol y playa. Además de violar los acuerdos previamente establecidos, generando una desconfianza natural en el cumplimiento de los futuros compromisos, muestra una posición impúdica y desafiante. Mientras algunos vendemos la necesidad de acomodar nuestros estómagos a la digestión de grandes y desabridos sapos,  Iván Marquez destruye en una mañana lo que ha tardado muchos años en construirse. El Gran Colombiano no iba a desaprovechar la ocasión y, ni corto ni perezoso, empezó a trinar e inmediatamente su extenso coro a repetir la copla. En su incesante afán de desinformar, algunos del Centro Democrático ya hablaban de un Caguán guajiro. La insensatez de la plana mayor del grupo guerrillero ha causado malestar, no solo en la población, sino también en el gobierno, incluyendo a los negociadores, y especialmente a los militares.

Necesitamos un país pluralista, por lo que muchas de las banderas enarboladas por los partidos más progresistas son necesarias de izar mediante reformas y a través de serias iniciativas gubernamentales. No obstante, las acciones de Márquez y Cepeda, sumadas al descalabro de 12 años de desgobierno en Bogotá, aminoran la posibilidad real de que la izquierda en algún momento pueda ser una opción real al poder nacional. El Polo Democrático continúa haciéndose su particular harakiri. En la Biblia hay un pasaje, en el libro de San Mateo, que afirma que al hacer buenas obras, tu mano derecha no debe saber lo que hace tu izquierda. Los Ivanes parece que se tomaron la frase muy a pecho, pero resulta que la mano derecha en este país tiene muchos ojos y oídos, y también una mente maestra perversa, y no solo sabe, sino que averigua e investiga lo que hace la mano izquierda, y cuando no encuentra, inventa. En sus irreflexivas acciones la izquierda ha dado mucha papaya, y el horno no está para galleticas. Menos si, al final, el pan también se nos puede quemar.

En un año económicamente complejo, cargado de nubarrones, los sondeos muestran que el apoyo a la salida negociada del conflicto con las Farc ha disminuido. Sin ser cosa segura ni pájaro en mano, es más que probable el triunfo del Sí en la consulta plebiscitaria, balotaje en el que Juan Manuel Santos se juega todo su legado. Aunque no nos llamemos a engaño, el jugador de póker aspirante a Nobel de Paz tendrá que recurrir a ingentes cantidades de mermelada para conseguir la victoria. Y esa factura al final la pagaremos todos. Ya se habla de un revolcón en ministerios y entidades del Estado. Se dice que vendrán caras políticas de las regiones a ocupar importantes cargos en la cúpula del aparato gubernamental; seguramente Juampa ha pensado que es un feliz momento para estrechar lazos con los gamonales, con los barones, con los Musas y los Ñoños, para que puedan tener bien aceitadita la maquinaria y echarle una mano en las urnas, repitiendo las poco éticas prácticas electoreras que nos sabemos de memoria. El guayabo de la excesiva ingesta de mermelada será cobrado por ventanilla en una más que previsible reforma tributaria. Sapos a pasar con agua de la llave (pluma en buen costeño) porque la plata no alcanzará para la Coca-Cola.

No todo es malo. Casi un siglo después un presidente gringo visitará Cuba. Además de tomarse unos rones en El Floridita, comer en La Bodeguita del Medio o ver unas despampanantes mulatas en el Tropicana, con este viaje Barack Obama estaría abonando intereses y capital a la deuda que tiene con la Humanidad por aquel anticipado, inoportuno e inmerecido Nobel. El marido de Michelle visitará La Habana el 21 y 22 de marzo y se reunirá con el mandatario cubano Raúl Castro. La inclusión de la paz colombiana en los temas de la agenda evidencia el potente espaldarazo internacional al proceso; algunos dirán que el imperio capitalista ha caído rendido a los encantos del Castrochavismo. El apoyo internacional al proceso es unánime, sin embargo estos bienvenidos apoyos externos no pueden seguir siendo minados por frenos y retrocesos internos como los ya discutidos. No podemos dejar escapar esta oportunidad dorada para acabar de una buena vez con esta cruel y maldita guerra, porque si no le ponemos punto final ahora, sucederá (como sabiamente vaticinó el baleado presidente John F. Keneddy) que la propia guerra se encargará de ponernos punto final a nosotros.

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