La escena es muy conocida: En un corte de Alabama, en el profundo Sur, en los años de la depresión, un abogado defensor recoge una serie de papeles usados en el juicio. Ha fallado en obtener la inocencia de un joven negro lisiado, acusado de violar a una mujer blanca. Pese a su brillante defensa, en la que ha mostrado la debilidad de las acusaciones, las contradicciones de los testigos y puesto frente a sus conciudadanos el racismo e inmoralidad que existe en su sociedad, el joven ha sido sentenciado a muerte. Recoge sus papeles y es observado desde el balcón reservado a los negros por un grupo que ha presenciado el caso. Hay entre ellos campesinos, aparceros, mujeres, el médico y el reverendo negro del pueblo. También entre ellos está la hija del abogado, Louis, quien pese a la prohibición de su padre, ha observado el caso, y visto su intento fallido.

El abogado ha terminado de recoger sus papeles y se apresta a salir. Los negros comienzan a levantarse y el reverendo Sykes, al lado de la niña Louis, le dice: Señorita Louise, levántese. Esta obedece después de insistir el reverendo. “Señorita Louis, levántese.” Y, mirando hacia el frente dice: “Su padre está saliendo” (Your father ´s passing)

Los cinéfilos que han llegado hasta aquí habrán reconocido la escena de la película de 1962 “Matar a un ruiseñor”, de Robert Mulligan, donde el protagonista, el abogado Atticus Finch, un hombre viudo, de una integridad moral única, asume la defensa de un hombre negro injustamente acusado, pese a los reparos de la sociedad en la que vive. La escena descrita tiene un significado moral enorme. En los tribunales, los jueces son,en esencia, la Ley y la justicia, y al entrar y salir, los presentes en el tribunal deben levantarse. No sucede así con los abogados; de allí que los negros, que han visto la conducta del Juez Taylor al acomodar la ley a los prejuicios de la sociedad, se han quedado sentados. Al levantarse están reconociendo que Atticus es la dignidad y la justicia, tan ausentes en esa corte para ellos.

En una de esas listas a las que son tan aficionados los Norteamericanos, el abogado Atticus Finch fue seleccionado como el héroe americano del cine por excelencia. Su honradez, su integridad, su sentido de la justicia, su sabiduría y la determinación y el valor para enfrentar lo que considera intrínsecamente injusto o inmoral, le permitieron derrotar a personajes como Indiana Jones, Rick Blaine, James Bond, Will Kane, Tom Joad o Ellen Ripley. Mucho del mérito del personaje para esta selección, descansa sobre la soberbia actuación de Gregory Peck, que consiguió un Oscar por ella (derrotando a Peter O Toole, por Lawrence de Arabia, otro héroe cinematográfico muy popular).

Hablar de Eldred Gregory Peck, que eliminó el Eldred para ser simplemente Gregory Peck, el hijo de una familia de irlandeses separados de La Jolla (California), es devolvernos a la época dorada del cine americano. Aquella de los grandes estudios, donde los actores bajo contrato eran llevados de la mano y lanzados al estrellato. Él no fue la excepción. Tras años en el teatro, la radio y papeles secundarios, se le dio la oportunidad en una película titulada Días de Gloria, que el mismo Peck no tenía en alta estima. Conoció rápidamente el éxito (en su segunda película como protagonista fue nominado al Oscar como mejor actor) pero también el fracaso. Tiene el honor de haber actuado en dos de los peores trabajos de Alfred Hitchcock, con quien no se llevó del todo bien. Recuerda, (Spellbound-1946), que pese a compartir créditos con Ingrid Bergman, no logro salvar del naufragio esta historia psicoanalítica; o ese gran fracaso de taquilla y critica que fue “El proceso Paradine” (En 1953, en una entrevista en La Vanguardia de Barcelona le preguntaron qué película suya quemaría: “El proceso Paradine, respondió”).

De Gregory Peck dijeron quienes lo conocieron que era un hombre decente; tan decente que hay un consenso unánime que si los grandes actores fueran Presidentes de los Estados Unidos, no habría mejor Presidente que él. Sin embargo, quien lo logró fue un actor de categoría B, pero eso es otra historia. Su obra cinematográfica coincidió con el auge de los grandes estudios y encierra algunas obras maestras. Fue el reportero americano que sigue a una princesa aburrida que huye en Roma de su vida (Interpretada por Audrey Hepburn) en Roman Holiday (Vacaciones en Roma). El atormentado Capitan Ahab, que persigue La Ballena Blanca, en la versión cinematográfica de Moby Dick. Siguió una larga lista de actuaciones memorables: Duelo al Sol, Los cañones de Navarone, el agonizante Harry Street de Las Nieves del Kilimanjaro. Nunca rehuyó papeles complicados: Hizo del Dr Mengele en Los Niños de Brasil-1978) “Una rata repugnante”, en sus propias palabras, o el periodista Philip Schuyler Green de La Barrera invisible ( Gentlemans Agreement -1947) que trata sobre el antisemitismo en los Estados Unidos y su personaje era un escritor que pasaba mil dificultades al hacerse pasar por judío.

Encarnó a Scott Fitzgerald en Beloved Infidel de 1959, y como la célebre frase del escritor, era un héroe que tenía su tragedia.

Sus padres se separaron cuando tenía 6 años y fue un niño solitario, torpe en los deportes, y poco popular; fue criado por su abuela, quien para distraerlo lo llevaba permanentemente al cine. Se fascinó con Greta Garbo y las historias que vio. Nunca se creyó dueño de un talento excepcional, se sentía torpe para actuar y sentía muchas actuaciones suyas como mediocres. Quiso ser médico, pero en la Universidad, pese a sus reparos, comenzó a actuar. Los cazadores de estrellas vieron su estatura (Media 1.90 mts) y buen porte aptos para el cine. El resto es ya conocido. Toda su vida, sin embargo, dudó de su capacidad como actor. Tal vez por ello creó en su pueblo natal La Jolla Playhouse School, para estimular la actuación entre sus vecinos. Todo ello en 1947, con solo 31 años. Solía comentar, burlón, que los guiones que le presentaban antes se los mostraban a Cary Grant o James Stewart. (Stewart, de hecho fue considerado antes para el papel de Atticus Finch; lo rechazó por creer que la película tenía un tema demasiado controversial. Se lo ofrecieron a Gregory Peck, buscó la novela de Harper Lee, y después de leerla de un tirón, llamó por teléfono a Mulligan aceptando el papel. Otro que fue considerado antes fue…… Rock Hudson)

Quienes lo conocieron, lo describían de muy diversas formas, pero coincidían en algo: La decencia de su personalidad. Lauren Bacall dijo de él que era “Un hombre de talento, un hombre de familia, un hombre de carácter y nobleza. Era una maravilla. Era un regalo”. O como señalo Harry Belafonte: “Él habló por aquellos que no eran escuchados. Habló en nombre de ellos, y muchas veces hizo la diferencia”. Quizá por eso, el personaje de Atticus Finch le fuera fácil de interpretar y meterse en él. Mucho de su espíritu estaba en Atticus: “Puse todo lo que tenía, todos mis sentimientos y lo que aprendí en 46 años sobre la vida familiar, sobre padres e hijos” diría. “Y puse también mis sentimientos sobre justicia, racismo, desigualdades y oportunidades”.

Era conocido por sus ideas demócratas, y si ahora las estrellas de Hollywood son famosas por sus desnudos y escándalos en su vida privada, él fue una excepción. Casado dos veces, se separó de su primera esposa, pero siempre mantuvo una buena relación con ella. Su vida se puede contar de buena obra en buena obra. En una época de turbulencias sociales no dudó en comprometerse en causas civiles progresistas, como la lucha por la igualdad racial (siendo presidente de la Academia suspendió la gala del Oscar para expresar su dolor por la muerte de Martin Luther King), contra la guerra de Vietnam, a favor del control de armas, o los derechos de gays y lesbianas. Alguien decía que lo único malo que hizo fue anunciar cigarrillos. Cuidó de sus amigos y quienes eran importantes para ellos. Cuando su íntima amiga Ava Gardner murió, adoptó a su perro y mantuvo el contrato de su ama de llaves pagándolo de su bolsillo.

Hace poco volví a verlo en dos películas. En Gringo Viejo, donde da vida al escritor Ambrose Bierce al final de su vida en el México revolucionario, y jovencísimo, con 28 años, como el Padre Frances Chisholm de Las Llaves del Reino, su segundo papel protagónico, y que le valió su primera nominación al Oscar. El Gringo viejo es entrañable, pero el Padre Francis es sencillamente conmovedor. En medio de las intrigas de la Iglesia, el Padre es fiel a sus principios rectores: Fe, dignidad, justicia, caridad y bondad. El personaje se confundía con Gregory Peck.

Hubiera cumplido 100 años el pasado 5 de Abril. Falleció el 12 de Junio del 2003 sin dejar un heredero cinematográfico. Así como George Clooney o Hugh Grant pueden equipararse por momentos a Cary Grant en la comedia, Brad Pitt a Robert Mitchum en su creación de personajes turbulentos, Michael Fassbender o Tom Hanks un poco a James Stewart como un héroe como nosotros, ¿quién puede equipararse con Gregory Peck? Nadie. Nada mal para un actor que decía nunca era la primera opción a considerar en sus papeles, y que dudaba de su talento.

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