¿Cómo no se te pone la piel de gallina al escuchar a Andrea Bocelli, el tenor italiano, cantar la bellísima ópera Nessum Dorma en homenaje a este Leicester, campeón de la Liga Inglesa? ¿Cómo no emocionarse mientras su goleador, James Richard Vardy, alza la copa de la victoria?. ¿Cómo no conmoverse con el llanto de su técnico Claudio Ranieri? ¿Cómo no envidiar a esa incondicional hinchada, entregada sin restricciones a sus héroes?

Quizá si eres el dueño de una casa de apuestas no sientas mucho entusiasmo por la proeza de los Zorros (Foxes en inglés), proeza que tiene loca de alegría a una ciudad de apenas 300.000 habitantes. También quizá tengas un sabor agridulce en la boca si, siendo hincha, apostaste a que salía campeón, pero luego decidiste negociar un premio menor, anticipado pero más seguro.

En agosto de 2015 las casas de apuestas pagaban 5.000 a 1 la posibilidad de que el modesto equipo ganara la Liga Premier. Su mejor clasificación había sido un subcampeonato logrado en 1929, el año de la Gran Depresión. En la temporada 2014-2015 a duras penas había mantenido la categoría, salvando los muebles con una racha de 7 victorias en los últimos 9 partidos.

De los 20 equipos que conforman la primera división inglesa sólo 3 tenían un menor presupuesto que el Leicester (Lester se pronuncia); los equipos con más poder económico (Chelsea, Manchester United, Manchester City, Arsenal) llegaban a quintuplicarlo. La rutilante contratación del United, el francés Anthony Martial, costó más que toda la nómina del Leicester. Ya no, ahora valen su peso en oro. El diario inglés The Telegraph estima que la victoria de este humilde club conllevará la mayor pérdida en la historia de las casas de apuestas británicas: un desembolso superior a 25 millones de libras esterlinas, unos 100.000 millones de pesos, el salario mensual de 1.500.000 de colombianos.

Mi padre, como muchos, compra sagradamente el Baloto todos los miércoles y sábados, no sin antes hacer planes detallados de la distribución del premio ¿Por qué apostamos a empresas y gestas improbables? Una de las mejores respuestas la dio George Bernard Shaw, el escritor inglés que en la primera mitad del siglo XX ganara Nobel y Oscar: “Las apuestas prometen a los pobres lo que la propiedad les otorga a los ricos, algo por nada”. El escritor se pudo haber quedado corto con los feligreses apostadores del equipo Inglés, dado que ganaron, no algo, sino más bien todo, el cielo entero, por menos que nada. En el gremio de apostadores los psicológos ven patologías, enfermos, pacientes. Las casas de apuestas ven clientes, vacas que ordeñar, marranos, perdedores. Otros, como yo, vemos a románticos, quijotes, soñadores, bohemios.

Uno de esos románticos afortunados es el carpintero Leigh Herbert, quien, borracho, apostó 5 libras a la imposible hazaña de su equipo. La historia del carpintero nos obliga a revaluar eso de que la bebida es una mala consejera. El sábado 7 de mayo, Herbert colocó en su twitter: “Hoy es el mejor día de mi vida”. No lo dudo, como tampoco que habrá nadado durante varios días en ríos de alcohol.

Ebrios de felicidad estarán Claudio Ranieri y su manager, quienes cobrarán 6.4 millones de Euros de bonificación, gracias a una disparatada cláusula en el contrato del Míster. Si hubiesen puesto 100 o 1000 millones igual el dueño del club lo hubiera firmado. Alegría desbordada encontraremos también en la nonagenaria hincha Gladys Kenney, quien a sus 97 años pudo ver salir campeón al equipo de sus amores. Gladys iba rigurosamente al estadio desde 1949, hasta que su glaucoma, hace dos años, le impidió volver. Lo hizo el sábado para celebrar con su nieto, y toda la plantilla, el título.

El que no tendrá paz ni felicidad completa es ese temeroso hincha que a principios de marzo prefirió recibir 72.000 libras en vez de las 250.000 pactadas por una apuesta de 50. Hay personas que ante la sonrisa de la fortuna no ven más que una deformada mueca, se asustan y huyen. Si ya apostaste una mínima cantidad en un tiro al aire y dispones de una ventaja de 7 puntos a falta de 8 fechas, ¿cómo vas a renunciar a la felicidad absoluta de sentirte campeón y adinerado? Si se pierde, ¡qué importaba ya!, ¿no estaba perdida esa apuesta desde el momento de hacerla? Yo, siendo él, no podría dormir por el remordimiento, por el peso de mi traición.

No demorarán en hacer la película de este Leicester. Hay aspectos místicos que lo rodean, como la aparición de los restos del rey inglés Ricardo III, encontrados en la ciudad debajo de un parqueadero levantado sobre los restos de una antigua abadía. El entierro del monarca en marzo de 2015, 500 años después de su muerte en batalla, fue el preludio de la racha de 7 victorias que le permitió mantenerse en primera.

Hay otros aspectos más mundanos, como el vídeo que registró una orgía con putas por parte de tres jugadores en Tailandia, patria del dueño del equipo. El video terminó con el despido de los tres jugadores y del entrenador, padre de uno de ellos. Contrataron en su reemplazo a Ranieri, uno de los mayores responsables de esta poesía. Ranieri estaba sin trabajo, luego de ser despedido tras ganar solo un partido de 4 con la selección griega, incluyendo una vergonzosa derrota de local contra Islas Feroe, algo así como que Pekermán pierda contra Aruba en Barranquilla. También terrenal es la historia de Vardy, el empleado de una fábrica de férulas, que debutó tardíamente para el fútbol y llegaba entrenar en estado de alicoramiento. El ariete ha sido galardonado como el mejor futbolista de la Premier.

Un rey muerto, una calavera, un sepelio, prostitutas, el video de una orgía, un técnico italiano desempleado, un goleador borrachín, un tailándes millonario, un equipo perdedor, en fin, todos los condimentos para que Hollywood apueste por este épico cantar. El fútbol, mancillado por los escándalos de la Fifa, necesitaba una historia como ésta. La epopeya del débil que vence al fuerte. Este Leicester nos ha recordado que el fútbol es, antes que un negocio, un deporte. Nos ha devuelto la ilusión, nos ha recordado que se puede y se vale soñar, y apostar con fuerza por nuestro sueño. Siempre.

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