En Brasil estamos frente a un golpe de Estado. Le llegó la hora a Dilma Rouseff, como ya le había llegado a otros recientes gobiernos de la izquierda latinoamericana: Hugo Chávez en Venezuela, Manuel Zelaya en Honduras y Fernando Lugo en Paraguay. Con la excepción del sufrido por Chávez en Abril del 2002 se podría decir que han quedado atrás los derrocamientos acompañados de vozarrones castrenses y pistolas escupiendo por los aires. Los golpes de Estado, en esta era digital, están vestidos de falsos trajes democráticos.

El miércoles 11 de mayo de 2016 el Congreso brasileño suspendió provisionalmente a la presidenta, por un plazo máximo de 180 días. A la espera de un juicio amañado por sus opositores, me parece que la suerte de la ex guerrillera está echada. Se la acusa de haber cometido el terrible crimen de violar unas normas fiscales. Ella lo niega. En chibchombiano diríamos que se consiguió un buen contador, de esos que saben responder a la pregunta de cuánto es uno más uno, que no siempre es dos.

En otras latitudes, y en el supuesto de que fuese cierta la acusación –débil en todo caso-, daría para una mini crisis, una disminución de popularidad y, exagerando, un cambio del Ministro de Hacienda -como chivo expiatorio-. En Latinoamérica da para tumbar un gobierno democráticamente electo, siempre que sea de izquierda. Poco importan los 54 millones de votos obtenidos por la candidata del Partido de los Trabajadores, PT.

Su padre político, Lula da Silva, es sujeto de investigaciones por tráfico de influencias y corrupción. El otrora sindicalista es el líder de un proceso que ha sacado de la pobreza a más de 30 millones de personas. ¿Búsqueda de justicia o eliminación de un carismático contendor en las elecciones presidenciales de 2018?

El establishment no le perdona a Dilma que haya buscado disminuir las tasas de interés. Con esta medida, pretendía dinamizar la ralentizada economía de su país, afectada por los precios bajos de las materias primas. En el camino se sirvió del dinero de bancos y fondos públicos, una medida poco ortodoxa pero recurrente en la pragmática política brasileña. La Señora Rouseff se metió con algo sagrado: el bolsillo de los bancos privados.

Además del poder financiero y político, existe otro grupo que siempre tiene que dar su avenencia a este tipo de jugadas: los de las pistolas. No olvidemos que Brasil vivió una dictadura militar hasta 1985, ayer. Los militares marcaron una conveniente y prudente distancia respecto del juicio, dijeron, como Hector Lavoe: “Ni pá allá vo´a milal” (Ni para allá voy a mirar).

Esta convivencia entre la derecha política y las fuerzas castrenses queda evidenciada en el ex militar, congresista y candidato presidencial Jair Bolsonaro, el más votado en Río. Bolsonaro, homofóbico y misógino, dedicó su voto al Coronel Carlos Alberto Brilhante, torturador de la dictadura y responsable de las vejaciones y descargas eléctricas sufridas por Dilma en 1970. Su hijo, el también diputado Eduardo Bolsonaro, hacía señales de ametralladora mientras votaba.

Muchos sufragaron a favor del “impeachment” -como se denomina al enjuiciamiento- invocando a la libertad, a la niñez, a la familia, a la patria o a Dios. De las causas reales de la imputación nadie habló. Lo tragicómico es que la mitad del Congreso está investigada por crímenes de cuello blanco. Eduardo Cunha, presidente del Senado, fue quien aceptó la acusación contra Rouseff. Cunha, abogado, locutor, evangélico y miembro del Partido del Movimiento Democrático Brasileño –PMDB-, fue retirado de su cargo mientras se define su culpabilidad en sobornos por 6.5 millones de dólares. Fernando Collor de Mello, ex presidente destituido por corrupción y hoy senador, también será juez. Los pájaros tirándole a las escopetas.

El presidente encargado es el abogado Michel Temer, fórmula vicepresidencial de Dilma en ambos mandatos. Temer es presidente del PMDB, partido de centro con una fuerte presencia regional. En Brasil hay un chiste que define sus banderas: “No se sabe quién ganará las elecciones, de lo que estamos seguros es que el PMDB estará en el poder”. El partido ha tenido tres presidentes brasileños, todos por muerte o destitución del gobernante electo, nunca por ganar una elección. Es una especie de partido conservador colombiano, esas rémoras clientelistas que dan gobernabilidad.

El abogado -quien aparece en wikileaks como informante de la Embajada Americana- dijo en marzo de 2015 que el impeachment era ilegal e improcedente. Luego, ni corto ni perezoso, al ver que las naves se quemaban, instó a su partido a desmarcarse del gobierno. El PMDB renunció a los 6 ministerios que tenía a su cargo. Con descarada incoherencia política, Temer no renunció a la vicepresidencia. La presidenta lo acusa de ser el director de la conspiración.

Se pensaría que el temporal presidente respetaría la voz del pueblo y daría continuidad a las políticas del PT. Pues no, Michel Temer llegó mandando más que Octaviano (luego Emperador Augusto) después de derrotar a Marco Antonio y Cleopatra. Lo primero que hizo fue anunciar un paquete de privatizaciones y nombrar a 23 ministros, todos hombres, blancos, conservadores y ricos.

Brasil es un país multirracial, donde el porcentaje de hombres de raza blanca es del 23%. En un grupo de 23 brasileños seleccionados al azar la probabilidad de encontrar a todos hombres y blancos es de 2 x 10-15, o mejor, 0,0000000000002%. Nada. Dicho de otra manera, la certeza de que en 23 aleatorios brasileños haya, al menos, un mestizo, un negro o una mujer es 99,9999999999998%. ¿Perspicacia probabilística o racismo y discriminación?

Se observa un desgaste en los gobiernos progresistas que han predominado en Latinoamérica en las últimas dos décadas. Pero una cosa es que sean derrotados en las urnas, como ocurrió con el Kirchnerismo en Argentina, y otra, muy distinta que los intereses anacrónicos, sectarios y excluyentes de siempre se valgan de tramoyas para torcer nuestras incipientes democracias. Una eventual radicalización de la izquierda, como respuesta al irrespeto de sus derechos políticos, es un riesgo gigante que la región no se puede permitir.

(Imagen tomada de http://ep01.epimg.net)